LA DIVINIDAD Y LA NATURALEZA DEL ESPIRITU SANTO

Por el Pastor Andrés Serrano. (junio 2011)

Máster en Teología y Ministerio Pastoral por la Universidad de Andrews.

Durante mi etapa de ministerio pastoral, muchos creyentes se me han acercado con preguntas e inquietudes referentes a la naturaleza de Dios, de Cristo y del Espíritu Santo. ¿Cómo es posible que Dios sea UNO y a la vez TRES personas? ¿Cuál es la naturaleza de Dios y de las tres personas que lo forman? La verdad es que no llego a comprenderlo, me preguntaban. Mi respuesta siempre fue clara y concisa, yo tampoco lo comprendo. La razón es bien sencilla: no está revelado. Dios y su naturaleza son un misterio.

Al acercarnos a este misterio debemos tener claras dos cosas: «Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios, más las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley» (Deut.29:29). Es decir, existen cosas secretas que no podemos saber por el momento y no pueden ser el campo de la especulación, dado que hay una barrera infranqueable que no podemos traspasar; sin embargo, hay cosas reveladas para nosotros y para nuestros hijos para siempre, con el fin de que cumplamos todas las palabras de la ley.

Alguno de estos misterios que no están revelados es: la naturaleza de Dios y del Espíritu Santo. Así pues, con este preámbulo en mente nos preguntamos: ¿Qué podemos saber de la naturaleza de Dios y del Espíritu Santo? ¿Qué es lo que podemos conocer del Espíritu de Dios?

La palabra «espíritu» y su relación con la Divinidad y la creación.

La palabra hebrea «ruach» aparece unas 396 veces en el Antiguo Testamento y generalmente se traduce por: «espíritu» unas 232 veces; «viento» unas 90 veces; «aliento, respiración, hálito» unas 30 veces, entre otras formas. La idea básica que transmite es aire en movimiento o viento, pero también se refiere a la vida, a la persona humana, al espíritu humano, al carácter humano o forma de ser, a los ángeles, al Espíritu de Dios, al Espíritu Cristo y al mismo Espíritu Santo. (1)

La versión de los LXX (2) traduce la palabra hebrea «ruach» como «pneuma» unas 273 veces. El Nuevo Testamento usa la palabra «pneuma» unas 383 en sus diferentes casos y de ellas, unas 90 veces acompañada del adjetivo «santo». La palabra «pneuma» se traduce generalmente por «espíritu», pero también expresa la idea de vida y viento. Acompañada del adjetivo «santo» se refiere al nombre común del «Espíritu Santo».

Los ángeles, tanto los rebeldes como los fieles al Señor, son espíritus creados por Dios (Sal.104:4; Heb.1:7,14). Son seres personales, con voluntad propia, pensamiento y acciones libres e independientes. Dios también dio su espíritu a los hombres como un principio de vida. El hombre no es un espíritu, ni tiene un espíritu dentro de él como parte de su naturaleza, aunque pueda habitar dentro de él tanto el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo y también los malos espíritus. (3)

Sin embargo, ni el hombre, ni Jesús como humano eran espíritus, ni tenían un espíritu dentro. Jesús como humano era nuestro hermano y salvador que ocupó nuestro lugar. Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar y al ver lo aterrorizados que se encontraban pensando que veían un espíritu, les dijo: «Mirad mis manos y mis pies, que soy yo mismo; palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo» (Lc.24:39). Jesús en su naturaleza humana NO ERA ESPÍRITU, era de carne y sangre (Heb.2:14,17).

El Espíritu Santo, su participación en la misión creadora y redentora.

El Espíritu de Dios se muestra desde el principio actuando en la creación (Gen.1:2), en el mantenimiento de la creación y en la restauración de todo, junto a Dios.

Participa en la creación del hombre. En Job 33:4 se nos dice: «el Espíritu de Dios me ha hecho y el aliento del Todopoderoso me da vida». Isaías dice que Dios el SEÑOR crea los cielos y los extiende…»afirma la tierra y lo que de ella brota, da aliento al pueblo que hay en ella, y espíritu a los que por ella andan» (Is.42:13).

