ESTE ES EL ANTICRISTO

 Estudio realizado por el pastor Andrés Serrano Cortinas. Año 2013

οὗτός ἐστιν ὁ ἀντίχριστος, (1Jo 2:22 GNT). Este es el anticristo

τοῦτό ἐστιν τὸ τοῦ ἀντιχρίστου, (1Jo 4:3 GNT). Este es el del anticristo

οὗτός ἐστιν ὁ πλάνος καὶ ὁ ἀντίχριστος. (2Jo 1:7 GNT). Este es el seductor y el anticristo

 

Introducción.

¿Quién es el anticristo?  ¿Es el diablo, un espíritu maligno, una persona humana, una institución? Las palabras arriba citadas de las epístolas de Juan nos señalan al anticristo como el seductor y a alguien que sigue o tiene el espíritu del anticristo.

¿Puede ser el anticristo un miembro de la Iglesia Adventista, un dirigente o la misma iglesia como institución? ¿Puede ser alguna iglesia cristiana, algún dirigente, alguna institución o algún miembro de otras denominaciones cristianas como: ¿católicos, ortodoxos, anglicanos, evangélicos, protestantes, luteranos, testigos de Jehová, mormones, alguno de sus profetas o cualquier otra denominación cristiana? ¿Tal vez pueda ser alguien de otras religiones como: judíos, árabes, hindúes y otras creencias; algún dirigente, la misma ideología, alguna institución o alguno de sus profetas?

¿Puede ser que el anticristo sea algún país desde el principio de su existencia hasta el fin de la humanidad, algún sistema de gobierno político-religioso u organización humana terminado en “-ismo” como: capitalismo, marxismo, comunismo, ateísmo, humanismo, secularismo, espiritismo, animismo, hinduismo, budismo, islamismo, judaísmo, cristianismo o bien cualquier otro “-ismo”?   ¿Quién es el anticristo? ¿Quiénes son los anticristos? y ¿Quiénes son los que tienen el espíritu del anticristo?  Y también, ¿para qué necesitamos conocer quién es el anticristo?  ¿Nos es útil conocer y saber la respuesta a todas estas preguntas?

A todas estas preguntas queremos responder en la medida de lo posible, aunque no sea directamente, pero al menos, daremos suficiente información para poder conocer la identidad del anticristo, de sus agentes y sus seguidores y de esta forma estar preparados para hacer frente a sus artimañas, aunque no personifiquemos y nombremos a todos aquellos que actúan como el anticristo.

Es posible que el anticristo esté establecido en todas las actividades y programas de la humanidad. Todo es posible, pero la Palabra de Dios y el mismo Jesús solamente nos hablan de dos grupos humanos: Los que están con Cristo, que son una manada pequeña y los que están contra Él, que son la mayoría. No existen más posibilidades; con Cristo o contra Él (Mt.12:30; Ap.17:12-14). El estudio que vamos a realizar tratará de responder a todas estas preguntas, partiendo de las afirmaciones del apóstol Juan sobre el anticristo en sus dos primeras epístolas y continuando por el Nuevo Testamento y el resto de la Palabra de Dios.

  1. EL ANTICRISTO EN LAS EPISTOLAS DE JUAN

La palabra “anticristo” (1)

La palabra «anticristo» solamente aparece en las dos primeras cartas del apóstol Juan, en su primera y segunda epístola, cinco veces. En los demás escritos del Nuevo Testamento jamás se cita dicha palabra, aunque no por ello debamos concluir que no existan referencias al anticristo, que se caracterice y se identifique a este personaje ampliamente en el resto de la Palabra de Dios.

El apóstol Juan utiliza esta palabra como nombre en nominativo, masculino singular, tres veces: 1ªJn.2:18, 2:22 y 2ª Jn.7 (traducido en general por la mayoría de las versiones como «el anticristo»); una vez es utilizada en nominativo plural 1ªJn.2:18 (anticristos) y una en genitivo singular 1ªJn.4:3 (del anticristo).

La palabra «anticristo» está compuesta por una partícula griega «anti» y un adjetivo procedente del hebreo «mesías» («Cristo» en griego y «Ungido» en castellano).  Con el transcurso del tiempo el adjetivo hebreo llegó a convertirse en un nombre: «El Ungido». La partícula griega «anti» es una preposición que cuando está sola significa principalmente «en frente», «de frente», «de cara», «en vez de», «por», «en nombre de».

La preposición «anti» en los escritos del N.T. nos transmite al menos tres ideas importantes: 1)»Por», Mt. 5:38, ojo por ojo y diente por diente (ver. Rom.12:17 y 1ªCor.11:15). 2) «Por”, “en lugar de«; Mt.2:22, «José… cuando oyó que Arquelao reinaba sobre Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá…» (ver también Lc.11:11). 3) «Por”, “en favor de»; Mt.17:27, «tómalo y dáselo por ti y por mi»; Mt.20:28, «Cristo vino para dar su vida en rescate por muchos».

Un estudio de algunas palabras griegas en las que se antepone la partícula griega «anti-» con otras palabras griegas utilizadas en el N.T. nos pueden acercar a comprender su influencia y significado en la definición de «anticristo». Veamos algunas de ellas:

La palabra «anti-tipos» en 1ªPd.3:21; Heb.9:24 se traduce en las versiones más importantes como «anti-tipo» representación, figura de, símbolo de, imagen de, figura, copia. Es decir, el «anti-tipo» toma el lugar del «tipo» que había sido anunciado.  La palabra «antithesis» (antitesis), 1ªTim.6:20 se traduce como oposición, contradicción, falsos argumentos. La palabra «antilogía» en Heb.6:16; 7:7; se suele traducir como «contradicción, disputa, discusión, hostilidad, rebelión, oposición, controversia. También, la palabra «antilego» se traduce en Lc.2:34; Hech.13:45; 28:19 como oposición, contradicción; en Jn.19:12 los judíos hablando con Pilato sobre Jesús le dijeron: «Si sueltas a éste, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se opone al Cesar».

Podemos deducir de estas referencias bíblicas que la partícula «anti-» unida a las palabras citadas, indica al menos dos cosas, «oposición» y «ocupación de».

Otra palabra que utiliza la partícula «anti-» la encontramos en «antidikos». Esta palabra solo aparece cinco veces en el NT y generalmente es traducida como «adversario», «opositor». Mt.5:23, reconcíliate con tu adversario; Lc.12:58, cuando vayas con tu adversario al magistrado; Lc.18:3, la viuda que solicitó al juez que le hiciera justicia de su adversario y el apóstol Pedro identifica al diablo como «el adversario».   «Vuestro adversario, el diablo, anda como león rugiente, buscando a quien devorar» (1ªPd.5:8). La palabra griega «diábolos» es la traducción en la versión de los LXX de la palabra hebrea «Satán» que significa acusador, opositor, adversario. Satanás es el adversario de Dios, de Cristo y de la iglesia Ap.12. Más adelante estudiaremos el anticristo en el N.T. y A.T., en ese momento analizaremos la palabra «diablo» (ver. Job.1:6-12; 2:1-7; Zac.3:1-3.).

Así pues, podemos concluir de los textos citados con la partícula griega «anti-» unida a las palabras que la acompañan que, al menos, se pueden descubrir tres significados: 1) Por, en lugar de. 2) Ocupación de, en nombre de. 3) Adversidad, oposición.

Con estas conclusiones en la mente vayamos a las dos epístolas de Juan y analicemos los textos en su contexto inmediato, donde aparece la palabra «anticristo» para descubrir el significado de la palabra «anticristo» formada por la preposición griega «anti-» y la palabra «Cristo» y los matices que nos aporta el contexto en las epístolas de Juan y después saquemos alguna conclusión que nos ayude a comprender el alcance de este personaje en el Nuevo Testamento y en el resto de la palabra de Dios.

1ªJn.2:18 

GNT  1 John 2:18 Παιδία, ἐσχάτη ὥρα ἐστίν, καὶ καθὼς ἠκούσατε ὅτι ἀντίχριστος ἔρχεται, καὶ νῦν ἀντίχριστοι πολλοὶ γεγόνασιν, ὅθεν γινώσκομεν ὅτι ἐσχάτη ὥρα ἐστίν.

 «Hijitos, es la última hora, y así como oísteis que el anticristo viene, también ahora han surgido muchos anticristos; por eso sabemos que es la última hora».

El anticristo es un personaje que viene de fuera y se introduce en el mundo y en la iglesia haciéndose pasar por uno de los fieles a Cristo, se manifiesta en muchos que dicen conocer la verdad como el anticristo. El anticristo viene y por otro lado ya han surgido muchos anticristos. El apóstol Juan presenta un dilema entre: ya viene y ya están. ¿Qué intenta transmitirnos Juan con esta tensión, entre el ya viene y ya están? El anticristo es el opositor a Cristo, el que intenta ocupar su lugar, la misma encarnación de la mentira y opuesto a la verdad. La última hora para Juan se conoce por la manifestación del anticristo y los anticristos, en una radical y fuerte oposición que realiza a Cristo y su plan redentor, la encarnación, muerte, resurrección e intercesión de Cristo por sus seguidores, en la misión redentora de Cristo como salvador del pecador. Juan simplemente observa dentro de la naciente iglesia la lucha de oposición a Cristo que muchos manifiestan y, por otro lado, ve que esa lucha se extenderá hasta la aparición del “anticristo”, un personaje que todos los hermanos saben y han oído que viene. Por lo tanto, para Juan y los hermanos, “el anticristo” debía manifestarse en la iglesia.

La vida eterna que estaba con el Padre y que existía desde el principio se ha manifestado y Juan la ha visto con sus ojos, la ha oído con sus oídos y la ha palpado con sus manos. Juan da testimonio de esta verdad que ha sido manifestada en el Verbo de vida, que es Jesús, el Cristo, el amado Hijo de Dios (1ªJn.1:1-3). Para Juan el anticristo es un ser que se introduce en el seno de la iglesia y actúa dentro de ella como opositor a Cristo por medio de los falsos fieles, es decir los anticristos.

1ªJn. 2:19-21

«Salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron, a fin de que se manifestara que no todos son de nosotros. Pero vosotros tenéis unción del Santo, y todos vosotros lo sabéis. No os he escrito porque ignoréis la verdad, sino porque la conocéis y porque ninguna mentira procede de la verdad».

El espíritu del anticristo se ha manifestado en el seno de la iglesia, sale del seno de la iglesia, pero no pertenece a ella y se manifiesta a través de los falsos profetas y maestros (1ªJn.4:1-3). El contraste entre el anticristo y el verdadero fiel y seguidor de Cristo está en primer lugar en «la unción del Santo» que tienen los verdaderos hijos de Dios. Por otro lado, existe otra unción o influencia, de los malos espíritus en los falsos profetas y seguidores del anticristo en una firme oposición que manifiestan los seguidores del anticristo, a la verdad, manteniendo la mentira y negando que Cristo haya venido en carne. La diferencia entre la verdad y la mentira se manifiesta en el seguimiento de la luz, el amor y la obediencia a sus mandamientos. El verdadero amor se muestra en guardar sus mandamientos y en seguir y permanecer en el camino de Cristo (1ªJn.1:5-2:1-6).

El anticristo, cubierto con el manto de la verdad, ya se había introducido en la iglesia en tiempos de Juan y por ello se conoce que es la última hora. Los siguientes versículos nos siguen dando más información sobre este personaje.

GNT  1 John 2:22 Τίς ἐστιν ὁ ψεύστης εἰ μὴ ὁ ἀρνούμενος ὅτι Ἰησοῦς οὐκ ἔστιν ὁ Χριστός; οὗτός ἐστιν ὁ ἀντίχριστος, ὁ ἀρνούμενος τὸν πατέρα καὶ τὸν υἱόν.

«¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo».

 

El apóstol Juan identifica el anticristo como el mentiroso que niega a Jesús como el Cristo y que trata de engañar a los hijos de Dios con sus enseñanzas mentirosas. Es decir, se revela como un verdadero mentiroso, enérgico y firme adversario de Cristo, su verdad y su misión. Al negar a Jesús como el Mesías, niega también al Padre que le envió (1ªJn.5:10-12). Este es el anticristo.

«Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre. En cuanto a vosotros, que permanezca en vosotros lo que oísteis desde el principio. Si lo que oísteis desde el principio permanece en vosotros, vosotros también permaneceréis en el Hijo y en el Padre. Y esta es la promesa que El mismo nos hizo: la vida eterna. Os he escrito estas cosas respecto a los que están tratando de engañaros» (1ªJn.2:23-26).

El camino para reconocer al anticristo y permanecer en Cristo está en «la unción» que el creyente recibió de Cristo y que, por lo tanto, no tiene ninguna necesidad de recibir enseñanza mentirosa de los malos espíritus, los falsos maestros y profetas. En la unción se manifiesta la verdad en el seguidor de Jesús y la mentira en el espíritu del seguidor del anticristo. En la «unción» que guía a los hijos de Dios se manifiesta la distinción entre los verdaderos fieles a Cristo y los seguidores del diablo que se oponen a Cristo, a su verdad y actúan como el anticristo. Por el Espíritu de Dios, el amor entre los hermanos y la observancia de sus mandamientos sabemos que permanecemos en Cristo (1ªJn.3:23-24). Por esto Juan reconoce que han surgido muchos anticristos, porque no viven conforme a las enseñanzas recibidas desde el principio.  «Y en cuanto a vosotros, la unción que recibisteis de El permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; pero, así como su unción os enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira, y así como os ha enseñado, permanecéis en El» (1ªJn.2:27).

 

El apóstol Juan nos invita a permanecer en Cristo, el hijo de Dios, para que cuando Jesús se manifieste en su venida no seamos avergonzados. El que practica la mentira y la injusticia es seguidor del diablo, porque el diablo peca desde el principio, sin embargo, Cristo se ha manifestado para destruir las obras del diablo (1ªJn.2:28-3:1-8). El verdadero seguidor de Dios se reconoce en la práctica de la justicia, en el amor a los hermanos y en rechazar el pecado y la mentira; en cambio el seguir del anticristo, del diablo, se manifiesta en la oposición a la justicia, la verdad y el amor porque sus obras son malas, igual a las de Caín que eran guiadas por el maligno (1ªJn.3:9-12). El apóstol Juan identifica al maligno como el diablo (1ªJn.2:13-14; 3:12; 5:18-19) y lo vuelve a citar como siendo el diablo un espíritu maligno, el anticristo que realiza una fuerte oposición a Dios y a sus hijos. Juan recibió la revelación. El apóstol Juan nos invita a permanecer en Cristo, el hijo de Dios, para que cuando Jesús se manifieste en su venida no seamos avergonzados. El que practica la mentira y la injusticia es seguidor del diablo, porque el diablo peca desde el principio, sin embargo, Cristo se ha manifestado para destruir las obras del diablo (1ªJn.2:28-3:1-8). El verdadero seguidor de Dios se reconoce en la práctica de la justicia, en el amor a los hermanos y en rechazar el pecado y la mentira; en cambio, el seguir al anticristo, al diablo, se manifiesta en la oposición a la justicia, la verdad y el amor, porque sus obras son malas, igual a las de Caín que eran guiadas por el maligno (1ªJn.3:9-12). El apóstol Juan identifica al maligno como el diablo (1ªJn.2:13-14); y Jesús en la parábola del sembrador lo dice con estas palabras: “Cuando alguno oye el mensaje del reino y no lo entiende, viene el Maligno, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón” (Mat.13:19). También Pablo en sus epístolas, así como el resto de los escritores, donde se muestra que el diablo es el maligno que vino al mundo a sembrar la cizaña (Jn.17:15; Mt.13:19, 38; Ef.6:16).

1ªJn.4:1-3

«Amados, no creáis a todo espíritu sino probad los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo. En esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; y este es (el espíritu) del anticristo (καὶ τοῦτό ἐστιν τὸ τοῦ ἀντιχρίστου, 1Jn. 4:3), del cual habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan de parte del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error».

 

El apóstol Juan continúa mostrando a sus lectores las características del anticristo y las de todos aquellos que pertenecen al anticristo. El anticristo es un espíritu malo, revelado en el diablo, calificado como el maligno. Los seguidores del maligno, del diablo, del espíritu del diablo, son los falsos profetas y maestros a quienes Juan no duda en calificarlos de «anticristos». Estos falsos profetas y anticristos, están en el mundo, pertenecen al mundo, hablan de parte del mundo y el mundo los oye. Para Juan, la línea de separación entre «el anticristo» y sus seguidores, por un lado, y entre «Cristo» y sus seguidores por el otro, está entre el «Espíritu de Dios» y el «espíritu del diablo». El Espíritu de Dios se manifiesta, por un lado, en el espíritu de la verdad y en la confesión de los seguidores de Jesús como el Cristo y, por otro lado, en «el espíritu del diablo», que es el espíritu del anticristo y se manifiesta en la mentira y el error, en la negación de Jesús venido en carne.

La forma en genitivo τοῦ ἀντιχρίστου «del anticristo» que Juan usa para referirse a todos aquellos que no confiesan a Jesús como el Cristo, muestra el origen, la procedencia del espíritu del anticristo y la pertenencia a la cual son fieles sus seguidores, los hijos del diablo: A la mentira y al error del diablo. Confesar que Jesucristo ha venido en carne significa mucho más que reconocer el hecho histórico de la encarnación de Cristo, significa aceptar el amor de Dios, purificarse, confesar los pecados, esperarle, obedecer su ley, practicar la justicia, permanecer en Cristo y en su amor, vivir por medio de Cristo aceptando que Él es la propiciación de nuestros pecados (1ªJn. 1:5-2:1-3; 3:1-12; 4:7-16).

El desafío que Juan reta a la iglesia es para probar la procedencia de estos espíritus, si son de Dios o bien si estos espíritus manifestados en los falsos profetas, en el mundo y en la iglesia tienen su origen en el diablo, el espíritu del maligno, del engaño y el error. Los hijos de Dios saben que el poder del maligno está en el mundo (1ªJn.5:18-19), y, por lo tanto, solamente existe una posibilidad de conocer la procedencia de ese poder: O bien viene de Dios o del diablo, no existen otros caminos.

En los escritos de Juan, Jesucristo no solamente es Jesús el hijo de José y María, el Mesías anunciado en el AT por el Padre y revelado en el NT, sino que es el mismo Dios, el creador de los cielos y la tierra, el Dios de amor que se encarna y toma forma humana, a través de María, para salvar al que crea en El. Así pues, negar o rechazar a Jesucristo es sinónimo de rechazar al Padre. El que no tiene al Hijo tampoco tiene al Padre (1ªJn.2:22-23; 4:2-3). «Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento a fin de que conozcamos al que es verdadero; y nosotros estamos en aquel que es verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna» (1ªJn.5:20). Por tanto, negar la encarnación de Dios en Cristo es oponerse a la verdad revelada por el Padre y actuar en oposición a Dios y a Cristo.

El apóstol Juan en su segunda epístola continúa identificando el anticristo, señalando las características de este personaje, así como el perfil de sus seguidores. El engañador y el anticristo es el que miente, niega y no confiesa, no asegura o admite que Jesús es el Mesías venido en carne.

2ª Jn.1:7-9

GNT  2 John 1:7 ὅτι πολλοὶ πλάνοι ἐξῆλθον εἰς τὸν κόσμον, οἱ μὴ ὁμολογοῦντες Ἰησοῦν Χριστὸν ἐρχόμενον ἐν σαρκί· οὗτός ἐστιν ὁ πλάνος καὶ ὁ ἀντίχριστος. «pues muchos engañadores han salido al mundo que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el engañador y el anticristo».

Juan sitúa en la misma línea a los engañadores que se han mostrado al mundo, que no admiten que Jesús es el Mesías venido al mundo en carne humana, los identifica como el engañador y el anticristo. El apóstol nos advierte que tengamos cuidado de permanecer y no desviarnos de las enseñanzas de Cristo. El engañador y el anticristo no permanecen en la enseñanza (didaché) de Jesucristo.

«Tened cuidado para que no perdáis lo que hemos logrado, sino que recibáis abundante recompensa. Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza de Cristo (τῇ διδαχῇ τοῦ Χριστοῦ), no tiene a Dios; el que permanece en la enseñanza (τῇ διδαχῇ), tiene tanto al Padre como al Hijo» (2ªJn.1:9).

Juan califica al anticristo como «el engañador». Este personaje que se manifiesta en el seno de la iglesia y se opone a Jesús como el Mesías y no enseña la verdad, la «didaché» de Jesús, es el que se desvía y no permanece en la enseñanza de Jesucristo. Ese es el engañador y el anticristo.

Resumen

El apóstol Juan no deja lugar a dudas de quién es el anticristo en sus dos primeras epístolas. Hagamos un resumen de los puntos más importantes sobre el tema, de acuerdo a las cinco veces que el apóstol utiliza la palabra «anticristo» en el contexto de sus dos cartas, como hemos analizado.

La palabra anticristo, como ya hemos comentado, es una palabra compuesta por la partícula griega «anti-» y el nombre «Cristo». De los análisis que hemos realizado con la preposición «anti» acompañada de otras palabras, llegamos a la conclusión que al menos nos transmite tres ideas importantes. 1) Por, en lugar de. 2) En nombre de, ocupación de. 3) Oposición, adversidad.

Según las epístolas de Juan y el contexto en el que utiliza la palabra «anticristo» (1ªJn.2:18-27; 4:1-3; 2ªJn.1:7), podemos resumir varias ideas:

  • El anticristo es el diablo, el maligno. Juan ve al maligno actuando en el ser humano desde los tiempos de Caín. Viene al mundo como un espíritu engañador y actúa desde el interior de los seguidores de Jesucristo y desde el seno de la iglesia.
  • Juan une la última hora con la venida del anticristo, un personaje opositor que estaba a punto de manifestarse. Oposición radical a la “didache” al mensaje redentor de Jesús, su encarnación, muerte, resurrección, intercesión y venida en gloria de Cristo, a restaurar la tierra y dar la vida eterna a sus seguidores.
  • Juan considera que, en la última hora, en la cual él vive, ya habían surgido muchos anticristos. Estos anticristos, falsos profetas y maestros mentirosos y embaucadores, no permanecen en la verdad, ni enseñan lo correcto. Los anticristos enseñan la mentira y ninguna mentira procede de la verdad.
  • Estos anticristos salieron del seno de la iglesia cristiana, aunque no pertenecían a ella.
  • El mentiroso niega que Jesús es el Cristo. El anticristo niega al Padre y al Hijo.
  • Aquellos que niegan a Jesús como Hijo de Dios, como el Mesías y no lo confiesan, tampoco tienen al Padre.
  • Permanecer en las enseñanzas del principio son la seguridad para permanecer en el Hijo y en el Padre. El anticristo, los anticristos, los falsos profetas y mentirosos no permanecen en la verdad.
  • Juan advierte a la iglesia para que no sea engañada por las mentiras de los anticristos.
  • La unción recibida de Cristo es verdadera y no miente, el que la posee diferencia la verdad de la mentira. Los seguidores de los espíritus malignos son guiados por el espíritu del anticristo.
  • Permanecer en la unción nos hace permanecer en Cristo.
  • Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios.
  • El espíritu del anticristo se manifiesta en no confesar a Jesús.
  • El engañador y el anticristo sale del mundo y no confiesa que Jesucristo ha vendido en carne.
  • Los engañadores son identificados como el anticristo.
  • Existe el peligro de perder la recompensa si somos engañados.
  • El que permanece en la enseñanza de Cristo tiene al Padre y al Hijo.

Del estudio de las dos epístolas de Juan en relación con la palabra «anticristo» y de todo lo expuesto hasta este momento podemos resumir tres ideas principales que nos llevan a identificar el anticristo, los falsos profetas y sus seguidores, así como el perfil característico de ellos.

En primer lugar, el anticristo está identificado como «el diablo» «el maligno» » el espíritu engañador». Se introduce en el seno de la iglesia como opositor, adversario, con el fin de ocupar el lugar de Cristo, negar sus doctrinas, confundir, engañar y actuar a través de un personaje llamado “el anticristo que viene” y sus seguidores, llamados anticristos.

En segundo lugar “existen muchos anticristos” que actúan en el seno de la iglesia, guiados por el diablo y los espíritus malignos, son los falsos profetas, falsos maestros, que tratan de enseñar y guiar a la iglesia en el camino de la mentira, oponiéndose a las enseñanzas de Jesucristo, «la didaché», tratando de embaucar a los seguidores de la verdad con el engaño y las doctrinas del diablo. Desde el seno de la iglesia tratan de formar un liderazgo jerárquico oponiéndose a Cristo y sus enseñanzas. Estos anticristos, falsos profetas y engañadores, Juan los califica como «el engañador y el anticristo» que no es otro que «el padre de la mentira», el diablo, el cual no se mantuvo en la verdad desde el principio (1ªJn.3:8; Jn.8:44), actuando en el sistema organizado por los falsos profetas. Todos estos anticristos mezclan parte de la verdad del evangelio con la mentira y de esta forma tratan de confundir a los creyentes verdaderos con sus falsas enseñanzas, llevándolos al rechazo de Cristo como el Mesías y salvador personal.

En tercer lugar, los anticristos son los seguidores del diablo y de los falsos profetas, sus fieles seguidores de la mentira y el engaño. Estos anticristos son los falsos cristianos que no caminan conforme a los mandamientos, niegan a Cristo y en ellos se manifiesta “el espíritu del anticristo” que se oponen a las enseñanzas de Cristo y de la iglesia apostólica establecida por Cristo, viven en permanente rebeldía y desobediencia a los mandamientos de Dios. Siguen las tinieblas, no quieren conocer la verdad, ni aceptan permanecer en la luz y las enseñanzas del principio anunciadas por Jesús.

  1. EL ANTICRISTO EN EL NUEVO TESTAMENTO: SU IDENTIFICACIÓN, SUS ACTOS, SUS AGENTES Y SUS SEGUIDORES.

El Nuevo Testamento está lleno de referencias al anticristo y al diablo, como opositor a Cristo, a los falsos profetas y a sus seguidores. Aunque la palabra anticristo no sea utilizada en el resto del Nuevo Testamento, excepto en las cartas de Juan, no por ello deja de existir amplia información sobre los seguidores del diablo a través de demonios, bestias salvajes, gobiernos, reyes terrenales, infieles cristianos, ateos, idólatras y falsos profetas.

Las referencias al anticristo aparecen con muchos nombres y epítetos en el NT, como el dragón, la serpiente antigua, el diablo, Satanás, demonio, belcebú, padre de la mentira, asesino, calumniador, opositor, tentador, ángel de luz, maligno y otros adjetivos que nos ayudan a identificar y comprender la oposición tan radical que esta criatura de Dios manifiesta tan fieramente, a todo cuanto se refiere a Dios, su gobierno, su ley, sus dominios, su iglesia, su santuario, su plan de redención y Cristo.

Como ya hemos comentado con anterioridad, las palabras principales que unen las cartas de Juan con el resto del NT referente al «anticristo» son «diablo» y «espíritu maligno» (1ªJn. 2:18-22; 3:8-12; 4:1-3). Es precisamente el apóstol Juan quien nos identifica a Satanás o diablo actuando a través de los falsos profetas, las bestias satánicas y sus seguidores, pero Jesús y sus apóstoles lo señalan frecuentemente sin dejar lugar a dudas.

Así pues, vamos a comentar todos estos nombres y adjetivos que se aplican al diablo en el NT, de forma que lleguemos a comprender e identificar con toda claridad el anticristo y sus seguidores; así como los medios y las estrategias que utilizan para engañar, oponerse a Cristo y ocupar su lugar.

  1. El diablo y Satanás.

El apóstol Juan vio en visión, en el libro del Apocalipsis, la lucha satánica contra Dios, el Mesías, la iglesia y todo lo que representa a Dios y su gobierno. Desde un principio, aunque no podemos precisar el tiempo exacto, el diablo se ha rebelado contra Cristo y contra todo lo que representa a Dios, su gobierno y sus criaturas. Esa lucha continuará hasta la final intervención del Creador restaurando todo a su estado primitivo.

«Hubo guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón. Y el dragón y sus ángeles lucharon, pero no pudieron vencer, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama el diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero, fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él» (Ap.12:7-9).

Para el apóstol Juan, el dragón es la serpiente antigua, el diablo y Satanás que tiene como objetivo engañar al mundo entero.  Así pues, para Juan «el diablo y el espíritu maligno» de su primera epístola es Satanás, el anticristo. En griego la palabra Σατανᾶς, Σατᾶν o σατᾶν; significa «adversario, enemigo, acusador», es un ángel maligno que está en constante oposición a Dios, a Cristo y a su iglesia. Desde un principio trató de desplazar a Cristo en el cielo con mentiras y ocupar su lugar con el engaño, la calumnia y la guerra, con la ayuda de otros ángeles.

El diablo

La palabra griega «διάβολος«  «diablo» es un adjetivo sustantivado y significa acusador, calumniador, detractor, falso, es un espíritu maligno llamado el Diablo. En el NT, la palabra diablo aparece citada aproximadamente unas 40 veces y está unida desde el mismo principio a una guerra contra Cristo. Cuando Jesús comenzó su ministerio terrenal fue llevado por el Espíritu para ser tentado por el diablo (Mt.4:1). Mateo en su evangelio cap. 4:1-11 le llama «el tentador, diablo y Satanás». El diablo utilizo contra Jesús toda su sabiduría, su poder y belleza para que, a través de la siembra de la duda, el engaño y el mal uso de las promesas de Dios, hacer que Jesús desconfiara de las promesas de Dios y pecara.

Además, el diablo en su oposición satánica, tentó a Jesús mostrándole que él era el dueño de todos los reinos del mundo y que debía ser adorado. «Otra vez el diablo le llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrándote me adoras. Entonces Jesús le dijo: ¡Vete, Satanás! Porque escrito está: “Al Señor tu Dios adoraras, y solo a Él servirás» (Mt.4:8-10). Claramente se ve como el diablo desea ocupar el lugar del creador a quien pertenecen todos los reinos del mundo y solicita ser adorado por el Hijo de Dios, ocupando de esta manera el lugar que solo pertenece al Creador. Pero Cristo le rechazo.

Por otro lado, Jesús identificó al diablo, el maligno, en la parábola del trigo y la cizaña, como el enemigo de Dios que siembra la cizaña entre el trigo. Además, los seguidores del diablo son identificados como los hijos del Maligno. El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre, es decir, Jesús (Mt.13:37-39. Nuevamente se puede ver una lucha por la siembra de la palabra, entre el diablo, llamado maligno y Satanás; y Cristo y sus enseñanzas. De igual forma, en la parábola del sembrador Jesús identifica al diablo con el maligno que arrebata la semilla de la palabra de Dios, sembrada por Cristo, en el corazón de los seres humanos (Lc.8:12; Mt.13:19).

La lucha que mantiene el diablo desde un principio es contra Cristo, contra su misión redentora a favor de la iglesia y su palabra. El diablo lucho contra Cristo en el cielo y se resistió para no ser expulsado (Ap.12:9), y continuó la guerra contra el arcángel Miguel por el cuerpo de Moisés (Jd.1:9). El diablo fue expulsado del cielo y ahora está en la tierra, sabiendo que le queda poco tiempo y trata de meter en la cárcel a todos los que pueda (Ap.12:12; 2:10). El diablo peca desde el principio, nos dice Juan (1ªJn. 3:8), pero Cristo se ha manifestado para destruir las obras del diablo. Finalmente será aniquilado por el fuego (Ap.20:10).

Satanás.

La palabra Satanás aparece por primera vez en el evangelio de Mateo pronunciada por Jesús, cuando el diablo, el maligno, vino a tentar a Jesús en el desierto, al principio de su ministerio terrenal, con el objetivo de hacerle fracasar en su cometido (Mt.4:8-9). Satanás disfrazado de ángel de luz (2ªCor.11:14), como dueño y señor de la tierra y digno de ser adorado como el dios de este mundo (2ªCor.4:4), se presentó a Jesús con una sabia y perseverante oposición. A partir de este momento Jesús no tendría ni un pequeño respiro durante tres años y medio hasta que Satanás consiguiera, el mismo, con todos sus agentes demoniacos y seguidores humanos, llevarlo a la cruz.

Como ya hemos indicado, la palabra Satanás, procede del hebreo y ha sido transliterada al griego y al castellano con el significado de adversario, opositor, acusador. La palabra Satanás se relaciona e identifica en el NT con el dragón, la serpiente antigua, el diablo, el maligno, el demonio, Beelzebú, el príncipe de los demonios, el dios de este mundo, un ángel disfrazado de luz, el adversario como león rugiente esperando a quien devorar, el acusador de los hermanos, el que tenía el poder de la muerte (Heb.2:14).

Jesús vio a Satanás caer del cielo como un rayo (Luc.10:18), sabiendo que le quedaba poco tiempo para actuar en la tierra contra Cristo, su ley y su iglesia (Ap.12:12,17). Satanás es «el anticristo» en grado superlativo, el primer anticristo del universo. El primero en oponerse a Dios, a Cristo y a su iglesia, desde poco después de su creación, y continuará en oposición hasta el final; pero Satanás ya ha sido juzgado y condenado (Jn.12:31; 16:11), y finalmente será destruido por Dios y Cristo (Rom.16:20; Ap.20:10).

Este análisis sobre el diablo y Satanás nos muestra que este ángel es el primer opositor, el llamado «anticristo» de Juan, a todo lo que representa Jesús y sus enseñanzas. Pero el diablo no actúa siempre en forma personal, sino que tiene sus agentes celestiales y terrenales que llevan a cabo sus escondidos y misteriosos principios de oposición, mentira y falsedad. Los medios y estrategias que utiliza a través de los demonios y los falsos profetas son muy variados.

  1. Los agentes de Satanás: Los demonios, los falsos profetas y las bestias.

Los demonios.

Los demonios ejercieron un papel muy importante en la lucha satánica contra Cristo y su iglesia, desde el principio de la rebelión en el cielo, continuando por la caída de Adán y Eva en el Edén, y hasta la destrucción final de todos estos ángeles caídos. Estos malos espíritus, o demonios, estarán actuando permanentemente para destruir el ministerio de Cristo a favor de la humanidad. El apóstol Pablo ya lo manifestó a los efesios: «Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales» Ef.6:12).

Jesús comenzó su ministerio de sanación enfrentándose a los demonios. Le traían todos los que estaban enfermos, afectados con diversas enfermedades y dolores, endemoniados, epilépticos y paralíticos; y El los sanaba (Mt.4:24). Jesús expulsaba a los espíritus de los demonios de los que estaban endemoniados, con el poder de su palabra (Mt.8:16), y no siempre Jesús dejaba que los demonios hablarán, porque ellos sabían quién era Jesús (Mc.1:34) y lo que pretendían, aun confesando la divinidad de Cristo, era engañar, confundir y atrapar en la mentira a los que oían sus palabras. Lucas nos relata que, «…de muchos salían demonios, gritando y diciendo: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Pero, reprendiéndoles, no les permitía hablar, porque sabían que Él era el Cristo» (Lc.4:41). El poder de Jesús impedía a los demonios ir más allá de la destrucción de su obra y su mensaje salvador.

En Capernaúm, ciudad de Galilea, Jesús enseñaba con autoridad en la sinagoga, en día de sábado. «Y estaba en la sinagoga un hombre poseído por el espíritu de un demonio inmundo, y gritó a gran voz: Déjanos ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios. Jesús entonces le reprendió, diciendo: ¡Cállate y sal de él! Y después que el demonio le derribó en medio de ellos, salió de él sin hacerle ningún daño. Y todos se quedaron asombrados y discutían entre sí diciendo: ¿Qué mensaje es éste? Porque con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos y salen» (Lc.4:33-36).

Los demonios tratan de hacer todo el mal que pueden oponiéndose a la misión salvadora de Jesús y se introducen aún en los niños y en los seres humanos causando dolor a la humanidad (Mc.7:27-28; Mt.9:34; Mc.16:9). El diablo no solamente reclama la adoración (Mt.4:8-9) y se opone al evangelio de Cristo, sino que además el demonio y sus servidores, los demonios o ángeles rebeldes, quieren ocupar el lugar que solo pertenece a Dios y a Cristo. Reclamando ser adorados y morando en el ser humano como el templo del Espíritu Santo, de Dios y de Cristo. Jesús les dijo a sus discípulos: «Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada» (Jn.14:23; Jn.17:21,23) y el apóstol Pablo manifestó que el hombre es la morada de Dios, del Espíritu Santo y de Cristo (1ªCor.3:16-16; 2ªCor.6:16; Gal.2:20). Por lo tanto, todo ser creado que pretenda ocupar el lugar que solo corresponde a la divinidad está oponiéndose a Dios y ocupando el lugar que solo corresponde al Padre, a Cristo y al Espíritu Santo. Este es el anticristo que habló Juan es sus epístolas.

Los demonios conocen a Jesús, saben de su misión redentora y también conocen que tienen un poder limitado y que nada pueden hacer ante el poder de la palabra de Jesús. Sabiendo las limitaciones que los demonios tienen, se juntan en legiones para hacer todo el mal que pueden a los hijos de Dios que Jesús vino a rescatar. En cierta ocasión, Jesús navegó hacia la tierra de los gadarenos que está al lado opuesto de Galilea; y cuando El bajó a tierra, «le salió al encuentro un hombre de la ciudad poseído por demonios y que por mucho tiempo no se había puesto ropa alguna, ni vivía en una casa, sino en los sepulcros. Al ver a Jesús, gritó y cayó delante de Él, y dijo en alta voz: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes. Porque Él mandaba al espíritu inmundo que saliera del hombre, pues muchas veces se había apoderado de él y estaba atado con cadenas y grillos y bajo guardia; a pesar de todo rompía las ataduras y era impelido por el demonio a los desiertos. Entonces Jesús le preguntó ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión porque muchos demonios habían entrado en él. Y le rogaban que no les ordenara irse al abismo» (Lc.8:26-31). Como vemos, los demonios conocen a Jesús y su poder, proclaman la divinidad de Cristo y su mensaje, pero no confían en Cristo ni aceptan sus mandamientos, ni su misión redentora (Sant.2:19; 1ªJn.3:8; Jn.8:44). Se manifiestan como opositores a Cristo y quieren ocupar su lugar, se muestran como el anticristo que señaló Juan.