El Espíritu de Dios mantiene y crea la vida. El Salmo 104:30 nos muestra que el SEÑOR envía su Espíritu y vida es creada en la tierra. El profeta Ezequiel en la visión del valle de los huesos secos, en el capítulo 37:1-14, utiliza la palabra» ruach» nueve veces (Ez.37:1,5,6,8,9,9,9,10,14), mostrando que es el espíritu del Señor el que dará vida a los muertos. «La mano del SEÑOR vino sobre, y me sacó en el Espíritu del SEÑOR » […] «Pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os pondré en vuestra tierra. Entonces sabréis que yo, el SEÑOR, he hablado y lo he hecho – declara el SEÑOR» (Ez.37:14). Y el apóstol Pablo en Romanos 8:2,9,11; 9:1; le llama el Espíritu de vida, Espíritu de Dios, Espíritu de Cristo y Espíritu Santo.

A través de muchos textos bíblicos vemos a Dios y al Espíritu Santo actuando en la creación, en la resurrección de Jesús y en la nuestra. El Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo y el Espíritu Santo SON UNO Y EL MISMO ESPÍRITU que da la vida (4). Jesús nos enseñó que «Dios es espíritu» (Jn.4:24) y Pablo dijo refiriéndose a Cristo que «el Señor es el Espíritu» (2ªCor.3:17-18) y en Hebreos.9:14 se nos enseña que el «Espíritu Santo es Eterno» y que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios (Hech.5:3-4).

Dios puso su Santo Espíritu en medio de Israel pero ellos se rebelaron contra él y contristaron al Espíritu Santo (Is.63:10,11). Esteban, antes de ser apedreado, nos dejó su testimonio: «Vosotros, que sois duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos, resistís siempre al Espíritu Santo; como hicieron vuestros padres, así también hacéis vosotros» (Hech.7:51). Los hijos de Israel fueron rebeldes contra su Espíritu en las aguas de Meriba (Sal.106: 33). Tentaron al SEÑOR Dios en las aguas de Meriba y endurecieron el corazón (Sal.95:6-11). En Hebreos 3:7-9, 15, 4:7, Pablo interpreta este episodio aplicándolo al Espíritu Santo, «Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones» y en Heb.9:14 le llama «el Espíritu Eterno«.

Dios creó el plan de la redención y lo reveló por medio de su Espíritu Santo a los profetas. El Espíritu de Cristo estaba en ellos, nos dice Pedro (1ªPd.1:10-12), procurando descubrir los sufrimientos y las glorias de Cristo y les fue revelado el evangelio por el Espíritu Santo enviado desde el cielo. El Espíritu que tenía Cristo y el que le guió a través de todo su ministerio terrenal es el mismo Espíritu que guió a los profetas: el Espíritu Santo. (5)

El Espíritu Santo, su naturaleza, esencia, atributos y personalidad.

La palabra «pneuma» se usa en el N.T. unas 383 veces, de entre las cuales aproximadamente 90 veces va acompañada del adjetivo «santo». Dios es santo, espíritu y eterno, y nos enseña la palabra de Dios. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,  poseen los mismos atributos y una personalidad diferente, individual y autónoma. Los tres, en su divinidad, son: Espíritu, Santos, Eternos. Es así como lo enseña la palabra de Dios, aunque para nosotros sea un misterio difícil de comprender y explicar.