El apóstol Pablo nos muestra como los demonios actúan en la iglesia con sus falsas doctrinas y como debido a la siembra de la cizaña algunos apostatarían de la fe. Estas doctrinas procedentes de los demonios son extendidas por medio de sus seguidores que se oponen con mentiras al evangelio de Jesucristo. «Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, mediante la hipocresía de mentirosos que tienen cauterizada la conciencia» (1ªTm.4:1-2). Estos malvados   espíritus no siempre se oponen abiertamente a los mensajeros del Señor, sino que usan una estrategia de aparente conformidad con la fe, creando controversia y persecución. Un ejemplo lo tenemos en el relato que Lucas nos hace sobre la muchacha que tenía espíritu de adivinación. “Y sucedió que mientras íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una muchacha esclava que tenía espíritu de adivinación, la cual daba grandes ganancias a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os proclaman el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; más desagradando esto a Pablo, se volvió y dijo al espíritu: ¡Te ordeno, en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella! Y salió en aquel mismo momento” (Hech.16:16-18). Cuando Satanás no puede actuar abiertamente a través de los demonios, recurre a sus seguidores humanos con la mentira y el engaño, mezclando la verdad del Evangelio con su poder satánico manifestado en sus agentes, con el fin de inducir a sus oyentes a creer que el Espíritu y el poder de Dios es el mismo que el manifestado en los emisarios de Satanás.

Elena de White comentando este episodio de la muchacha esclava, nos dice: “Esta mujer era un agente especial de Satanás, y había dado mucha ganancia a sus amos adivinando. Su influencia había ayudado a fortalecer la idolatría. Satanás sabía que se estaba invadiendo su reino, y recurrió a este medio de oponerse a la obra de Dios, esperando mezclar su sofistería con las verdades enseñadas por aquellos que proclamaban el mensaje evangélico. Las palabras de recomendación pronunciadas por esta mujer eran un perjuicio para la causa de la verdad, pues distraían la mente de la gente de las enseñanzas de los apóstoles. Deshonraban el Evangelio; y por ellas muchos eran inducidos a creer que los hombres que hablaban con el Espíritu y poder de Dios están movidos por el mismo espíritu que esa emisaria de Satanás”. H.A, pág.173.

“Hasta el fin, (continúa diciendo Elena de White, en el mismo capítulo) habrá un conflicto entre la iglesia de Dios y los que están bajo el dominio de los ángeles malos.

“Los primeros cristianos estaban llamados a menudo a hacer frente cara a cara a las potestades de las tinieblas. Por medio de sofistería y persecución el enemigo se esforzaba por apartarlos de la verdadera fe. Ahora, cuando el fin de las cosas terrenales se acerca rápidamente, Satanás realiza desesperados esfuerzos por entrampar el mundo. Inventa muchos planes para ocupar las mentes y apartar la atención de las verdades esenciales para la salvación. En todas las ciudades sus agentes están organizando empeñosamente en partidos a aquellos que se oponen a la ley de Dios. El gran engañador está tratando de introducir elementos de confusión y rebelión, y los hombres se están enardeciendo con un celo que no está de acuerdo con su conocimiento”. H.A, págs.178-179.       

Estos espíritus inmundos de demonios, los anticristos que están actualmente en el mundo, actúan a través de los falsos profetas, de los poderes políticos y religiosos hasta convertirlos en su morada, con el fin de librar la última batalla contra Cristo, su misión, su iglesia, su ley y sus dominios. La maldad, disfrazada de la piedad, está llegando a un grado jamás antes alcanzado y la verdad del puro evangelio queda ocultada por estos espíritus inmundos de demonios y sus seguidores que se oponen a la verdad. (1ªTim.4:1-2; 2ªTim.3:5-9).

 

Los falsos profetas.

Fue el mismo Jesús quien nos advirtió sobre los falsos profetas, «Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces» (Mt.7:15), y el apóstol Pablo en Mileto, camino de Jerusalén, dio testimonio ante los ancianos de Éfeso que le esperaban cadenas y aflicciones y les dijo: «Sé que después de mi partida, vendrán lobos feroces entre vosotros que no perdonarán el rebaño, y que de entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. Por tanto, estad alerta, recordando que, por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas» (Hech.20:29-31).

Como podemos ver, estos falsos profetas, son lobos rapaces que se levantan del seno de la iglesia, hablando cosas perversas que nada tienen que ver con el evangelio presentado por Jesús. Aunque salgan del seno de la iglesia no por ello dejan de ser «anticristos» y contrarios a la voluntad del Señor. Jesús nos dio la receta para reconocerlos. «…por sus frutos los reconoceréis. No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?» Y entonces les declararé: «Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad» (Mt.7:20-23). Así pues, algunos de estos falsos profetas actúan disfrazados con la piel de la oveja, con pleno conocimiento de sus actos, sin embargo, otros están convencidos de que hablan en el nombre del Señor, profetizando en el nombre del Señor, expulsando los demonios en nombre de Jesús y haciendo muchos milagros, pero en realidad están haciendo la obra de Satanás y son engañados por este espíritu maligno.

Jesús en su discurso profético ante los apóstoles, les dejo bien claro que una de las señales que deberían manifestarse antes de su regreso sería la manifestación de falsos Cristos y falsos profetas. «Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: «Yo soy el Cristo», y engañarán a muchos»(…). Y se levantarán muchos falsos profetas, y a muchos engañarán» (Mt.24:5,11). Así pues, queda bien claro por la enseñanza de Jesús que estos falsos profetas y falsos Cristos ejercen una fuerte oposición al mensaje de Cristo tratando de engañar y entrampar a muchos con sus mentiras y falsedades.

De estos falsos profetas y «anticristos» merecen un comentario especial, el hombre de pecado, la bestia del mar y la bestia de la tierra. Las características de estos tres agentes de Satanás nos dicen que son guiados por espíritus de demonios. El hombre de pecado que menciona Pablo en 2ª Ts.2:1-12 es un buen ejemplo de la actividad satánica a través del cristianismo apóstata. El apóstol Pablo advierte a los tesalonicenses que no se dejen mover fácilmente de su manera de pensar respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta en el sentido de que el día del Señor ha llegado, porque antes debe venir la apostasía y manifestarse el hombre de pecado.

«Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios presentándose como si fuera Dios. ¿No os acordáis de que cuando yo estaba todavía con vosotros os decía esto? Y vosotros sabéis lo que le detiene por ahora, para ser revelado a su debido tiempo. Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción, sólo que aquel que por ahora lo detiene, lo hará hasta que él mismo sea quitado de en medio. Y entonces será revelado ese inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuya venida es conforme a la actividad de Satanás, con todo poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les enviará un poder engañoso, para que crean en la mentira a fin de que sean juzgados todos los que no creyeron en la verdad, sino que se complacieron en la iniquidad (2ªTs.2:3-12).

El texto, escrito por Pablo, no deja lugar a dudas respecto a la actividad satánica a través de este «hombre de pecado, el hijo de perdición, y sus grandes logros. Con el fin de resaltar sus características resumamos los puntos más importantes de la advertencia de Pablo.

  1. Antes de la venida de Cristo vendrá la apostasía.
  2. Será revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición.
  3. Se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto.
  4. Se sienta en el templo de Dios.
  5. Se presenta como si fuera Dios.
  6. Al presente de Pablo, un poder o un obstáculo le detenía en su manifestación.
  7. Este inicuo será revelado cuando sea quitado aquello que le impide su manifestación.
  8. Pablo identifica la acción del hombre de pecado como “el misterio de la iniquidad” que ya está en acción.
  9. La venida de este inicuo es conforme a la actividad de Satanás.
  10. Se manifiesta con todo poder y señales y prodigios mentirosos, con todo engaño de iniquidad.
  11. Tiene éxito con los que no recibieron el amor a la verdad para ser salvos y creen en la mentira.
  12. Dios permite la acción de este poder engañador.
  13. Todos los que no creyeron en la verdad, sino que se complacieron en la iniquidad son juzgados por sus mismas decisiones.
  14. Este inicuo será destruido con el Espíritu de la boca del Señor, con el resplandor de su venida.

 

Este hombre de pecado, el hijo de perdición, tiene todas las características del anticristo que resaltó Juan en sus dos primeras epístolas y aún Pablo las amplía. Recibe el poder de Satanás, se opone a Dios y Cristo, ocupa el lugar que solo pertenece a Dios, haciéndose pasar por dios, sentándose en su templo; se manifiesta con todo poder, señales y prodigios mentirosos, con todo engaño de iniquidad. Rechaza la verdad y practica la mentira. Se manifiesta ante el mundo como representante o agente de Satanás con todo su poder, oponiéndose a Dios y Cristo y ocupando el lugar que solo pertenece a Dios. Elena de White comentando este pasaje lo aplica al poder papal descrito también por el profeta Daniel, que estaba todavía por levantarse y guerrear contra el pueblo de Dios. “Hasta que ese poder no realizara su obra mortal y blasfema, sería inútil para la iglesia esperar la venida de su Señor”.  Y todo seguido añade: “Los sucesos que se iban a producir en lo futuro serían “según operación de Satanás, con grande potencia, y señales, y milagros mentirosos, y con todo engaño de iniquidad en los que perecen.” (H.A, págs.215-216).

El anticristo que profetizó el apóstol Juan en su primera y segunda epístola anunciando que se manifestaría a su tiempo estaba esperando el momento oportuno, según el comentario de Pablo, cuando sería quitado de en medio lo que impedía su manifestación; pero una vez eliminado el obstáculo de su surgimiento se manifestó en el papado, con todas las atribuciones que le caracteriza el apóstol Pablo. Antes de la venida de Cristo en gloria debía manifestarse el anticristo, por lo tanto, los cristianos estaban advertidos de que antes de ver a Cristo en las nubes vendría la apostasía en el seno del cristianismo, manifestada en el papado. Este es el anticristo, el hombre de pecado, el hijo de perdición.

Las bestias del Apocalipsis

Este hombre de pecado, tiene características similares a la bestia del mar que describe Juan en el Ap.13:1-10. Después del fracaso temporal del dragón por medio del Imperio Romano descrito en Ap.12 contra Cristo y su iglesia durante los primeros cuatro siglos, Satanás cambió de estrategia y emprendió una nueva ofensiva contra Cristo y su iglesia por el periodo descrito en Ap.12:6,14; 13:5 de 1260 años, desde el establecimiento del papado en el 538 hasta su deposición en el 1798 por el ejército francés al mando del general Berthier. Sin embargo, el dragón no satisfecho con el éxito alcanzado contra Cristo al llevarlo a la cruz, persiguió a la mujer y al resto de su descendencia a través de la bestia del mar y la bestia de la tierra, con el fin de hacerles transgredir la ley de Dios, que rechazaran el testimonio de Jesús y que dejaran la fe en las promesas redentoras y restauradoras del reino anunciado por Cristo.

El dragón se apostó sobre la arena del mar para hacer una alianza con la bestia del mar, tan pronto como surgiera. Esta bestia procedente del mar tiene todas las características de las bestias descritas en Daniel 7 y el cuerno pequeño, con el añadido de que recibe del dragón su poder, su trono y gran autoridad. Esta bestia del mar junto al dragón, recibe adoración de la tierra entera y actúa en contra de Dios, Cristo, su santuario, su plan redentor y su iglesia. El apóstol Juan nos relata su visión de esta manera:

«La bestia que vi era semejante a un leopardo, sus pies eran como los de un oso y su boca como la boca de un león. Y el dragón le dio su poder, su trono y gran autoridad. Y vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada. Y la tierra entera se maravilló y seguía tras la bestia; y adoraron al dragón, porque había dado autoridad a la bestia; y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién es semejante a la bestia, y quién puede luchar contra ella? Se le dio una boca que hablaba palabras arrogantes y blasfemias, y se le dio autoridad para actuar durante cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre y su tabernáculo, es decir, contra los que moran en el cielo. Se le concedió hacer guerra contra los santos y vencerlos; y se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adorarán todos los que moran en la tierra, cuyos nombres no han sido escritos, desde la fundación del mundo, en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado» (Ap.13:2-8).

Resumamos las características más importantes de esta bestia del mar y notemos que muestran “el perfil del anticristo” en su oposición a Dios, a Cristo y a su iglesia.

  1. Tiene las características de las bestias de Daniel que atacaron a Dios, a su pueblo y su Mesías, desde el Imperio de Babilonia hasta el Imperio Romano.
  2. Recibe del dragón, de Satanás, actuando a través del Imperio Romano, su poder, su trono y gran autoridad.
  3. La tierra entera adora al dragón y a la bestia.
  4. Habla palabras arrogantes y blasfemias y ejerce su autoridad durante 42 meses.
  5. Blasfema contra Dios, su nombre, su tabernáculo y contra los que moran en el cielo.
  6. Hace guerra contra los santos y los vence.
  7. Se le concedió autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.
  8. Todos los moradores de la tierra, que no han sido escritos en el libro de la vida del Cordero, la adorarán.

Esta bestia del mar actúa como agente de Satanás contra Dios, sus santos y Cristo, ocupando el lugar de honor y adoración que solo pertenece a Dios. Se muestra como el anticristo descrito anteriormente. Durante toda la edad media el papado actuó contra el pueblo del Señor y volverá a ejecutar su malvado plan en contra de Cristo. Lo que manifestó en el pasado lo volverá a repetir en el futuro. El papado no ha cambiado, ni cambiará. Elena de White nos dice:

“La iglesia católica le pone actualmente al mundo una cara apacible, y presenta disculpas por sus horribles crueldades. Se ha puesto vestiduras como las de Cristo; pero en realidad no ha cambiado. Todos los principios formulados por el papismo en edades pasadas subsisten en nuestros días. Las doctrinas inventadas en los siglos más tenebrosos siguen profesándose aún. Nadie se engañe. El papado que los protestantes están ahora tan dispuestos a honrar, es el mismo que gobernaba al mundo en tiempos de la Reforma, cuando se levantaron hombres de Dios con peligro de sus vidas para denunciar la iniquidad de él. El romanismo sostiene las mismas orgullosas pretensiones con que supo dominar sobre reyes y príncipes y arrogarse las prerrogativas de Dios. Su espíritu no es hoy menos cruel ni despótico que cuando destruía la libertad humana y mataba a los santos del Altísimo.

El papado es precisamente lo que la profecía declaró que sería: la apostasía de los postreros días. (2 Tesalonicenses 2:3,4.) Forma parte de su política asumir el carácter que le permita realizar mejor sus fines; pero bajo la apariencia variable del camaleón oculta el mismo veneno de la serpiente”. (C.S. págs.627-628).

Esta bestia del mar, el hombre de pecado y el cuerno pequeño de Daniel siete, son los agentes de Satanás más encarnizados. Ellos representan al papado actuando en contra de Cristo y su iglesia, es el anticristo más fiero y misterioso. No existe ningún poder en la tierra, ya sea político o religioso, que cumpla con todas estas características citadas en 2ªTesalonicenses 2:1-12 y Apocalipsis 13:1-10, excepto el papado. Este es el anticristo que había de venir según lo anunciaron Juan, Pablo y el mismo Jesús.

También la bestia que subía de la tierra actúa y se muestra en contra de Cristo y de sus fieles, apoyada por el dragón y la bestia del mar. Con la ayuda del dragón, la bestia del mar y todos los habitantes de la tierra forman una imagen de la bestia del mar en su etapa más agresiva hacia Dios, su santuario, sus santos y Cristo. Esta unión del dragón, la bestia del mar, la bestia de la tierra, de todos los habitantes de la tierra y la imagen formada de la bestia del mar llevarán hasta el máximo extremo el ataque a Cristo, su ley, su mensaje y su iglesia. Todos ellos formarán un plan de ataque contra Cristo para expulsarlo del gobierno de la tierra, destruir a sus seguidores y apoderarse de la tierra. Veamos la visión y resumamos los puntos más importantes referentes al tema que nos ocupa.

«Y vi otra bestia que subía de la tierra; tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero y hablaba como un dragón. Ejerce toda la autoridad de la primera bestia en su presencia, y hace que la tierra y los que moran en ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera que aún hace descender fuego del cielo a la tierra en presencia de los hombres. Además, engaña a los que moran en la tierra a causa de las señales que se le concedió hacer en presencia de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra que hagan una imagen de la bestia que tenía la herida de la espada y que ha vuelto a vivir. Se le concedió dar aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen de la bestia también hablara e hiciera dar muerte a todos los que no adoran la imagen de la bestia. Y hace que, a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les dé una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar ni vender, sino el que tenga la marca, el nombre de la bestia o el número de su nombre» (Ap.13:12-17).  Resumamos las principales características de la bestia de la tierra:

  1. Habla como un dragón.
  2. Ejerce toda la autoridad de la bestia del mar en su presencia.
  3. Hace que todos los moradores de la tierra adoren la bestia del mar.
  4. Hace grandes señales en presencia de los hombres.
  5. Engaña a los moradores de la tierra con las señales que realiza.
  6. Ordena a los moradores de la tierra que hagan una imagen de la bestia del mar.
  7. La imagen de la bestia habla y hace dar muerte a los que no la adoren.
  8. Hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente.
  9. No permite comprar o vender a los que no tengan la marca, el nombre de la bestia o el número de su nombre.

Esta bestia de la tierra, en una perfecta unidad con el dragón, la bestia del mar, la imagen de la bestia y con el apoyo de todos los habitantes de la tierra, controla y domina todos los aspectos de la vida humana; las transacciones comerciales, legisla y ejecuta las leyes, domina las conciencias humanas obligando a todos los habitantes de la tierra a que adoren a la bestia del mar y a su imagen; permitiendo que la imagen de la bestia hable y de muerte a todos los que no adoren la imagen de la bestia. Su comportamiento es la de un verdadero «anticristo» actuando con el poder, la autoridad y la experiencia del dragón, de la bestia del mar y el apoyo de todos los habitantes de la tierra.

Esta bestia de la tierra se ha identificado en Ap.16:13, como siendo un falso profeta, es decir; alguien que habla en nombre de Dios y de Cristo, como portador de su mensaje, de sus leyes y enseñanzas, pero en realidad es un falso profeta. Tiene todas las características y el perfil de estos falsos profetas guiados por el poder de Satanás y auxiliados por espíritus inmundos, «hacen señales, los cuales van a los reyes de todo el mundo, a reunirlos para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso» (Ap.16:13-14). Estas señales y milagros mentirosos, los obran por el poder de Satanás, con el fin de engañar y desviar a los hijos de Dios para que crean la mentira y el error. Estos falsos profetas están bien representados en la bestia procedente de la tierra, de dos cuernos de Ap.13:11-18 que hablaba como dragón. Esta bestia de la tierra forma una perfecta coalición con el dragón, llamado el diablo y Satanás y la bestia del mar; pero a los tres les llegará el final de sus engaños y mentiras.

Todavía nos falta por comentar la bestia escarlata del desierto (Ap.17) que es montada por una mujer ramera y ver la relación que ambas tienen con el “anticristo”.

 

La bestia escarlata y la gran ramera  

La bestia escarlata está llena de nombres blasfemos. La gran mayoría de los habitantes de la tierra se asombrarán al ver la bestia escarlata que surge del abismo. Esta bestia escarlata y los 10 cuernos que lleva en su cabeza, pelearán contra el Cordero. Esta bestia escarlata está identificada por el ángel como representando a todos los reyes de la tierra, a pueblos, multitudes, naciones y lenguas. Los reyes de la tierra cometieron actos inmorales con la gran ramera y los moradores de la tierra fueron embriagados con el vino de su inmoralidad (Ap.17:1-3, 8, 12-15). Los actos inmorales y el ataque contra el Cordero que opone la bestia escarlata, muestran la oposición a Cristo y a su mensaje, aunque la bestia esté dirigida por la ramera. Ellos también, de libre elección, deciden oponerse a Cristo hasta la muerte, sus santos y sus enseñanzas.

Por otro lado, las características de la gran ramera evidencian su altivez, soberbia, orgullo y ocupación de todo aquello que pertenece a Dios, a Cristo y a sus santos. Las palabras del ángel describen a la mujer como una fuerte opositora a Dios, sus santos, a Cristo y a sus doctrinas. Es decir, encarna el personaje descrito en el NT y por el apóstol Juan como “el anticristo”. “…la gran ramera que está sentada sobre muchas aguas; con ella los reyes de la tierra cometieron actos inmorales, y los moradores de la tierra fueron embriagados con el vino de su inmoralidad. (…). La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada con oro, piedras preciosas y perlas, y tenía en la mano una copa de oro llena de abominaciones y de las inmundicias de su inmoralidad, y sobre su frente había un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONE DE LA TIERRA. Y vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los testigos de Jesús. (…). Y la mujer que viste es la gran ciudad, que reina sobre los reyes de la tierra” (Ap.17:1-2, 4-6, 18).

En el capítulo 18 el apóstol Juan continúa describiendo a la gran Babilonia como la gran ramera convertida en habitación de demonios y dirigiendo a todos los reyes de la tierra y sus habitantes con su vino embriagador, con sus falsas doctrinas y actos inmorales opuestos a la doctrina del Cordero, persiguiendo a los santos y derramando la sangre de los profetas, de los santos y de todos los que habían muerto sobre la tierra por causa del testimonio de Jesucristo y la palabra de Dios (Ap.18:24; 20:4; 12:11.17; 1:2,7). Esta mujer encarna el perfil del “anticristo” descrito por Juan en sus epístolas, en el Apocalipsis con la bestia del mar y el hombre de pecado descrito por Pablo.

Un ángel que desciende del cielo con gran poder clamó con potente voz, diciendo: “! ¡Cayó, cayó la gran Babilonia! Se ha convertido en habitación de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo y en guarida de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino de la pasión de su inmoralidad, y los reyes de la tierra han cometido actos inmorales con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con la riqueza de su sensualidad” (Ap.18:2-3). El ángel nos sigue informando que sus pecados se han amontonado hasta el cielo, se glorificó a sí misma y vivió sensualmente; sentada como reina sobre reyes, naciones y mercaderes permitiendo el comercio ilegalmente dirigido por demonios de todo lo bueno creado por el Señor. Minerales, vegetales, animales, humanos y vidas humanas (Ap.18:5, 7, 9, 11-13). Los que comerciaban con ella eran los grandes de la tierra, “… pues todas las naciones fueron engañadas por tus hechicerías. Y en ella fue hallada la sangre de los profetas, de los santos y de todos los que habían sido muertos sobre la tierra” (Ap.18:23-24). Aunque la bestia escarlata es dirigida por la ramera, y le presta sus servicios contra Cristo y sus santos, la Gran Ramera es la que reúne todas las características opositoras contra Cristo y sus santos. La Gran Ramera actúa y se comporta como “el anticristo” descrito en todo el Nuevo Testamento.

En apocalipsis 13, 16 y 17 vemos actuar a todos los reyes de la tierra y sus habitantes apoyando a la bestia del mar, a la bestia de la tierra y la gran ramera, en contra de Cristo y sus santos, pero finalmente los reyes se vuelven contra la gran ramera cumpliendo el propósito de Dios, dejándola desolada y desnuda y quemándola con fuego (Ap.17:16-17). “Y los diez cuernos que viste y la bestia, éstos odiarán a la ramera y la dejarán desolada y desnuda, y comerán sus carnes y la quemarán con fuego” Ap.17:16).

Finalmente, esta ramera, es juzgada y destruida por el Señor (Ap.17:1,16-17; 18:8,10, 15-21). “…porque en una hora ha sido asolada. Regocíjate sobre ella, cielo, y también vosotros, santos, apóstoles y profetas, porque Dios ha pronunciado juicio por vosotros contra ella. Entonces un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó al mar, diciendo: Así será derribada con violencia Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada” (Ap.18:19-21).

El mensaje de los tres ángeles y el anticristo

Antes de que la destrucción de la ramera, de las bestias, del falso profeta, del anticristo y del dragón se lleve a cabo, en el tiempo del juicio ejecutivo señalado para cada uno de ellos, se levantará una lucha satánica de todos estos poderes descritos anteriormente, contra el pueblo de Dios. “Entonces el dragón se enfureció contra la mujer, y salió para hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús” (Ap.12:17).  “Aquí está la perseverancia de los santos que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Ap.14:12). Dios ha levantado un resto de la mujer que es fiel a sus mandamientos, tiene el testimonio y la fe de Jesús. Este resto ha sido levantado por Dios como un movimiento profético de reavivamiento y reforma, para hacer frente a las maquinaciones satánicas del anticristo y sus seguidores y predicar el evangelio eterno a todos los que moran en la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo (Ap.14:6). Esta guerra satánica del anticristo, en unión con todos los poderes de la tierra y todos los seguidores que se oponen a Cristo hasta el final de la historia de la humanidad, no concluirá sin una oposición firme y poderosa del Cordero junto a los hijos de Dios, llamados santos, fieles y verdaderos (Ap. 17:14; 18:20-21,24; 13:7).

El Señor levantó un pueblo con un mensaje profético amargo y dulce a la vez (Ap.10:8-10), pero lleno de esperanza, con el siguiente mensaje: “Debes profetizar otra vez acerca de muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (Ap.10:11). Este mensaje profético del evangelio eterno y la lucha satánica del anticristo contra Dios y su pueblo está descrito en todo el libro del Apocalipsis y principalmente en los mensajes angélicos. El primer ángel o mensajero predica a gran voz, haciendo énfasis en dar la reverencia y la gloria a Dios, la llegada de la hora del juicio y la adoración al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas (Ap.14:7). El segundo ángel señala la caída de Babilonia y los pecados que todas las naciones cometieron por la inmoralidad de Babilonia. El tercer ángel clama con voz poderosa: “Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe una marca en su frente o en su mano, él también beberá dl vino del furor de Dios, que está preparado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y en presencia del Cordero. Y el humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos; y no tienen reposo, ni de día ni de noche, los que adoran a la bestia y a su imagen, cualquiera que reciba la marca de un nombre” (Ap.14:9-11).

A estos tres mensajeros hay que añadir otro ángel que desciende del cielo y complementa el anuncio de la caída de Babilonia con gran poder, iluminando la tierra con su gloria. “Y clamó con potente voz, diciendo: ¡Cayó, cayó la gran Babilonia! Se ha convertido en habitación de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo y en guarida de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino de la pasión de su inmoralidad, y los reyes de la tierra han cometido actos inmorales con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con la riqueza de su sensualidad. Y oí otra voz del cielo que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no participéis de sus pecados y para que no recibáis de sus plagas; porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus iniquidades” (Ap.18:2-5).

La confrontación final entre el pueblo de Dios y el anticristo está centrada, como vemos, en la elección entre las demandas del creador y las imposiciones del anticristo. Lo que el creador solicita no es un tema de discusión, él ordena: Anunciar el evangelio eterno, reverencia, adoración solo a él, obediencia a todos sus mandamientos, perseverancia, fidelidad al testimonio de Jesús y fe en Jesús. Por otro lado, el Creador demanda rechazar la imposición de adoración por parte de la bestia y su imagen, rechazar la imposición de la marca de la bestia y el número de su nombre y rechazar todas las falsas doctrinas de Babilonia.

Este resto, remanente o pueblo de Dios, llamado los 144.000 y santos, cumple su cometido y llena toda la tierra con el mensaje del evangelio eterno. Nada ni nadie le detiene. Ni el hambre, ni las privaciones, ni las persecuciones, ni las amenazas de muerte o la unión de todos los poderes infernales junto a todos los seres humanos, con el fin de amedrentarlos, someterlos y llevarlos a la muerte. Al final de la lucha, se ven victoriosos junto al Cordero, en pie sobre el Monte Sion, con el nombre de Cristo y el de su Padre escrito en sus frentes, sin contaminación y sin mancha (Ap.14:1-5). El apóstol Juan los vio victoriosos en el mar de cristal. “Vi también como un mar de cristal mezclado con fuego, y a los que habían salido victoriosos sobre la bestia, sobre su imagen y sobre el número de su nombre, en pie sobre el mar de cristal, con arpas de Dios. Y cantaban el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: ¡Grandes y maravillosas son tus obras, oh Señor Dios, Todopoderoso! ¡Justos y verdaderos son tus caminos, oh Rey de las naciones! ¡Oh Señor! ¿Quién no temerá y glorificará tu nombre? Pues sólo tú eres santo; porque todas las naciones vendrán y adorarán en tu presencia, pues tus justos juicios han sido revelados” (Ap.15:2-4).

  1. Los seguidores de Satanás, de los demonios, de las bestias y de los falsos profetas: Los gobernantes, los infieles y los falsos cristianos.

La lucha comenzó en el cielo con el dragón y sus ángeles, contra Miguel y sus ángeles, pero el dragón y sus ángeles no pudieron vencer y fueron arrojados a la tierra. “Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama el diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero, fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él” (Ap.12:9). Satanás y sus ángeles, no pudiendo actuar libremente contra Cristo y sus seguidores para destruirlos definitivamente, puso en marcha su sabiduría, su astucia, sus artes, sus artimañas y engaños; revistiéndose de ángel de luz, con el fin de seducir a todos aquellos que se ponían a su alcance por medio de sus servidores que se disfrazaban de ministros de justicia, pero que eran falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazaban como apóstoles de Cristo (2ªCor.11:13-15),  con el fin de minar y difamar el mensaje de Cristo y sus seguidores, puso en marcha un plan diabólico para llevándolos, si fuera posible, a la apostasía y a la muerte.

El capítulo 12 de Apocalipsis nos informa de tres grandes ataques de Satanás y sus ángeles contra Cristo y sus seguidores, a través de los poderes humanos. El dragón, por medio del poder romano intento destruir al Mesías inmediatamente a su nacimiento. El profeta Juan nos dice: “Y el dragón se paró delante de la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo cuando ella diera a luz” (Ap.12:4). El segundo ataque del diablo fue durante la edad media, a través de la bestia del mar (Ap.13:5-7), del 538 al 1798. “Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila a fin de que volara de la presencia de la serpiente al desierto, a su lugar, donde fue sustentada por un tiempo, tiempos y medio tiempo” (Ap.12:13-14). Satanás no pudiendo destruir a la mujer con los ataques del papado, con las cruzadas y la inquisición (entre muchas otras muchas atrocidades políticas y religiosas que ahora no es el momento de comentar), planeó el tercer ataque que está en marcha y se desencadenará en el futuro cercano a la venida de Cristo, un plan desesperado para destruir al resto de la descendencia de la mujer, es decir, la iglesia remanente, fiel a los mandamientos de Dios, al testimonio de Jesús y a su fe. “Entonces el dragón se enfureció contra la mujer, y salió para hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús” (Ap.12:17). “Aquí está la perseverancia de los santos que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Ap.14:12).

El primer ataque que Satanás preparó contra Cristo, hasta llevarlo a la cruz, lo comentaremos en este punto. El segundo ataque lo ampliaremos al comentar el anticristo en el AT y hacer énfasis en el cuerno pequeño de Daniel 7 y el resto de las profecías y el tercer ataque en su mayor furia está en el futuro, cuando se forme la imagen de la bestia, apoyada por el dragón, la bestia del mar y el falso profeta (Ap.14:9-11; 16:13-14); así como la bestia de Apocalipsis 17 liderada por la gran ramera que actuarán contra Cristo y sus santos.

Los gobernantes romanos y dirigentes de Israel

El primer intento para destruir a Cristo y su evangelio lo puso en marcha el diablo, en el mismo momento del nacimiento de Jesús, a través de los fieles seguidores de Satanás, con el rey Herodes a la cabeza y continuó con los líderes judíos y el apoyo del gobierno romano y los paganos, hasta dar muerte al Mesías en la cruz. El evangelista Mateo nos informa de la visita de unos sabios de oriente y de las maquinaciones asesinas del rey Herodes, contra el recién nacido Jesús y del desprecio de los sacerdotes y rabinos. Los sacerdotes conocían lo que los profetas habían profetizado referente al Cristo, que ocuparía el trono de David.

Cuando los sabios llegaron a Jerusalén preguntaron: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle” (Mt.2:2). Cuando el rey Herodes supo de la noticia, se turbó, pues este astuto idumeo, pensaba que tenía un rival para el trono. Entonces llamando a los principales sacerdotes y escribas del pueblo, indagó de ellos dónde había de nacer el Cristo a lo que le respondieron: “En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: “Y TU, BELEN, TIERRA DE JUDA, DE NINGUN MODO ERES LA MAS PEQUEÑA ENTRE LOS PRINCIPES DE JUDA; PORQUE DE TI SALDRA UN GOBERNANTE QUE PASTOREARA A MI PUEBLO ISRAEL” (Mt.2:5-6).

Sin embargo, el orgullo y la envidia de los sacerdotes y ancianos de Jerusalén cerraron la puerta a los informes que traían los sabios y los pastores. Ellen G. White nos comenta que los sacerdotes y rabinos, “Resolvieron demostrar un desprecio por los informes que agitaban al rey Herodes y a toda Jerusalén. Ni aun quisieron ir a Belén para ver si esas cosas eran así. E indujeron al pueblo a considerar el interés en Jesús como una excitación fanática. Así empezaron a rechazar a Cristo los sacerdotes y rabinos. Desde entonces, su orgullo y terquedad fueron en aumento hasta transformarse en odio arraigado contra el Salvador. Mientras Dios estaba abriendo la puerta a los gentiles, los dirigentes judíos se la estaban cerrando a sí mismos” (DTG, pág.44).

Conociendo Herodes, el peligro que le acechaba, urdió un plan secreto solicitando de los sabios de oriente que le informaran el lugar del nacimiento del niño para ir a adorarle también, pero sus maquinaciones buscaban matarlo (Mt.2:7-8). Los sabios, advertidos en sueños por el Señor, no regresaron a Jerusalén. “Satanás estaba resuelto a privar al mundo de la luz divina, empleó su mayor astucia para destruir al Salvador” (DTG, pág.46). La astucia de Herodes había fracasado, pero le quedaba el recurso de la fuerza. Iba a hacer un escarmiento en este niño rey. “Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió lo que fue dicho por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: SE OYO UNA VOZ EN RAMA, LLANTO Y GRAN LAMENTACIÓN; RAQUEL QUE LLORA A SUS HIJOS Y QUE NO QUISO SER CONSOLADA PORQUE YA NO EXISTEN” (Mt.2:16-18).

De aquí en adelante, Satanás no iba a descansar hasta ver al niño destruido, y para ello se valdría de todos aquellos que estuvieran dispuestos a oponerse a Cristo y a sus buenas nuevas. Desde el mismo principio del ministerio redentor de Jesús, después de su bautismo, los dirigentes judíos decidieron oponerse a Cristo. La obscuridad sembrada por Satanás en sus mentes les impedía ver la luz de las profecías referentes al Mesías que habían anunciado los profetas. La influencia de los fariseos y dirigentes de Israel era tan grande en el pueblo, que aún sus mismos parientes dudaban de Jesús y decían que estaba fuera de sí (Mc.3:21). Los mensajes de Jesús y sus acciones sanadoras eran puestas en duda como provenientes del mismísimo Satanás. Los fariseos buscaban actos de Jesús o alguna palabra sobre la ley para poder acusarle (Mt.12:2,10). En cierta ocasión trajeron a Jesús un endemoniado ciego y mudo, y lo sanó, de manera que el mudo hablaba y veía. Al ver el milagro, la multitud se preguntaba si Jesús fuera el Hijo de David, sin embargo, los fariseos cuando vieron el pensar de la multitud exclamaron: “Este no expulsa los demonios sino por Beelzebú, el príncipe de los demonios (Mt.12:24).

Los fariseos, escribas y dirigentes de Israel habían escogido el camino de Satanás, oponiéndose fieramente a Jesús como representante y Mesías enviado por Dios, y al señalar sus obras como provenientes de Satanás, en realidad el camino emprendido era el pecado contra el Espíritu Santo. Jesús conocía los pensamientos de ellos y sabía lo que albergaban en sus mentes, entonces Jesús trató de hacerles razonar antes de que se consumaran sus malos pensamientos y obraran por la fuerza para llevarlo a la cruz y es por ello que les dijo: “Y si Satanás expulsa a Satanás, está dividido contra sí mismo; ¿cómo puede entonces mantenerse en pie su reino? Y si yo expulso los demonios por Beelzebú, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. Pero si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros. ¿O cómo puede alguien entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata? Y entonces saqueará su casa” (Mt.12:26-29).

Estas preguntas y reflexiones de Jesús sobre sus actos y misión dirigidas a los fariseos y escribas de poco sirvieron, como veremos más adelante, aunque no todos los dirigentes de Israel apostataron de Jesús y rechazaron sus palabras. No obstante, Jesús dejo bien clara su posición delante de todos aquellos que escucharon sus palabras y vieron sus actos. “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. Por eso os digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero el que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero” (Mt.12:30-32).

El conflicto entre Jesús y los dirigentes de Israel iba en aumento y ya no se podía detener porque el espíritu que les guiaba era el del diablo; la maldad y la mala semilla albergadas en sus mentes, a su tiempo darían su fruto. Jesús les dirigió palabras duras para hacerles reaccionar, pero fue en vano. “! Camada de víboras ¡¿Cómo podéis hablar cosas buenas siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mt.12:34). Y lo que había en el corazón de muchos de los líderes de Israel era la semilla de la cizaña sembrada por el diablo (Mt.13:14-15, 38-39). Todas las buenas obras de sanación que Jesús hacía y los mensajes de esperanza que Cristo enseñaba eran utilizados por los líderes judíos para volverlos en su contra. La sanación del paralítico de Betesda en día de sábado es un ejemplo de la radical oposición hacia Jesús. Después de la sanación del paralítico de Betesda los dirigentes judíos persiguieron a Jesús por haber sanado al paralítico en sábado a lo que Jesús les respondió: “Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo. Entonces, por esta causa, los judíos aún más procuraban matarle, porque no sólo violaba el día de reposo, sino que también llamaba Dios su propio Padre, haciéndose iguala Dios” (Jn.5:17-18).

A partir de la fiesta de los tabernáculos del otoño del año 30 la tensión entre Cristo y los fariseos, los sacerdotes, los escribas y los ancianos líderes de Israel iría en aumento, hasta culminar en un juicio dirigido por el diablo, sentenciando a Jesús a morir en la cruz. Durante la fiesta de los tabernáculos Jesús puso de manifiesto cual era la procedencia de su enseñanza: “Mi enseñanza no es mía, sino del que me envió. Si alguien quiere hacer su voluntad, sabrá si mi enseñanza es de Dios o si hablo de mí mismo. El que habla de sí mismo busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero y no hay injusticia en El” (Jn.7:16-18). La reacción de los líderes fue buscar una ocasión para prenderle y matarle (Jn.7:19,32), pero el momento todavía no había llegado.