No existen tres dioses, no existen tres espíritus, no existen tres señores en la «Divinidad». No existe ninguna trinidad de dioses, existe UN SOLO DIOS, tres veces santo ( Is.6:3; Ap.4:8). El A.T. le llama «Elohim» «yhwh», «Adonai» (Is.45:5-7,18; 6:1-5); y el N.T. «Padre» «Espíritu» y «Señor» de Jesús y nuestro (Mt.6:9; Jn.20:17; 1ªCor.15:28; Jn.4:24; Hech.5:3-4; Mt.22:43-45; Mt.3:3). El Padre es: espíritu, santo y eterno (Jn.4:24; Ap.4:8; Is.6:3; Ex.3:14), el Hijo como ser divino es: espíritu, santo y eterno (2ªCor.3:17; Lc.1:35; Mc.1:24; Heb.1:11-12; 13:8; Jn.8:58) y el Espíritu Santo es: espíritu, santo y eterno (Lc.1:35; 3:22; Mc.1:8; Is.63:10; Heb.9:14). Esto es lo que enseña la palabra de Dios, aunque no lleguemos a comprenderlo en su totalidad. No podemos ir más allá en cuanto a su naturaleza, esencia y eternidad.

La naturaleza y esencia del Espíritu Santo es un misterio que no ha sido revelado y que solamente el Todopoderoso conoce; pero podemos sentir los efectos de su comunión y ser transformados a imagen y semejanza de Jesús por su acción invisible (Jn.3:5-8; Tit.3:4-6;2ªCor.3:18). Ellen G. White escribió: «La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio. Los hombres no pueden explicarla, porque el Señor no se la ha revelado. Los hombres de conceptos fantásticos pueden reunir pasajes de las Escrituras y darles interpretación humana; pero la aceptación de esos conceptos no fortalecerá a la iglesia. En cuanto a estos misterios, demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro». (H.A.pág.42)

El Espíritu Santo actúa con voluntad propia (1ªCor.12:11), como un ser con pensamientos, sentimientos y decisiones (Rom.15:30). Tiene inteligencia y conocimiento (Hech.15:28; Rom.8:27; 1ªCor.2:10-12). Obra independientemente del Padre y del Hijo en cuanto al pensamiento. Sin embargo, actúa junto al Padre y al Hijo en una unidad de acción para crear, salvar y restaurar al ser humano y a toda la creación. La misión del Espíritu Santo está muy bien definida en la palabra de Dios, pero su naturaleza y esencia es un misterio que no podemos saber. No ha sido revelada. Sin embargo, sí que conocemos por la palabra de Dios que el Espíritu Santo es un ser personal, diferente del Padre y del Hijo, con el propósito de finalizar la redención humana, restaurando la imagen de Dios en el hombre.

La sierva del Señor nos dice que «No es esencial para nosotros ser capaces de definir con precisión qué es el Espíritu Santo». (H.A, pág.42). El Espíritu Santo nos dirige a la cruz del calvario y al amor de Dios. «El Espíritu Santo se da como agente regenerador, para hacer efectiva la salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor. El Espíritu Santo está tratando constantemente de llamar la atención de los hombres a la gran ofrenda hecha en la cruz del Calvario, de exponer al mundo el amor de Dios, y abrir al alma arrepentida las cosas preciosas de las Escrituras». H.A, pág.43

Jesús le llama «otro Consolador» (Jn.14:16), el Espíritu de la Verdad (Jn.14:17). Es Jesús el que anuncia la promesa de su Padre: la recepción del Espíritu Santo a los discípulos para terminar la obra de salvación (Lc.24:49; Jn.14:16-17; Jn.14:26; Jn.15:26; Jn.16:7; Hech.1:5,8; Hech.2:4,33,38). Después de la glorificación de Cristo, el Espíritu Santo continuaría con la obra de Jesús (Jn.7:39; Tit.3:5-6). El Espíritu Santo se muestra con una personalidad individual y responsable, diferente de la de Jesús. Enseña y recuerda todas las cosas que Jesús ha dicho, después de ser enviado por el Padre y por Jesús (Jn.14:26; 16:7).