Jesús se mostró ante su pueblo como siendo la luz del mundo, pero los fariseos le replicaron diciéndole que su testimonio no era verdadero pues El daba testimonio de sí mismo (Jn.8:12-13). Los dirigentes de Israel se jactaban de tener por padre a Abrahán y a Dios, siguiendo sus enseñanzas, pero Jesús les acusó diciendo: “Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais, porque yo salí de Dios y vine de Él, pues no he venido por mi propia iniciativa, sino que El me envío. ¿Por qué no entendéis lo que digo? Porque no podéis oír mi palabra. Sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira. Pero porque yo digo la verdad, no me creéis” (Jn.8:42-45). Los líderes de Israel no solamente se oponían a Jesús, sino que además rechazaban su testimonio, sus enseñanzas y su procedencia. Se mostraban como el anticristo descrito por Juan en sus epístolas. El espíritu que les guiaba era del diablo. Jesús fue acusado no pocas veces de ser samaritano y estar endemoniado, pero Jesús les respondió diciendo que Él no tenía ningún demonio, sino que honraba a su Padre, en cambio ellos le deshonraban a Él (Jn.8:48-49,52; 10:20-21).

El camino final de la apostasía de la gran parte de los líderes de Israel, su oposición a Cristo y rechazo de su ministerio llegó a su culminación con la resurrección de Lázaro. Jesús le dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá eternamente, ¿Crees esto?” (Jn.11:25-26).  Jesús resucitó a Lázaro después de estar cuatro días muerto y al ver el milagro realizado por Jesús, muchos creyeron en El y algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho y desde ese día planearon entre si matar a Jesús y a Lázaro (Jn.11:45-46, 53; 12:10-11). Entonces los principales sacerdotes y los fariseos convocaron un concilio, y decían: ¿Qué hacemos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos seguir así, todos van a creer en El, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar y nuestra nación. Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote ese año, les dijo: Vosotros no sabéis nada, ni tenéis en cuenta que os es más conveniente que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca (Jn.11:47-50). De esta forma se afianzaban en la oposición a Cristo, a sus enseñanzas y a sus obras.

Semana de la pasión

Camino de Jerusalén, Jesús puso de manifiesto a sus discípulos quienes iban a ser sus oponentes hasta llevarlo a la muerte: “He aquí, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará” (Mt.20:17-18).  La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén como rey de Israel había sido anunciada por los profetas y las multitudes reconocieron a Jesús como el profeta esperado pues iban detrás de Él gritando: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” (Mt.21: 9). Esta entrada triunfal de Jesús en Jerusalén como rey de Israel, nada gustó a los principales sacerdotes y ancianos de los judíos y es por ello que agregaron otro episodio más para matarle.

Al día siguiente Jesús entró en el templo y echó fuera a los que vendían y compraban en el templo, volcó las mesas de los cambistas y los asientos de los que vendían palomas (Mc.11:15). Estos acontecimientos solo sirvieron para que los fariseos, los escribas y los ancianos se pusieran más en contra de Jesús y es por ello que le preguntaron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, o quién te dio la autoridad para hacer esto? (Mc.11:28), a lo cual Jesús les respondió con la parábola de los labradores malvados, en la cual Jesús muestra como los labradores matan al heredero para quedarse con la viña. Terminada la parábola que Jesús les relató les hizo una pregunta: “¿Qué hará, entonces, el dueño de la viña? (Mc.12:9). Los principales sacerdotes, los escriban y los ancianos que habían seguido con atención el relato de la parábola respondieron: “Vendrá y destruirá a los labradores, y dará la viña a otros” (Mc.12:9). La parábola de Jesús fue comprendida por sus oponentes y aunque dijeron: ¡Nunca suceda tal cosa! (Lc.20: 16), no por ello dejaron de maquinar y trazar planes para matarle.

Jesús caracterizó a los escribas y los fariseos como anticristos, sentados en la cátedra de Moisés, pero llenos de rapiña, soberbia, orgullo, hipocresía y opositores al mensaje mesiánico. “Pero ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni vosotros entráis ni dejáis entrar a los que están entrando. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoráis las casas de las viudas, aun cuando por pretexto hacéis largas oraciones; por eso recibiréis mayor condenación. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros” (Mt.23:13-15).

Jesús continúa caracterizando a los escribas y fariseos como usurpadores, asesinos, guías ciegos, ladrones y sepulcros blanqueados. “! Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas¡, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros, por fuera parecéis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos” (…) ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna? Por eso, he aquí que yo envío a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad, para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre del inocente Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Berequías, a quien matasteis entre el santuario y el altar. Yo os aseguro: todo esto recaerá sobre esta generación. “¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va dejar desierta vuestra casa” (Mt.23:33-38). La sentencia ya estaba tomada sobre estos opositores de Cristo, sobre los falsos profetas y los infieles. Solo había que esperar el tiempo en que fuera rebelado el juicio de Dios y fueran destruidos estos malvados.

El camino del enfrentamiento final ya estaba trazado y nada podía evitar el desenlace fatal. Satanás había tomado dominio de los líderes judíos y también de uno de los discípulos de Jesús.  Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes para entregar a Jesús (Mt.26:14-15). Cuando cenaban, Jesús reveló a sus discípulos que uno de ellos le iba a entregar. Los profetas así lo habían anunciado (Jn.13:18), así que cuando Satanás entró en Judas, Jesús le dijo: “Lo que vas a hacer, hazlo pronto” (Jn.13:27). Así pues, Judas salió de la presencia de Jesús para ir en busca de ayuda de los principales sacerdotes, de los fariseos y de los ancianos, de los alguaciles que guardaban el templo y con un destacamento de la guardia romana que estaba estacionado en la fortaleza Antonia fueron al huerto de Getsemaní, donde Jesús se encontraba orando, con linternas, antorchas y armas, y le prendieron (Jn.18:1-3,12; Mt.26:47).

Entonces le llevaron a Anás y de allí al sumo sacerdote Caifás, donde estaban reunidos los escribas y los ancianos, para ser interrogado (Mt. 26:57; Jn.18:13-14, 19). Los principales sacerdotes y todo el concilio procuraban obtener falso testimonio contra Jesús, con el fin de darle muerte. Entonces el sumo sacerdote dijo a Jesús: “Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú mismo lo has dicho; sin embargo, os digo que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Padre, y viniendo sobre las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Ellos respondieron y dijeron ¡Es reo de muerte!” (Mt.26:63-66).

Cuando llegó la mañana, todos los principales sacerdotes, los ancianos del pueblo, los escribas y todo el concilio celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. El evangelista Lucas nos relata este hecho con estas palabras: “Cuando se hizo de día, se reunió el concilio de los ancianos del pueblo, tanto los principales sacerdotes como los escribas, y llevaron a Jesús ante su concilio, diciendo: Si tú eres el Cristo, dínoslo. Pero Él les dijo: Si os lo digo, no creeréis; y si os pregunto no responderéis. Pero de ahora en adelante, EL HIJO DEL HOMBRE ESTARA SENTADO A LA DIESTRA del poder DE DIOS.  Dijeron todos: Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios? Y Él les respondió: Vosotros decís que yo soy. Y ellos dijeron: ¿Qué necesidad tenemos ya de testimonio? Pues nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca” (Lc.22:66-71).

Y después de atarle, le llevaron y le entregaron a Pilato, el gobernador romano (Mt. 27:1-2; Mc.15:1). Y Jesús compareció delante del gobernador, y éste le interrogó, diciendo: “¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices” (Mt.27:11). Los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a las multitudes que pidieran soltar al malhechor Barrabás y que dieran muerte a Jesús. “Pilato les dijo: ¿Qué haré entonces con Jesús, llamado el Cristo? Todos dijeron: ¡Sea crucificado! Y Pilato dijo: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más diciendo: ¡Sea crucificado!» (Mt.27:22-23). Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al Pretorio, y reunieron alrededor de El a toda la cohorte romana. Y desnudándole, le pusieron encima un manto escarlata, y tejiendo una corana de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y una caña en su mano derecha; y arrodillándose delante de Él, le hacían burla, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! (Mt.27:27-29). Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que sepáis que no encuentro ningún delito en El. Jesús entonces salió fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el Hombre! Entonces, cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, gritaron, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: tomadle vosotros, y crucificadle, porque yo no encuentro ningún delito en El. Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según esa ley Él debe morir, porque pretendió ser el Hijo de Dios (Jn.19:4-7). Aunque Pilato intentó liberar a Jesús de la cruz, los dirigentes judíos presionaron a Pilato con estas palabras: “Si sueltas a éste, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se opone al César” (Jn.19:12). Entonces Pilato, cuando oyó estas palabras, sacó fuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en un lugar llamado el Empedrado, y en hebreo Gabata y les dijo a los judíos: “He aquí vuestro Rey”. Entonces ellos gritaron: ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: ¿He de crucificar a vuestro Rey? Los principales sacerdotes respondieron: No tenemos más rey que el César” (Jn.19:15). El gobernador romano, aunque con cierta reticencia, terminó por aceptar el juicio dictaminado por los dirigentes judíos y el apoyo de los judíos procedentes de la diáspora que habían venido a celebrar la pascua (2), y lavándose las manos les entregó a Jesús para que fuera crucificado (Mt.27:21-25; Jn.19:16).

Los soldados romanos tomaron a Jesús y El salió cargando su cruz al sitio llamado el Lugar de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota donde le crucificaron. La causa de su crucifixión fue colocada en la cruz (Mc.15:26). “Y pusieron sobre su cabeza la acusación contra El, que decía: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDIOS (Mt.27:37). Y el apóstol Juan añade algo más: “Pilato también escribió un letrero y lo puso sobre la cruz. Y estaba escrito: JESUS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDIOS.”  Entonces, muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, en latín y en griego” (Jn.19:19-20).

Finalmente, Jesús fue juzgado, sentenciado y crucificado, por los dirigentes religiosos del pueblo de Israel y el poder político y militar romano, por ser lo que Jesús decía ser y verdaderamente era: El Mesías, el Cristo, el Rey de los judíos, el Rey de Israel, el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre. El Salvador.

Después de la resurrección de Cristo la incipiente iglesia daba testimonio de Jesús y ante las preguntas formuladas por los gobernantes y ancianos de Israel, por la sanación de un cojo (Hech.4:5-7), el evangelista Lucas recoge las palabras del apóstol Pedro en Jerusalén y ante el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes, Pedro lleno del Espíritu Santo, les dijo: “Gobernantes y ancianos del pueblo, si se nos está interrogando hoy por causa del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste ha sido sanado, sabed todos vosotros, y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos, por El, este hombre se halla aquí sano delante de vosotros. Este Jesús es la PIEDRA DESECHADA por vosotros LOS CONSTRUCTORES, pero QUE HA VENIDO A SER LA PIEDRA ANGULAR. Y en ningún otro hay salvación porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hech.4:8-12). Cristo es el Salvador de los pecadores arrepentidos, el único camino de salvación y todos aquellos que no aceptan su persona y su mensaje, se oponen y se colocan del lado del anticristo.

Y después que Pedro y Juan fueron liberados de la cárcel, contaron ante los hermanos todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho y juntos alzaron unánimes la voz a Dios diciendo: “Oh, Señor, tú eres el que HICISTE EL CIELO Y LA TIERRA, EL MAR Y TODO LO QUE EN ELLOS HAY, el que, por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo dijiste: ¿Por qué SE ENFURECIERON LOS GENTILES Y LOS PUEBLOS TRAMARON COSAS VANAS? SE PRESENTARON LOS REYES DE LA TIERRA Y LOS GOBERNANTES SE JUNTARON A UNA CONTRA EL SEÑOR Y CONTRA SU CRISTO. Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste, para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera” (Hech.4:24-28). Queda claro el ataque satánico del diablo y los demonios a través de sus agentes terrenales, contra Cristo y su iglesia.

Los falsos cristianos y los infieles (3)

El incipiente cristianismo después de la muerte de Cristo con la predicación del evangelio de la resurrección de los muertos y la venida en gloria del Mesías para restaurar la tierra y establecer su reino terrenal eterno, no iba a dejar indiferente a Satanás y a sus colaboradores. Los mensajes de Cristo a los dirigentes de las iglesias nos advierten de la lucha satánica emprendida para destruir la iglesia y hacerle transgredir sus doctrinas. Jesús le dice a la iglesia de Esmirna:

“Yo conozco tu tribulación y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que son sinagoga de Satanás. No temas lo que estás por sufrir. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Ap.2:9-10). Y a la iglesia de Pérgamo le envía este mensaje: Yo sé dónde moras: donde está el trono de Satanás: Guardas fielmente mi nombre y no has negado mi fe, aun en los días de Antipas, mi testigo, mi siervo fiel, que fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás. Pero tengo unas pocas cosas contra ti, porque tienes ahí a los que mantienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos y a cometer actos de inmoralidad. Así tú también tienes algunos que de la misma manera mantienen la doctrina de los nicolaitas” (Ap.2:13-15).

Estas palabras de Jesús nos ponen de manifiesto que la lucha satánica se establece en el seno de la iglesia con los infieles al pacto y los falsos profetas. Estos opositores y adversarios a Cristo persiguen dos cosas: Introducir mentiras, errores y falsedades en las doctrinas y destruir a la iglesia. La sinagoga y el trono de Satanás estaban establecidos en el interior de la iglesia primitiva y por medio de las falsas doctrinas de Balaam y la idolatría, los actos de inmoralidad, la tribulación, la persecución, el sufrimiento, la cárcel y la muerte, trataban de destruir la incipiente iglesia de Cristo. Los anticristos que el apóstol Juan señalaba (1ªJn.2:18-19) ya estaban establecidos en el seno de la primitiva iglesia y estaban obrando, guiados por el espíritu de Satanás. Estos agentes de Satanás, infieles, falsos maestros y falsos profetas, continuarán obrando y oponiéndose a Cristo, a su evangelio y a su iglesia hasta la misma venida de Cristo en gloria, tal como Juan nos lo ha manifestado.

«Entonces vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos reunidos para hacer guerra contra el que iba montado en el caballo y contra su ejército. Y la bestia fue apresada y con ella el falso profeta que hacía señales en su presencia, con las cuales engañaba a los que habían recibido la marca de la bestia y a los que adoraban su imagen, los dos fueron arrojados vivos al lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de sus carnes» (Ap.19:19-21). Sin embargo, el conflicto final con el gran apóstata y opositor a Cristo, el diablo, “el anticristo por excelencia” con todos sus ángeles caídos, tendrán lugar al fin de los mil años y entonces recibirán el pago a su apostasía y oposición.

Ante tanta información del NT y tantos testimonios ejemplares ¿qué podemos resumir de todo cuanto estamos diciendo? Retomando lo que el apóstol Juan manifestó en sus dos primeras epístolas y todo lo que nos enseña el Nuevo Testamento sobre el anticristo, los anticristos y los que tienen el espíritu del anticristo.  En primer lugar, diremos que el anticristo, es el dragón, la serpiente antigua, el diablo y satanás, el príncipe de los demonios. El ser celestial creado por Dios, pero en rebeldía permanente contra todo lo que el Creador y Redentor representa.

En segundo lugar, los anticristos son todos aquellos que dirigidos y guiados por el espíritu de Satanás se oponen a Cristo, su evangelio, sus mandamientos, sus enseñanzas, su santuario, sus santos y su iglesia. Entre este grupo se encuentran los líderes y gobernantes judíos, los romanos, el hombre de pecado, la bestia del mar, todas las bestias proféticas de la tierra y todos los reyes de la tierra, los falsos profetas, los falsos cristos y la gran ramera y sus hijas. No obstante, hay un representante de Satanás en la tierra nombrado por el apóstol Juan como “el anticristo que viene” y reclama adoración, se sienta en el templo de Dios y se hace pasar por dios y que ampliaremos la información cuando hablemos del cuerno pequeño y del rey del Norte en el estudio de Antiguo Testamento.

En tercer lugar, se encuentran todos aquellos que manifiestan el espíritu del diablo, del maligno, sus seguidores. Los que no son fieles a los mandamientos de Dios y siguen los mandamientos de la bestia del mar, de su imagen y la adoran, los que tienen su marca. Los fieles seguidores de los falsos profetas. Todos los habitantes de la tierra que conscientemente o por ignorancia, pero por propia elección, se oponen a Cristo y a sus santos. Al final, el mundo quedará divido en dos grupos: De un lado el anticristo y los seguidores del anticristo, todos aquellos que se oponen a Cristo y de otro lado, los que están con Cristo, llamados fieles y santos. No hay más grupos: el trigo por un lado y la cizaña por el otro. Pero al fin todos los impíos serán destruidos por enfrentarse al REY DE REYES, llamado Cristo.  El hombre de pecado, la bestia del mar, la imagen de la bestia, la gran ramera y la bestia escarlata procedente del abismo, serán destruidos por el fuego que arde con azufre.

Y no solamente será destruida la gran ramera, sino también, todos los poderes de la tierra, los reyes, los falsos profetas, las religiones apóstatas, las hijas de la gran ramera, que han bebido el vino de Babilonia y se han convertido en habitación de demonios, los infieles de todas las religiones que se han opuesto a Cristo, así como todos los habitantes de la tierra que han apoyado las bestias, dirigidas y controladas por el diablo y sus ángeles, desde la misma caída de Adán y Eva, todos ellos, actuando unidos en contra de Dios, Cristo, su evangelio eterno, sus santos y sus profetas, son destruidos por la acción poderosa de Dios y su Hijo; llamado “Fiel y Verdadero” REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” “El Verbo de Dios” (Ap.19:11-16). Todos ellos han formado una unidad poderosa contra Cristo, todos ellos, son “anticristos” opositores a Cristo, como señaló Juan 1ªJn.2:18-19); “ahora han surgido muchos anticristos”. El Señor ha tenido mucha paciencia, pero la hora del juicio ha llegado para todos y serán destruidos por el resplandor de la venida del REY DE REYES.

Aún nos queda por estudiar el anticristo en el AT y descubrir el conflicto satánico desencadenado en el cielo, trasladado a la tierra, y sostenido por los agentes que el diablo utiliza contra Dios, su ley, su gobierno, su ungido y su pueblo, a través de toda la historia hasta el nacimiento del Mesías.

  1. EL ANTICRISTO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Tanto en los escritos del apóstol Juan como en el resto del NT, el diablo es identificado como “el anticristo” el maligno, el dragón, la serpiente antigua y Satanás. Estos nombres aplicados al anticristo en los escritos del NT, nos llevan a la siguiente pregunta: ¿De dónde reciben la información sobre el anticristo los escritores del NT? Independientemente de las visiones y revelaciones que hayan podido recibir cada uno de los escritores del Nuevo Testamento personalmente, la mayor información sobre el tema del anticristo la reciben del AT.

  1. El dragón, la serpiente antigua (4)

Desde el mismo principio de la creación de Adán y Eva, en el libro del Génesis, ya vemos la actividad de Satanás a través de un hermoso animal: La serpiente. “Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: “No comeréis de ningún árbol del Huerto”? (Gen.3:1). El apóstol Juan identifica esta serpiente antigua como siendo el dragón, el diablo, Satanás y el acusador, el cual engaña al mundo entero (Ap.12:9-10). El árbol de la sabiduría había sido puesto en el jardín del Edén como una prueba de obediencia y de amor a Dios, para Adán y Eva. Esta prueba era necesaria para la pareja, a fin de que pudieran crecer en la fe y la confianza en la voluntad del Creador.

Aunque Satanás solo podía acercarse a ellos junto al árbol prohibido y no podía obligarles a comer, sin embargo, con su sabiduría satánica ideó el plan de hablar a través de la serpiente con el fin de hacerles transgredir la voluntad del Creador. Elena de White nos comenta: “Para conseguir lo que quería sin ser advertido, Satanás escogió como medio a la serpiente, disfraz bien adecuado para su proyecto de engaño. La serpiente era en aquel entonces uno de los seres más inteligentes y bellos de la tierra. Tenía alas, y cuando volaba presentaba una apariencia deslumbradora, con el color y el brillo del oro bruñido. Posada en las cargadas ramas del árbol prohibido, mientras comía su delicioso fruto, cautivaba la atención y deleitaba la vista que la contemplaba. Así, en el huerto de paz, el destructor acechaba su presa” (PP, 36).

La mentira y el engaño, mezclado con parte de verdad, que la serpiente propuso a Eva, estaba calculada para hacerle dudar y desobedecer la ley establecida por el Creador. Eva tenía las cosas claras sobre todo cuanto Dios le había dicho sobre la comida, la obediencia y la muerte. Ella sabía que si tocaba o comía del árbol prohibido moriría (Gen.2:16-17; 3:2-3), pero su pensamiento cambió cuando la serpiente le informó que serían abiertos sus ojos, conociendo el bien y el mal y cuando le aseguró: “Ciertamente no moriréis” (Gen.3:4). Elena de White comenta este pasaje de esta manera: “La gran mentira original que le dijo a Eva en el Edén: “De seguro que no moriréis” (Gén.3:4, VM), fue el primer sermón que se predicó sobre la inmortalidad del alma. Fue coronado de éxito, y le siguieron resultados desastrosos. Satanás ha logrado que muchas mentes acepten ese sermón como si fuera verdad, y los predicadores lo proclaman, lo cantan y lo mencionan en sus oraciones” (1Testimonios para la Iglesia, pág.306). Tal fue el éxito de este mensaje que llevamos seis mil años con esa mentira y prácticamente toda la humanidad repite con fe y confianza el exitoso sermón espiritista. Satanás continúa mezclando parte de la verdad con la mentira, a través de todas sus agencias y seguidores, sabiendo el éxito conseguido.

A partir de la aceptación de esta mentira, la vida de la humanidad cambiaría drásticamente. Temor, desconfianza, dolor, degradación, maldición de la tierra y finalmente la muerte. No obstante, el Señor no les dejo sin esperanza. “Y pondré enemistad entre tí y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Gen.3:15). La guerra entre Cristo y Satanás, entre la verdad y el error, estaba declarada por segunda vez; la primera batalla se produjo en el cielo entre Cristo y Satanás, sobre el gobierno de Dios y la creación de Adán y Eva. Esta batalla es una profecía que abarcaría toda la historia de la humanidad hasta la destrucción definitiva del pecado y de Satanás. Elena de White comenta Gén.3:15 de esta manera:

“La divina sentencia pronunciada contra Satanás después de la caída del hombre fue también una profecía que, abarcando las edades hasta los últimos tiempos, predecía el gran conflicto en que se verían empeñadas todas las razas humanas que hubiesen de vivir en la tierra”

“Dios declara: “Enemistad pondré.” Esta enemistad no es fomentada de un modo natural. Cuando el hombre quebrantó la ley divina, su naturaleza se hizo mala y llegó a estar en armonía y no en divergencia con Satanás. No puede decirse que haya enemistad natural entre el hombre pecador y el autor del pecado. Ambos se volvieron malos a consecuencia de la apostasía. El apóstata no descansa sino cuando obtiene simpatías y apoyo al inducir a otros a seguir su ejemplo. De aquí que los ángeles caídos y los hombres malos se unan en desesperado compañerismo: Si Dios no se hubiese interpuesto especialmente, Satanás y el hombre se habrían aliado contra el cielo; y en lugar de albergar enemistad contra Satanás, toda la familia humana se habría unido en oposición a Dios” (C.S, pág.559).

Satanás ataca a Cristo, al plan de la redención en beneficio del hombre y acusa al Creador de las consecuencias del pecado. Elena de White lo expresa de este modo: “Lo que enciende la enemistad de Satanás contra la raza humana, es que ella, por intermedio de Cristo, es objeto del amor y de la misericordia de Dios. Lo que él quiere entonces es oponerse al plan divino de la redención del hombre, deshonrar a Dios mutilando y profanando sus obras, causar dolor en el cielo y llenar la tierra de miseria y desolación: y luego señala todos estos males como resultado de la creación del hombre por Dios” (CS, pág.560).  La revelación profética del Creador de la lucha entre la serpiente y la mujer, así como entre la simiente de la serpiente y la simiente de la mujer pone de manifiesto que solamente existen dos grupos, o bien estamos con Cristo o con Satanás, al lado de Cristo o en oposición a El “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt.12:30). Nadie puede quedarse al margen, o bien estamos con Cristo o con Satanás, además, separados de Cristo nada podemos hacer, estamos perdidos (Jn.15:5).

Así pues, la serpiente antigua, llamada el diablo y Satanás es el adversario, el opositor a Dios, sus leyes, su gobierno, su plan redentor, al mesías, a la mujer y a su descendencia.  El diablo es el anticristo y sus acompañantes son todos aquellos que rechazan la voluntad del Creador, su plan redentor en Cristo, sus leyes y su gobierno. Sin embargo, esta hostilidad, adversidad y oposición por parte de todos estos anticristos, tiene un límite y un fin, así lo manifestó el apóstol Pablo a los romanos “Y el Dios de paz aplastará pronto a Satanás debajo de vuestros pies” (Rom.16:20). Estas palabras de Pablo hacen alusión directa a Gen.3:15 donde se profetiza que la simiente de la mujer, que es Cristo (Gal.3:16), aplastará la cabeza de la serpiente. El apóstol Juan dejó bien claro que Cristo vino para destruir las obras del diablo (1ªJn. 3:8).

El mal pronto se extendió hasta que la tierra se corrompió “Y el Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal” (Gen.6:5). Es entonces cuando el Señor decidió borrar de la tierra al hombre que había creado, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las aves del cielo, exceptuando un pequeño remanente (Gen.6:6-7,12-13, 18-19). Satanás sintió nuevamente, que su triunfo se acercaba, sin embargo, una nueva promesa del Señor al remanente de ocho personas salvadas, hizo temblar a Satanás, pero no por ello desistió de sus pretensiones.

El adversario de Job

El apóstol Juan ya había identificado a la serpiente antigua como Satanás (Ap.12:9), pero la primera vez que aparece esta palabra aplicada a Satán o Satanás הַשָּׂטָ֖ן)  “el Satán” Job 1:6 WTT) como “el adversario” y “el opositor” a Dios, se encuentra en los dos primeros capítulos del libro de Job.

“Hubo un día cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse delante del SEÑOR, y Satanás vino también entre ellos. Y el SEÑOR dijo a Satanás: ¿De dónde vienes? Entonces Satanás respondió al SEÑOR, y dijo: De recorrer la tierra y de andar por ella. Y el SEÑOR dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temerosos de Dios y apartado del mal. Respondió Satanás al SEÑOR: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado en la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, verás si no te maldice en tu misma cara. Entonces el SEÑOR dijo a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu poder; pero no extiendas tu mano sobre él. Y Satanás salió de la presencia del SEÑOR (Job.1:6-12).

El texto claramente expresa la voluntad de Dios y la opinión de Satanás sobre los requerimientos del Señor. El argumento de Satanás es que Job obedece a Dios por interés y si le quita todo lo que tiene le maldecirá en su misma presencia. Satanás manifiesta una firme oposición al cumplimiento de la voluntad de Dios, delante del trono de Dios y de sus hijos; para Satanás la ley de Dios es deficiente y sus requerimientos hacia los seres humanos son injustos. Dios permite a Satanás que ponga en práctica sus teorías. Satanás aflige a Job destruyendo todo cuanto tiene: los bueyes, las asnas, las ovejas, los camellos, los criados y a sus hijos (Job.1:13-19). El diálogo entre el SEÑOR y Satanás se vuelve a repetir en otro momento y con un nuevo argumento: “…todo lo que el hombre tiene dará por su vida” (Job.2:4). Nuevamente el Señor permitió a Satanás realizar su malévolo plan, aunque con una restricción “Y el Señor dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; pero guarda su vida. Satanás salió de la presencia del Señor, e hirió a Job con llagas malignas desde la planta del pie hasta la coronilla” (Job.2:6-7). Una vez más vemos como Satanás actúa como el adversario del Señor y de sus hijos.

  1. Los agentes de Satanás: Los malos espíritus y los falsos profetas

Satanás, no siempre ha podido actuar personalmente en la tierra y contra la humanidad de una manera abierta, pero ha buscado estrategias a través de sus más fieles servidores: los demonios y los falsos profetas. Desde la misma eternidad Dios tiene un plan de redención para sus hijos a través del Mesías (Ap.13:8; 1ªPd.1:18-20; Ef.1:3-14), pero Satanás está dispuesto a interponerse de muchas maneras para que ese plan no tenga su cumplimiento y es por ello que actúa con estrategias sofisticadas para impedir que el pueblo del Señor no sea fiel al pacto y entre en la tierra prometida. Por todos los medios trata de esclavizar a los hijos de Dios y mantenerlos en la opresión, la desobediencia y el pecado.

El faraón y los magos

Fue el pecado lo que mantuvo en la esclavitud durante tantos años en Egipto a los hijos de Dios. “Y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y su clamor, a causa de su servidumbre, subió a Dios. Oyó Dios su gemido, y se acordó Dios de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y Dios los tuvo en cuenta” (Ex.2.23-25).

El Señor llamó a Moisés para liberar a su pueblo Israel de la esclavitud y llevarlo a la tierra de Canaán, el Señor le dijo a Moisés: “Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos. Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel,” (Ex.3:7-8).  El Señor ordenó a Moisés que descendiera con los ancianos de Israel al rey de Egipto con el siguiente mensaje: “El SEÑOR, el Dios de los hebreos, nos ha salido al encuentro. Ahora pues, permite que vayamos tres días de camino al desierto para ofrecer sacrificios al SEÑOR nuestro Dios” (Ex.3:18). El Señor le dio a Moisés poderosas señales para ejercer ante la presencia de Faraón (Ex.4:1-9; 4:21), con un nuevo mensaje para el rey de Egipto: “Así dice el SEÑOR: “Israel es mi hijo, mi primogénito. Y te he dicho: “Deja ir a mi hijo para que me sirva”, pero te has negado a dejarlo ir. He aquí, mataré a tu hijo, a tu primogénito.” (Ex.4:22-23). Moisés y Aarón obedecieron la orden del Señor, pero Faraón les dijo: “¿Quién es el SEÑOR para que yo escuche su voz y deje ir a Israel? No conozco al SEÑOR, y, además, no dejaré ir a Israel” (Ex.5:2). El Faraón respondió a la orden del Señor con arrogancia, desprecio, represión y tiranía hacia su pueblo (Ex.5:6-21).

El profeta Ezequiel identifica al Faraón rey de Egipto sobre el año 587 a.C. como el gran dragón. “Hijo de hombre, pon tu rostro contra Faraón rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto. Habla, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, Faraón rey de Egipto, el gran dragón que yace en medio de sus ríos, el cual dijo: Mío es el Nilo, pues yo lo hice” (Ez.29:2-3). Y el profeta Juan hablando sobre la bestia que sube del abismo que hace guerra contra los dos testigos, referidos al Antiguo y Nuevo Testamento, los vence y los mata (Ap.11:3-7) dice: “Y sus cadáveres yacerán en la calle de la gran ciudad, que simbólicamente se llama Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado” (Ap.11:8). Es decir, el Faraón está identificado con el Dragón, el diablo, y sus enseñanzas se transmiten hasta los tiempos de la revolución francesa.

La sierva del Señor aplica esta profecía a la Francia atea la cual se rebeló contra el Autor del universo, declarando mediante decreto de su asamblea legislativa, “no hay Dios”; de la misma forma que el arrogante Faraón. “La “gran ciudad” en cuyas calles son asesinados los testigos y donde yacen sus cuerpos muertos, “se llama simbólicamente Egipto.” De todas las naciones mencionadas en la historia de la Biblia, fue Egipto la que con más osadía negó la existencia del Dios vivo y se opuso a sus mandamientos. Ningún monarca resistió con tanto descaro a la autoridad del cielo, como el rey de Egipto. Cuando se presentó Moisés ante él para comunicarle el mensaje del Señor, el faraón contestó con arrogancia: “¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel.” (Éxodo 5:2.) Esto es ateísmo; y la nación representada por Egipto iba a oponerse de un modo parecido a la voluntad del Dios vivo, y a dar pruebas del mismo espíritu de incredulidad y desconfianza. La “gran ciudad” es también comparada “simbólicamente” con Sodoma. La corrupción de Sodoma al quebrantar la ley de Dios fue puesta de manifiesto especialmente en la vida disoluta. Y este pecado iba a ser también rasgo característico de la nación que cumpliría lo que estaba predicho en este pasaje. En conformidad con lo que dice el profeta, se iba a ver en aquel tiempo, poco antes del año 1798, que un poder de origen y carácter satánicos se levantaría para hacer guerra a la Biblia. Y en la tierra en que de aquella manera iban a verse obligados a callar los dos testigos de Dios, se manifestarían el ateísmo del faraón y la disolución de Sodoma.

Esta profecía se cumplió de un modo muy preciso y sorprendente en la historia de Francia. Durante la Revolución, de 1793, “el mundo oyó por primera vez a toda una asamblea de hombres nacidos y educados en la civilización, que se habían arrogado el derecho de gobernar a una de las más admirables naciones europeas, levantar unánime la voz para negar la verdad más solemne para las almas y renunciar de común acuerdo a la fe y a la adoración que se deben tributar a la Deidad.”-Sir Walter Scott, Life of Napoleon Buonaparte, tomo I, cap.17. “Francia ha sido la única nación del mundo acerca de la cual consta en forma auténtica que fue una nación erguida en rebelión contra el Autor del universo. Muchos blasfemos, muchos infieles hay y seguirá habiéndolos en Inglaterra, Alemania, España y en otras partes; pero Francia es la única nación en la historia del mundo, que, por decreto de su asamblea legislativa, declaró que no hay Dios, cosa que regocijó a todos los habitantes de la capital, y entre una gran mayoría de otros pueblos, cantaron y bailaron hombres y mujeres al aceptar el manifiesto.”- Blackwood´s Magazine, noviembre, 1870” (CS, pág.312-313).

“En donde también el Señor de ellos fue crucificado.” En Francia se cumplió también este rasgo de la profecía. En ningún otro país se había desarrollado tanto el espíritu de enemistad contra Cristo. En ninguno había hallado la verdad tan acerba y cruel oposición. En la persecución con que Francia afligió a los que profesaban el Evangelio, crucificó también a Cristo en la persona de sus discípulos” (C.S, pág.314).

La interpretación que Elena de White hace sobre Egipto, el Faraón y Francia, no deja lugar a dudas sobre la oposición a Dios, su palabra, su ley y su iglesia. El ateísmo de Egipto y Francia manifiestan la encarnación del anticristo. No necesitamos ver que la palabra “anticristo” no sea utilizada en el libro del Éxodo o del Apocalipsis para ver los actos opositores a la voluntad del Creador de estos dos pueblos y sus dirigentes. Pero volvamos al libro del Éxodo y continuemos viendo la oposición diabólica que el Faraón continuó ejerciendo contra el Creador y su pueblo.

 “Entonces se volvió Moisés al SEÑOR, y dijo: Oh Señor, ¿por qué has hecho mal a este pueblo? ¿Por qué me enviaste? Pues desde que vine a Faraón a hablar en tu nombre, él ha hecho mal a este pueblo, y tú no has hecho nada por librar a tu pueblo. Respondió el Señor a Moisés: Ahora verás lo que haré a Faraón; porque por la fuerza los dejará ir; y por la fuerza los echará de su tierra. Continuó hablando Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy el SEÑOR; y me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso, mas por mi nombre, SEÑOR, no me di a conocer a ellos. También establecí mi pacto con ellos, de darles la tierra de Canaán, la tierra donde peregrinaron. Y, además, he oído el gemido de los hijos de Israel, porque los egipcios los tienen esclavizados, y me he acordado de mi pacto. Por tanto, di a los hijos de Israel: “Yo soy el SEÑOR, y os sacaré de debajo de las cargas de los egipcios, y os libraré de su esclavitud, y os redimiré con brazo extendido y con juicios grandes. Y os tomaré por pueblo mío, y yo seré vuestro Dios, y sabréis que yo soy el SEÑOR vuestro Dios, que os sacó de debajo de las cargas de los egipcios. Y os traeré a la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y os la daré por heredad. Yo soy el SEÑOR” (Ex.5:22-6:8).

Esta cita pone de manifiesto varias cosas: 1) El Faraón se opone a los planes del Señor. 2) El Señor promete libertar a su pueblo utilizando la fuerza. 3) El Señor será fiel a su pacto de gracia. El corazón del Faraón se endureció tercamente y es por ello que el Señor estaba dispuesto a ejercer sus juicios y libertar a su pueblo con mano firme “… pondré mi mano sobre Egipto y sacaré de la tierra de Egipto a mis ejércitos, a mi pueblo los hijos de Israel, con grandes juicios. Y sabrán los egipcios que yo soy el SEÑOR, cuando yo extienda mi mano sobre Egipto y saque de en medio de ellos a los hijos de Israel” (Ex.7:4-5). El Señor enviaría diez plagas con el propósito de que Faraón conociera que el Dios de Israel era “el SEÑOR” y que oponerse a sus planes solo traería sus juicios sobre ellos y sus dioses (Ex.3:19-20; 7:4-5). Faraón no escuchó la palabra del Señor ante los juicios que estaban siendo ejecutados y buscó ayuda en sus magos para mostrar que sus dioses eran más poderosos que el Dios de Israel.

Al ejercer Moisés el poder de Dios ante el Faraón, los magos de Egipto imitaron con sus encantamientos los primeros actos de Moisés. “vinieron, pues, Moisés y Aarón a Faraón e hicieron tal como el SEÑOR les había mandado; y Aarón echó su vara delante de Faraón y de sus siervos, y ésta se convirtió en serpiente. Entonces Faraón llamó también a los sabios y a los hechiceros, y también ellos, los magos de Egipto, hicieron lo mismo con sus encantamientos; pues cada uno echó su vara, las cuales se convirtieron en serpientes. Pero la vara de Aarón devoró las varas de ellos (Ex.7:10-12).

La sierva del Señor, Elena de White, comentando este pasaje nos habla del poder de Satanás: “Los magos no convirtieron sus varas en verdaderas serpientes; ayudados por el gran engañador, produjeron esa apariencia mediante la magia. Está más allá del poder de Satanás cambiar las varas en serpientes vivas. El príncipe del mal, aunque posee toda la sabiduría y el poder de un ángel caído, no puede crear o dar vida; esta prerrogativa pertenece sólo a Dios. Pero Satanás hizo todo lo que estaba a su alcance. Produjo una falsificación. Para la vista humana las varas se convirtieron en serpientes. Así lo creyeron Faraón y su corte. Nada había en su apariencia que las distinguiese de la serpiente producida por Moisés. Aunque el Señor hizo que la serpiente verdadera se tragara a las falsas, Faraón no lo consideró como obra del poder de Dios, sino como resultado de una magia superior a la de sus siervos” (PP, pág. 268). Una vez más vemos como Satanás utiliza sus agentes humanos con el fin de oponerse e impedir el cumplimiento de la voluntad del Señor, por medio del engaño y la falsificación. Satanás busca menospreciar el poder del Señor y debilitar la fe de sus hijos impidiendo que sean libertados de la esclavitud egipcia y del pecado, haciendo que sus observadores confundan los actos del Señor como siendo ejecutados por el poder de los demonios de la misma forma que los fariseos y los sacerdotes acusaron a Jesús de obrar por medio de los demonios (Mt.12:24).