Da testimonio de Jesús (Jn.15:26). Glorifica a Cristo (Jn.16:14-15). Predijo los sufrimientos y las glorias de Cristo (1ªPd.1:11-12). Revela el futuro (Hech.21:11; Lc.2:25-27). Convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Jn.16:8). Guía a toda la verdad (Jn.16:13). Guía a los apóstoles y profetas en el testimonio (Hech.4:8; 4:31; 6:3,5). Habla lo que oye y hace saber lo que ha de venir (Jn.16:13; Lc.12:12). Habla a través de los profetas y los apóstoles (Mc.12:36; 13:11; Hech.28:25; Heb.3:7). Habla directamente a los presentes (Hech.13:2,4; Hech.8:29; 1ªCor.12:3). Habla y dirige la iglesia (Hech.13:2,4; 16:6). Opina en los concilios (Hech.15:28). Pone obispos en la iglesia (Hech.20:28). Inspira a los profetas (2ªPd.1:21). Actúa y participa en la misión salvadora y redentora (Tit.2:5-6). Intercede (Rom.8:26-27). Da testimonio, es testigo (Hech.5:32; Hech.20:23; Heb.10:15; 1ªJn.5:8). Fortalece la iglesia (Hech.9:31). Derrama el amor de Dios en los corazones de los hombres (Rom.5:5). Concede dones (Rom.14:17; 15:13; 1ªCor.12:4,7-13; 2ªCor.6:6; 1ªTs1:6; Heb.2:4). Participa en el bautismo de los creyentes (Mt.3:11; Mt.28:19; Mc.1:8; Jn.1:33). Mora en el templo humano (2ªTim.1:14; 1ªCor.3:16-17; 2ªCor.6:16; Jn.14:16-17). Santifica (Rom.15:16). Graba la ley en la mente y el corazón de las personas (2ªCor.3:3; Heb.10:15-16; 8:10; Ez.36:24-27).

Una elección para la vida eterna

La naturaleza, la esencia, la sustancia de Dios y de las tres personas que forman la Divinidad, el Padre, el Hijo de Dios, y el Espíritu Santo no está plenamente revelada, aunque la Palabra de Dios nos dice que son tres personas diferentes; santas, eternas y espíritu. La naturaleza del Espíritu Santo no ha sido revelada, es un misterio oculto y solo podemos acercarnos a comprender una pequeña parte desde la humildad, la oración, la revelación de la Palabra de Dios, la investigación de las ciencias de Dios, la creación, la dirección y el poder del Espíritu Santo. Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR, pero la misión del Espíritu Santo en el plan de la redención está ampliamente descrita en la Palabra de Dios y es revelada por el Espíritu Santo a la iglesia.

Podemos tener comunión con el Espíritu Santo y vivir. «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros» (2ªCor.13:14). Pero también podemos desprendernos de Él y pecar definitivamente. Mentirle (Hech.5:3-4). Resistirle (Hech.7:51). Contristarle (Is.63:10). Podemos pecar contra el Padre y contra Cristo y ser perdonados, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo puede hacernos perder la salvación eterna (Mt.12:31-32; Mc.3:29; Lc.12:10; Heb.6:4-6).

 

 

 

(1). Material utilizado: BHS, Hebrew Old Testament (4th Ed.), LXX septuaginta Rahlfs´, Nuevo Testamento en Griego Friberg NT, La Biblia de las Américas 1986, Biblia de Jerusalén, 2006. Todos aquellos que deseen tener todos los textos de la Biblia sobre el «espíritu y el Espíritu Santo» y un pequeño análisis comentado, pueden solicitarlo al mail: anserco@live.com.

(2). La versión griega del Antiguo Testamento Septuaginta, llamada de los LXX, fue traducida por 70 o 72 sabios judíos en Alejandría, a mediados del siglo II a.C. Esta versión griega es importante porque fue usada por los primeros cristianos y por el apóstol Pablo en sus escritos. Muchas de las citas del AT son tomadas de esta versión. (Ver SDABC, V.8, pág.1148).

(3). 1ªCor.3:16; 1ªPd.1:11; Mt.8:16; Mc.1:23,26; Lc.9:39,42.

(4). Ver. 1ªCor.12:3,4,13; 2ªcor.3:3,6,8,17-18; Ef.4:4; Hech.8:29,39; Hech.16:7; Gal.4:6; Fp.1:19; 1ªPd.1:11; Ap.19:10.

(5). Is.11:1-2; 61:1-3; 63:10-11; Lc.4:16-21.