Elena de White comentando la obra de los magos nos dice: “Faraón deseaba justificar la terquedad que manifestaba al resistirse al divino mandato, y buscó algún pretexto para menospreciar los milagros que Dios había hecho por medio de Moisés. Satanás le dio exactamente lo que quería. Mediante la obra que realizó por intermedio de los magos, hizo aparecer ante los egipcios a Moisés y Aarón como simples magos y hechiceros, y dio así a entender que su demanda no merecía el respeto debido al mensaje de un ser superior. En esta forma la falsificación satánica logró su propósito; envalentonó a los egipcios en su rebelión, provocó, endurecimiento del corazón de Faraón contra la convicción del Espíritu Santo. Satanás también esperaba turbar la fe de Moisés y de Aarón en el origen divino de su misión, a fin de que sus propios instrumentos prevaleciesen. No quería que los hijos de Israel fuesen libertados de su servidumbre, para servir al Dios viviente (PP, pág. 268-269).

Satanás al actuar por medio de los encantamientos de los magos perseguía aún una meta más alta: Falsificar el poder de los actos redentores de Jesús y destruir la fe en Cristo como Hijo de Dios de los seres humanos que se acercaban a Cristo como su Salvador. Elena de White haciendo referencia a los encantamientos de los magos nos dice: “Pero el príncipe del mal tenía todavía un objeto más profundo al hacer sus maravillas por medio de los magos.  Él sabía muy bien que Moisés, al romper el yugo de la servidumbre de los hijos de Israel, prefiguraba a Cristo, quien había de quitar el yugo del pecado de sobre la familia humana. Sabía que cuando Cristo apareciese, haría grandes milagros para mostrar al mundo que Dios le había enviado. Satanás tembló por su poder. Falsificando la obra que Dios hacía por medio de Moisés, esperaba no sólo impedir la liberación del Israel, sino ejercer además una influencia que a través de las edades venideras destruiría la fe en los milagros de Cristo.  Satanás trata constantemente de falsificar la obra de Jesús, para establecer su propio poder y sus pretensiones. Induce a los hombres a explicar los milagros de Cristo como si fueran resultado de la habilidad y del poder humano. De esa manera destruye en muchas mentes la fe en Cristo como Hijo de Dios, y las lleva a rechazar los bondadosos ofrecimientos de misericordia hechos mediante el plan de redención” (PP, pág. 269).

Después del episodio de las serpientes, los magos de Egipto repitieron sus encantamientos reproduciendo las dos primeras plagas con el poder de Satanás (Ex.7:22; 8:7), pero al tratar de imitar la creación de piojos, no pudieron. “Y los magos trataron de producir piojos con sus encantamientos, pero no pudieron; hubo, pues, piojos en hombres y animales. Entonces los magos dijeron a Faraón: Este es el dedo de Dios. Pero el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó, tal como el SEÑOR había dicho” (Ex.8:18-19). El apóstol Pablo nos dice que en los últimos tiempos vendrían tiempos peligrosos, algunos apostatarían de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1ªTm.4:1; 2ªTm.3:1). “Y así como Janes y Jambres se opusieron a Moisés, de la misma manera éstos también se oponen a la verdad; hombres de mente depravada, reprobados en lo que respecta a la fe. Pero no progresarán más, pues su insensatez será manifiesta a todos como también sucedió con la de aquellos dos” (2ªTm.3:8-9).

De la historia del Faraón y las acciones de los magos podemos comprender que Satanás actúa a través de los seres humanos como un adversario contra Dios, su ley, su plan redentor, el Mesías y contra el pueblo de Dios. Podemos identificar al Faraón y sus magos como seguidores de Satanás y anticristos.

Los malos espíritus y los falsos profetas

Jesús nos advirtió contra los demonios, los falsos cristos y los falsos profetas. También Pablo, Pedro y Juan nos advirtieron contra Satanás, los malos espíritus, los falsos profetas y maestros. El Antiguo Testamento está lleno de advertencias sobre este aspecto. En el libro del Deuteronomio se nos advierte para que no seamos engañados.” Si se levanta en medio de ti un profeta o soñador de sueños, y te anuncia una señal o un prodigio, y la señal o el prodigio se cumple, acerca del cual él te había hablado, diciendo: “vamos en pos de otros dioses (a los cuales no has conocido) y sirvámosles, no darás oído a las palabras de ese profeta o de ese soñador de sueños; porque el SEÑOR tu Dios te está probando para ver si amas al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. En pos del SEÑOR vuestro Dios andaréis y a El temeréis; guardaréis sus mandamientos, escucharéis su voz, le serviréis y a Él os uniréis” (Deut.13:1-4).

Elena de White nos comenta: “Casi todas las formas de la hechicería y brujería antiguas se fundaban en la creencia de que es posible comunicarse con los muertos. Los que practicaban las artes de la necromancia aseveraban tener relaciones con los espíritus de los difuntos, y obtener de ellos un conocimiento de los acontecimientos futuros (PP, pág.739). El profeta Isaías nos advirtió también y nos enseñó cómo salir triunfadores de los demonios y los adivinos. El profeta Isaías y sus hijos fueron puestos por el Señor, como señales y prodigios en Israel. “Y cuando os digan: Consultad a los médium y a los adivinos que susurran y murmuran, decid: ¿No debe un pueblo consultar a su Dios? ¿Acaso consultará a los muertos por los vivos? ¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para ellos amanecer (Is.8:19-20).

A pesar de estas advertencias del Señor, el pueblo de Israel cayó en el engaño muchas veces. Un ejemplo lo tenemos con el rey Saúl que consultó a la adivina de Endor con el fin de conocer el futuro de su reinado, a través del profeta Samuel que había muerto. Los filisteos habían reunido su ejército para pelear contra Israel y Saúl al ver el campamento de los filisteos, tuvo miedo y su corazón se turbó en gran manera (1ªSam.28:1,4-5).  “Y Saúl consultó al SEÑOR, pero el SEÑOR no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. Entonces Saúl dijo a sus siervos: Buscadme una mujer que sea médium para ir a consultarla. Y sus siervos le dijeron: He aquí, hay una mujer en Endor que es médium” (1ªSam.28:6-7).

El rey Saúl fue engañado por Satanás al confiar en las visiones de una médium para conseguir librarse de la derrota de los filisteos, aunque él “conocía perfectamente el carácter de la necromancia. Esta había sido expresamente prohibida por el Señor, y se había pronunciado sentencia de muerte contra todos los que practicaran sus artes inicuas” (PP, pág. 732). Satanás mezcló las palabras del Señor reveladas al profeta Samuel cuando este vivía, (en este momento el profeta Samuel yacía muerto), con sus mentiras, para impresionar la mente de Saúl y llevarlo a la desesperación, al abandono de la fe y a la muerte (1ªSam.28:15-19; 31:4-8). “No fue el santo profeta de Dios el que vino, evocado por los encantamientos de la pitonisa. Samuel no estuvo presente en aquella guarida de los espíritus malos. Aquella aparición sobrenatural fue producida solamente por el poder de Satanás.  Resultó tan fácil asumir entonces, la forma de Samuel como tomar la de un ángel de luz cuando tentó a Cristo en el desierto” (PP, pág.734). Fue, el pecado propio de Saúl, su propia obstinación y rebelión lo que le llevó a la separación de Dios. “Saúl no se volvió a Dios con humildad y arrepentimiento. Lo que él buscaba no era el perdón de Dios, sino que se le librara de sus enemigos” (PP, pág. 732). Finalmente, el cronista inspirado por Dios registró la causa de la muerte de Saúl: “Así murió Saúl por la transgresión que cometió contra el SEÑOR por no haber guardado la palabra del SEÑOR, y también porque consultó y pidió consejo a una médium y no consultó al SEÑOR. Por tanto, Él le quitó la vida y transfirió el reino a David, hijo de Isaí (1ªCr.10:13-14). Como vemos Satanás utiliza a los seres humanos para transmitir sus mensajes de engaño y mentira para hacer que los hijos del Señor transgredan su voluntad y pierdan la salvación.

El espiritismo moderno: Un reavivamiento del antiguo 

La creencia espiritista de comunicarse con los muertos era la piedra angular de la idolatría pagana. Se creía que los dioses de los paganos eran los espíritus deificados de héroes desaparecidos. La religión de los paganos era un culto a los muertos y esta creencia permanece hasta entre los pueblos que profesan ser cristianos. La humanidad entera, excepto un pequeño número cree en la inmortalidad del alma y la vida inmediata a la muerte. Esta es la primera doctrina de Satanás dada a la humanidad. Elena de White nos comenta que el comienzo del espiritismo tiene su origen en Satanás con el engaño a Eva: “El espiritismo moderno y las formas de la brujería antigua y del culto idólatra, por tener todos ellos la comunión con los muertos, como principio vital, se basan en aquella primera mentira mediante la cual Satanás engaño a Adán y a Eva: “No moriréis; mas sabe Dios que el día que comiereis de él, seréis como dioses.” (Gén.3:4,5) Como se basan igualmente en la mentira y la perpetúan, provienen por igual del padre de las mentiras” (PP, pág.740).

La idolatría antigua, que abarcaba tanto el culto a los muertos como la pretendida comunicación con ellos, era una manifestación de la adoración a los demonios.  Los sacrificios que ofrecían los gentiles en su supuesta adoración de los muertos, en realidad era un culto a los demonios, de la misma forma que hacían los israelitas con sus hijos al sacrificarlos a los demonios (1ªCor.10:20; Sal. 106: 37-38; Ecl.9:5-6; Sal.146:4; Lev.20:6). Elena de White comentando la relación entre la magia antigua y moderna sobre el episodio de la adivina de Endor y los textos citados anteriormente de la Biblia nos pone de manifiesto que la hechicería, el culto a los muertos y los demonios es un renacimiento moderno de las doctrinas de Satanás.

“Ese espiritismo moderno, basado en el mismo fundamento, no es sino un renacimiento, en nueva forma, de la hechicería y del culto demoníaco que Dios había condenado y prohibido en la antigüedad. Estaba predicho en las Escrituras, las cuales declaraban: “En los venideros tiempos algunos apostataran de la fe, escuchando a espíritus de error y a doctrinas de demonios.” (1Tim. 4:1.) El apóstol Pablo, en su segunda epístola a los tesalonicenses, señala la obra especial de Satanás en el espiritismo como cosa que había de suceder inmediatamente antes de la segunda venida de Cristo. Hablando del segundo advenimiento de Cristo, declara que habría antes “operación de Satanás, con grande potencia, y señales, y milagros mentirosos.” (2ªTes.2.) Y Pedro, refiriéndose a los peligros a los cuales la iglesia se vería expuesta en los últimos días, dice que como hubo falsos profetas que indujeron a Israel a pecar, habrá falsos maestros, “que introducirán encubiertamente herejías de perdición y negarán al Señor que los rescató… y muchos seguirán sus disoluciones” (2Ped.2:1,2). (PP, págs. 741-742).

Elena de White inmediatamente después de esta cita no duda en relacionar el espiritismo con los anticristos y los que niegan al Padre y al Hijo, en los escritos de Juan.

“Así anunció el apóstol una de las características más señaladas de los maestros espiritistas. Se niegan a reconocer a Cristo como el Hijo de Dios. Tocante a esta clase de maestros, el amado apóstol Juan declara: “¿Quién es mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este tal es anticristo, que niega al Padre y al Hijo. Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre.” (1Juan 2.22, 23.) El espiritismo, al negar a Cristo, niega tanto al Padre como al Hijo, y la Biblia declara que es manifestación del anticristo”.

“Al predecir la perdición de Saúl por medio de la pitonisa de Endor, Satanás quería entrampar al pueblo de Israel. Esperaba que, dicho pueblo llegara a tener confianza en la pitonisa, y se viera inducido a consultarla. Así se apartaría de Dios como su consejero, y se colocaría bajo la dirección de Satanás” (PP, pág.742).

Los falsos profetas

Satanás está siempre dispuesto a luchar en contra del pueblo de Dios, aun utilizando a los que una vez estuvieran al servicio del Señor, como es el caso del profeta Balaam. El pueblo de Israel se dirigía a la prometida tierra de Canaán y Satanás no se iba a rendir fácilmente hasta lograr sus propósitos, trataría de impedir los planes del Señor para su pueblo, utilizando todos los recursos a su alcance.

Los hijos de Israel acamparon en las llanuras de Moab, al otro lado del Jordán, frente a Jericó. Balac, rey de Moab, tuvo miedo a causa de Israel, a pesar de que los moabitas no habían sido molestados (Num.22:1-3). “Pero, como Faraón, decidieron acudir al poder de la hechicería para contrarrestar la obra de Dios. Atraerían una maldición sobre Israel” (PP, pág.467). Así pues, Balac envió mensajeros a Balaam, hijo de Beor, en Petor, para llamarlo, diciendo: “Mira, un pueblo salió de Egipto y he aquí, cubren la faz de la tierra y habitan frente a mí. Ven ahora, te ruego, y maldíceme a este pueblo porque es demasiado poderoso para mí; quizá pueda derrotarlos y echarlos de la tierra. Porque yo sé que a quien tú bendices es bendecido, y a quien tú maldices es maldecido” (Num.22:5-6). Balaam había sido una vez hombre bueno y profeta de Dios; pero había apostatado, y se había entregado a la avaricia, aunque todavía profesaba servir fielmente al Altísimo. Elena de White nos comenta: “Balaam “amó el premio de la maldad,” (2Ped. 2:15.) El pecado de la avaricia que, según la declaración divina, es idolatría, le hacía buscar ventajas temporales, y por ese solo defecto, Satanás llegó a dominarlo por completo. Esto ocasionó su ruina. El tentador ofrece siempre ganancia y honores mundanos para apartar a los hombres del servicio de Dios” (PP, pág.469).

Aún con la oposición y desagrado del Señor, Balaam se puso en marcha con el fin de conseguir las riquezas que él anhelaba (Núm.22: 7, 15-17, 12, 21-22). El profeta Balaam intentó de muchas maneras, a través de los sacrificios, atraer la maldición de Dios sobre su pueblo, pero todos sus intentos fueron vanos y concluyó prediciendo el exterminio total de Moab y de Edom, de Amalec y de los cineos, con lo que privó al rey de los moabitas de todo rayo de esperanza (PP, pág.480). Sin embargo, Satanás no se desanimó en su plan y tentó nuevamente al profeta a través de la codicia. Mientras Israel habitaba en Sitim, el pueblo comenzó a prostituirse con las hijas de Moab. Las madianitas invitaron al pueblo de Israel a los sacrificios que hacían a sus dioses, y el pueblo comió y se postró ante sus dioses (Núm.25:1-3,6, 17-18; 31:15-18). Moisés estaba atareado en la preparación de la ocupación de la tierra de Canaán y antes de que hubieran transcurrido muchas semanas, su historia quedó manchada por las más terribles desviaciones de la virtud e integridad.

Elena de White nos comenta este incidente de esta manera: “Al principio hubo muy pocas relaciones entre los israelitas y sus vecinos paganos; pero después de algún tiempo, las mujeres madianitas comenzaron a introducirse en el campo. La aparición de ellas no causó alarma, y tan cautelosamente llevaron a cabo sus planes que nadie llamó la atención de Moisés al asunto. Estas mujeres tenían por objeto, en sus relaciones con los hebreos, seducirlos para hacerles violar la ley de Dios, llamar la atención a costumbres y ritos paganos, e inducirlos a la idolatría. Ocultaron diligentemente estos motivos bajo la máscara de la amistad, de modo que ni siquiera los guardines del pueblo los sospecharon (PP, pág.484).

Elena de White nos comenta que fue la codicia del profeta Balaam y el abandono del poder del Espíritu de Dios lo que llevó a Satanás a trazar el plan diabólico para hacer caer en apostasía al pueblo de Israel a través de Balaam: “frustrado en sus esperanzas de riquezas y de elevación, en desgracia con el rey, y sabiendo que había incurrido en el desagrado de Dios, Balaam volvió de la misión que se había impuesto a sí mismo. Después que llegara a su casa, le abandonó el poder del Espíritu de Dios que lo había dominado, y prevaleció su codicia, que hasta entonces había sido tan sólo refrenada. Está dispuesto a recurrir a cualquier ardid para obtener la recompensa prometida por Balac. Balaam sabía que la prosperidad de Israel dependía de que éste obedeciera a Dios y que no había manera alguna de ocasionar su ruina sino induciéndole a pecar. Decidió entonces conseguir el favor de Balac, aconsejándoles a los moabitas el procedimiento que se había de seguir para traer una maldición sobre Israel.

Regresó inmediatamente a la tierra de Moab y expuso sus planes al rey. Los moabitas mismos estaban convencidos de que mientras Israel permaneciera fiel a Dios, él sería su escudo. El proyecto propuesto por Balaam consistiría en separarlos de Dios, induciéndoles a la idolatría. Si fuese posible hacerles participar en el culto licencioso de Baal y Astarté, ello los enemistaría con su omnipotente Protector, y pronto serían presa de las naciones feroces y belicosas que vivían en derredor suyo. De buena gana aceptó el rey este proyecto y Balaam mismo se quedó allí para ayudar a realizarlo (PP, págs.480-481).

“Por consejo de Balaam, el rey de Moab decidió celebrar una gran fiesta en honor de sus dioses, y secretamente se concertó que Balaam indujera a los israelitas a asistir. Ellos le consideraban profeta de Dios, y no le fue difícil alcanzar su fin. Gran parte del pueblo se reunió con él para asistir a las festividades. Se aventuraron a pisar terreno prohibido y se enredaron en los lazos de Satanás. Hechizados por la música y el baile y seducidos por la hermosura de las vestales paganas, desecharon su lealtad a Jehová. Mientras participaban de la alegría y en los festines, el consumo de vino ofuscó sus sentidos y quebrantó las vallas del dominio propio. Predominó la pasión en absoluto; y habiendo contaminado su conciencia por la lascivia, se dejaron persuadir a postrarse ante los ídolos. Ofrecieron sacrificios en los altares paganos y participaron en los ritos más degradantes” (PP, págs. 484-485).

Balaam presenció el éxito de su plan diabólico. Vio cómo caía la maldición de Dios sobre su pueblo y cómo millares eran víctimas de sus juicios; pero la justicia divina que castigó el pecado en Israel no dejo escapar a los tentadores. En la guerra de Israel contra los madianitas, Balaam fue muerto (PP, pág.481).

El apóstol Juan escribiendo a la iglesia de Pérgamo nos dice que, en esta iglesia, Satanás estableció su trono, morando en ella, y que algunos de sus adoradores mantenían la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos y a cometer actos de inmoralidad (Ap.2:14). Satanás utiliza su poder persuasivo para engañar a los hijos de Dios, usa a los falsos profetas, la idolatría, la inmoralidad y todo lo malo, para hacer que el pueblo de Dios transgreda su voluntad. Satanás está contra Dios, contra Cristo y contra su iglesia, es el anticristo por excelencia y sus fieles agentes cumplen sus órdenes por la codicia y por el engaño. No importa en la época de la historia de la humanidad en que nos movamos, Satanás no descansa hasta conseguir desviar al pueblo de Dios de su ley y de sus promesas.

 

 

David frente a los engaños de Satanás

El rey David fue ungido por el profeta Samuel para liderar el pueblo de Israel y el Señor le concedió el Espíritu Santo para realizar su misión “Samuel tomó el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos; y el Espíritu del SEÑOR vino poderosamente sobre David desde aquel día en adelante” (1ªSam.16:13). A partir de este momento, David fue guiado por el poder del Espíritu Santo para cumplir la misión de libertar a Israel de la opresión de los filisteos. Después de la muerte de Saúl, David fue ungido por los ancianos y proclamado rey de Israel y “comprendió David que el SEÑOR lo había confirmado por rey sobre Israel, y que había exaltado su reino por amor a su pueblo Israel” (2ªSam.5:1-5,12).

Elena de White nos comenta: “La historia de David ofrece uno de los más impresionantes testimonios que jamás se hayan dado con respecto a los peligros con que amenazan al alma el poder, la riqueza y los honores, las cosas que más ansiosamente codician los hombres” (PP, pág.808).

La vida de David no fue fácil aun con la dirección del Espíritu Santo. El éxito y los honores mundanos debilitaron su carácter, le llevaron a cometer muchos errores y fue vencido por el tentador y aunque se arrepintió de todos sus errores profundamente, sufrió las consecuencias del pecado (Sal.32 y 51; 2ªSam.12:7-13). A pesar de sus equivocaciones el Señor nunca se apartó de David porque vio su vida con ojos diferentes a los humanos, el Señor ve el corazón (1ªSam.16:7), y le concedió la promesa mesiánica de que de su descendencia nacería el Mesías y su trono permanecería para siempre. “Cuando tus días se cumplan y reposes con tus padres, levantaré a tu descendiente después de ti, el cual saldrá de tus entrañas, y estableceré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo estableceré el trono de su reino para siempre. (…). Tu casa y tu reino permanecerán para siempre delante de mí; tu trono será establecido para siempre” (2ªSam.7:12-13,16). Esta promesa se cumplió en parte con el nacimiento y ministerio de Jesús (Lc.1:31-33; Rom.1:3). Ahora bien, Satanás era un buen estudiante de las promesas del Señor y las profecías mesiánicas, desde el mismo momento que el Señor reveló a Adán y Eva la lucha entre la simiente de la serpiente y la simiente de la mujer. Estas promesas no dejaban descansar a Satanás y es por ello que buscaría con todo su empeño que el rey David e Israel fueran desechados por el Señor.

“Y se levantó Satanás contra Israel e incitó a David a hacer un censo de Israel” (1ªCr.21:1). Pero este censo desagrado a Dios, e hirió a Israel con una plaga (1ªCr. 21:7,14). Fue el orgullo y la ambición lo que motivó esta acción del rey. Elena de White nos comenta esta situación de la siguiente manera: “Con el objeto de extender sus conquistas entre las naciones extranjeras, David decidió aumentar su ejército y requerir servicio militar de todos los que tuviesen edad apropiada. Para llevar a cabo este proyecto, fue necesario hacer un censo de la población. El orgullo y la ambición fueron lo que motivó esta acción del rey. El censo del pueblo revelaría el contraste que había entre la debilidad del reino cuando David ascendió al trono y su fortaleza y prosperidad bajo su gobierno. Esto tendería aún más a fomentar la ya excesiva confianza en sí que sentían tanto el rey como el pueblo. Las Escrituras dicen: “Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que contase a Israel.” (1ªCr.21.) La prosperidad de Israel bajo el gobierno de David se debía más a la bendición de Dios que a la habilidad de su rey o a la fortaleza de su ejército. Pero el aumento de las fuerzas militares del reino daría a las naciones vecinas la impresión de que Israel confiaba en sus ejércitos, y no en el poder de Jehová” (PP, pág.809).

Lo que pretendía Satanás es que Israel confiara más en el poder militar de sus ejércitos que en el poder del Señor y olvidara sus promesas, pero el Señor no estaba dispuesto a permitir el triunfo de Satanás sobre su pueblo. Aunque la medida tomada por el Señor fuera dolorosa para Jerusalén, ya que decidió enviarles una plaga disciplinaria en la que murieron setenta mil hombres del pueblo con el fin de que comprendieran el alcance de la acción emprendida (1ªCr.21:14). “Y envió Dios un ángel a Jerusalén para destruirla; pero cuando estaba a punto de destruirla, miró el SEÑOR y sintió pesar por la calamidad, y dijo al ángel destructor: Basta, detén ahora tu mano. Y el ángel del SEÑOR estaba junto a la era de Ornan jebuseo. Y alzando David sus ojos, vio al ángel del SEÑOR que estaba entre la tierra y el cielo, con una espada desenvainada en su mano, extendida sobre Jerusalén. Entonces David y los ancianos, vestidos de cilicio, cayeron sobre sus rostros. Y David dijo a Dios: ¿No soy yo el que ordenó enumerar al pueblo? Ciertamente yo soy el que ha pecado y obrado muy perversamente, pero estas ovejas, ¿qué han hecho? Oh SEÑOR, Dios mío, te ruego que tu mano sea contra mí y contra la casa de mi padre, pero no contra tu pueblo, para que no haya plaga entre ellos. Luego el ángel del SEÑOR ordenó a Gad que dijera a David que subiera y edificara un altar al SEÑOR en la era de Ornán jebuseo” (1ªCr.21:15-18). (…) Entonces David edificó allí un altar al SEÑOR, y ofreció holocaustos y ofrendas de paz. E invocó al SEÑOR, y Él le respondió con fuego del cielo sobre el altar del holocausto. Y el SEÑOR ordenó al ángel, y éste volvió su espada a la vaina” (1ªCr.21:26-27).

La era de Ornán, donde David ofreció el sacrificio, es el mismo monte Moria donde Abraham sacrifico a su hijo Isaac, donde más tarde Salomón construyó el templo y el mismo monte Moria donde fue crucificado Cristo como pago por los pecados de todos los hijos de Israel, como el rey de los judíos (Gen.22:1-2,14-18; 2ªCr.3:1; 1Cr.21:18-29; Mt.27:37; Jn.19:17-20).  Satanás trató de destruir a Israel y a Jerusalén a través del pecado de su rey David, pero Dios cambió la situación con su gracia y misericordia. Satanás infringió una herida a la simiente de la mujer, clavando a Cristo en la cruz, pero no consiguió retenerlo en el sepulcro eternamente. Con su muerte, Cristo conquisto la vida eterna para todos los que aceptan por fe sus promesas y su sacrificio redentor.

 

 

Elías y los falsos profetas

Desde la muerte del rey Salomón y la división del reino de Israel, el pueblo de Dios se corrompió, y en lugar de adorar al Creador adoraban a los demonios y a los ídolos que ellos mismos fabricaron. El hijo de Salomón, Roboam, reinó sobre la parte sur de Israel (1Ry.12:1,22-24; 14:21; 2ªCr.11:1-4), Judá y Benjamín. Jeroboam, siervo de Salomón, reinó sobre la parte del norte, el resto de Israel (1ªRy.11:26-40), hasta que el Señor decidió llevar a los dos reinos al destierro, por idólatras y transgresores del pacto.

Jeroboam introdujo en Israel la idolatría y un culto pagano. Hizo dos becerros de oro colocándolos en Betel y en Dan con el fin de que el pueblo no fuera a Jerusalén y esto fue motivo de pecado (1ªRy.12:28-30). “Hizo también casas en los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo que no eran de los hijos de Leví. Y Jeroboam instituyó una fiesta en el mes octavo, en el día quince del mes, como la fiesta que hay en Judá, y subió al altar. Así hizo en Betel, ofreciendo sacrificio a los becerros que había hecho. Y puso en Betel a los sacerdotes de los lugares altos que él había construido (1ªRy.12:31-32). De los 22 reyes que ocuparon el reino de Israel ninguno de ellos hizo la voluntad del Señor y desde la muerte de Jeroboam, la apostasía, la idolatría y la decadencia espiritual irían en aumento. Satanás estaba nuevamente en el camino del triunfo sobre el pacto del Señor con Israel, introduciendo la idolatría y la apostasía, y en el futuro cercano una radical oposición con los falsos profetas de Jezabel, pero esto serviría para resaltar el poder del Señor. “Desde la muerte de Jeroboam hasta el momento en que Elías compareció ante Acab, el pueblo de Israel sufrió una constante decadencia espiritual. Gobernada la nación por hombres que no temían a Jehová y que alentaban extrañas formas de culto, la mayor parte de ese pueblo fue olvidando rápidamente su deber de servir al Dios vivo, y adoptó muchas de las prácticas idólatras” (PR, pág.80).

Acab, hijo de Omri, comenzó a reinar sobre Israel en el año treinta y ocho de Asa, rey de Judá, y reinó sobre Israel en Samaria veintidós años. Desde el principio, su reinado quedó señalado por una apostasía extraña y terrible (1ªRy.16:29; PR, pág.83). “…hizo lo malo a los ojos del SEÑOR más que todos los que fueron antes de él. Y como si fuera poco el andar en los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal, rey de los sidonios, y fue a servir a Baal y lo adoró. Y edificó un altar a Baal en la casa de Baal que edificó en Samaria. Acab hizo también una Asera. Acab hizo más para provocar al SEÑOR, Dios de Israel, que todos los reyes de Israel que fueron antes que él” (1ªRy.16:30-33). La obscura sombra de la apostasía cubría todo el país. Por todas partes podían verse imágenes de Baal y Astarte. Se multiplicaban los templos y los bosquecillos consagrados a los ídolos, y en ellos se adoraban las obras de las manos humanas. El aire estaba contaminado por el humo de los sacrificios ofrecidos a los dioses falsos. Las colinas y los valles repercutían con los clamores de embriaguez emitidos por un sacerdocio pagano que ofrecía sacrificios al sol, la luna y las estrellas. Nunca antes el pueblo escogido de Dios había caído en tan baja apostasía (PR, pág.85).

Los falsos profetas, mediante la influencia de Jezabel y sus sacerdotes impíos, habían conseguido que el pueblo creyera que las bendiciones del Señor dadas a través de la naturaleza eran obsequiadas por el favor de Baal y Astarte. Elena de White lo expresa con estas palabras: “Mediante la influencia de Jezabel y sus sacerdotes impíos, se enseñaba al pueblo que los ídolos que se habían levantado eran divinidades que gobernaban por su poder místico los elementos de la tierra, el fuego y el agua. Todas las bendiciones del cielo: los arroyos y corrientes de aguas vivas, el suave rocío, las lluvias que refrescaban la tierra y hacían fructificar abundantemente los campos, se atribuían al favor de Baal y Astarte, en vez del Dador de todo don perfecto. El pueblo olvidaba que las colinas y los valles, los ríos y los manantiales, estaban en las manos del Dios vivo; y que éste regía el sol, las nubes del cielo y todos los poderes de la naturaleza (PR, pág.85).

Puesto que los adoradores de Baal mantenían estas pretensiones, la maldición de Dios iba a descansar gravosamente sobre la tierra contaminada. Se iba a demostrar a las tribus apóstatas de Israel cuán insensato era confiar en el poder de Baal para obtener bendiciones temporales. Hasta que Israel no se arrepintiera y reconociera al Creador como fuente de toda bendición, no descendería rocío ni lluvia sobre la tierra. A Elías fue confiada la misión de comunicar a Acab el mensaje relativo al juicio del Cielo. (1ªRy17:1; PR, pág.88). Las bendiciones estaban condicionadas a la obediencia del pacto de lo contrario recibirían maldiciones (Deut.11:10-19; 28:15-24).

Después de tres años y medio de sequía el profeta Elías se presentó ante el rey Acab por orden del Señor. “Y sucedió que cuando Acab vio a Elías, Acab le dijo: ¿Eres tú, perturbador de Israel? Y él respondió: Yo no he perturbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, porque habéis abandonado los mandamientos del SEÑOR y habéis seguido a los baales. Ahora pues, envía a reunir conmigo a todo Israel en el monte Carmelo, junto con cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y cuatrocientos profetas de la Asera que comen a la mesa de Jezabel” (1ªRy.18:17-19).  El rey Acab envió mensajes a todos los hijos de Israel y reunió a los profetas en el monte Carmelo. Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: “¿Hasta cuándo vacilaréis entre dos opiniones? Si el SEÑOR es Dios, seguidle; y si Baal, seguidle a él” (1ªRy.18:21). La crisis creada por la apostasía y por la intervención de Dios estaba a punto de solucionarse, mostrando delante de los falsos profetas de Baal y de Asera que comían a la mesa de Jezabel, y del pueblo de Israel, quién era realmente el que controlaba la naturaleza.

El profeta Elías propuso realizar sacrificios a sus respectivos dioses. Los sacrificios debían ser consumidos por el fuego enviado por sus dioses. Una vez dispuestos los sacrificios cada uno debía invocar el nombre de su dios. “Entonces invocad el nombre de vuestro dios, y yo invocaré el nombre del SEÑOR; y el Dios que responda por fuego, ése es Dios” (1ªRy.18:24). Por más que se esforzaron los falsos profetas en hacer que el sacrificio fuera consumido por el fuego no lo consiguieron. “Gustosamente habría acudido Satanás en auxilio de aquellos a quienes había engañado, y que se consagraban a su servicio. Gustosamente habría mandado un relámpago para encender su sacrificio. Pero Jehová había puesto límites y restricciones a su poder, y ni aun todas las artimañas del enemigo podían hacer llegar una chispa al altar de Baal” (PR, pág.110).

Cuando llego el turno del profeta Elías, reparó el altar en el nombre del Señor, que había sido derribado, tomando doce piedras conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, sobre la hora del sacrificio de la tarde pronunciando una oración: “Oh SEÑOR, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, que se sepa hoy que tú eres Dios en Israel, que yo soy tu siervo y que he hecho todas estas cosas por palabra tuya. Respóndeme, oh SEÑOR, respóndeme, para que este pueblo sepa que tú, oh SEÑOR, eres Dios, y que has hecho volver sus corazones” (1ªRy.18:36-37). Tan pronto como Elías terminó su oración “cayó fuego del SEÑOR, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y lamió el agua de la zanja. Cuando todo el pueblo lo vio, se postraron sobre su rostro y dijeron: El SEÑOR, Él es Dios; el SEÑOR, Él es Dios” (1ªRy. 18:38-39). La ira del pueblo se despertó contra los falsos profetas y les dieron muerte, junto al arroyo de Cisón. Sin embargo, no todos los falsos profetas fueron muertos y al menos cuatrocientos falsos profetas permanecieron y guiados por el espíritu de la mentira diabólica engañaron a Acab hasta el final de su vida (2ªCr. 18:5,18-22, 33-34).

Aunque el rey Acab murió, el espíritu de Satanás y la lucha contra Dios, su ley y su pueblo perduraron en Israel y continuará el mismo espíritu de hostilidad, hasta el desenlace final en la venida de Cristo. Elena de White une la lucha del profeta Elías con el rey Acab, representante del poder político, el poder religioso representado por la profetisa Jezabel y todos sus profetas; contra la ley de Dios, el sábado, el pueblo de Dios y contra Cristo en los últimos tiempos. “La historia se está repitiendo. El mundo tiene hoy sus Acabes y sus Jezabeles. La época actual es tiempo de idolatría tan ciertamente como lo fue aquella en que vivió Elías. (…) El espíritu que prevalece en nuestro tiempo es de incredulidad y apostasía. Es un espíritu que se cree iluminado por el conocimiento de la verdad, cuando no es sino la más ciega presunción. Se exaltan las teorías humanas y se les hace reemplazar a Dios y a su ley. Satanás tienta a los hombres y mujeres a desobedecer al prometerles que en la desobediencia hallarán una libertad que los hará como dioses. Se manifiesta un espíritu de oposición a la sencilla palabra de Dios, un ensalzamiento idólatra de la sabiduría humana sobre la revelación divina” (PR, pág.132).

  1. Las bestias de la tierra, sus gobernantes y el anticristo

Como ya hemos comentado anteriormente, la palabra “anticristo” no aparece ni una sola vez en toda la Biblia, excepto cinco veces en la 1ª y 2ª carta de Juan. Sin embargo, las referencias a la oposición y ocupación de todo lo que pertenece a Dios, a su honor, a su gobierno, a sus dominios, a su pacto, a su ley, a su ungido y a su pueblo están presentes en toda la palabra de Dios. Esta oposición es liderada por Satanás, y sus colaboradores son: los seres espirituales llamados demonios, los reyes de la tierra, gobernantes, sacerdotes paganos, falsos profetas, médiums, adivinos, espiritistas y un grupo de bestias simbólicas que quieren ocupar el lugar que solo pertenece a Dios y desplazarlo de sus dominios, su gobierno y su pueblo.

Los reyes de Tiro y Babilonia.

El profeta Ezequiel elevando una elegía sobre el rey de Tiro resalta el pecado de Satanás, mostrando su origen, su sabiduría, su belleza, su esplendor y el rango que ocupaba en el gobierno de Dios: “Así dice el Señor Dios: “Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría y perfecto en hermosura. En el Edén estabas, en el huerto de Dios; toda piedra preciosa era tu vestidura: el rubí el topacio y el diamante, el berilo, el ónice y el jaspe, el zafiro, la turquesa y la esmeralda; y el oro, la hechura de tus engastes y de tus encajes, estaba en ti. El día que fuiste creado fueron preparados. Tú, querubín protector de alas desplegadas, yo te puse allí. Estabas en el santo monte de Dios, andabas en medio de las piedras de fuego. Perfecto eras en tus caminos desde el día que fuiste creado hasta que la iniquidad se halló en ti. A causa de la abundancia de tu comercio te llenaste de violencia, y pecaste; yo, pues, te he expulsado por profano del monte de Dios y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura; corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor. Te arrojé en tierra, te puse delante de los reyes para que vieran en ti un ejemplo” (Ez.28:12-17).

Este texto citado arriba, describe en parte, la lucha descrita por Juan en el Apocalipsis 12:7-10, que se muestra desde el Génesis 3:1-15, pasando por todos los libros de la Biblia a través de ángeles caídos, falsos profetas, encantadores, adivinos, magos, hechiceros, sacerdotes y todos los gobernantes y líderes de la humanidad que rechazan el pacto del Señor, hasta la destrucción definitiva del querubín protector de alas desplegadas, después del milenio, por Cristo. Satanás se reviste de ángel de luz y se oculta bajo el egoísmo, la altivez y las pretensiones de dominio a través de los reyes de la tierra. El liderazgo que ejerce este ser, está apoyado en los dones que el Señor le concedió. En su posición de querubín protector de alas desplegadas, situado en el Edén, el huerto de Dios, en el monte santo de Dios; lleno de sabiduría y perfecto en hermosura; perfecto en todos sus caminos y caminando en medio de las piedras de fuego con toda clase de piedras preciosas por vestidura, seguro que era un espectáculo maravilloso verle y difícil de resistir sus asertos, tentaciones y mentiras una vez que decidió abandonar su estado y posición, pues no en vano, en su caída arrastró la tercera parte de los ángeles con él.

El profeta Isaías dirigiéndose al rey de Babilonia resalta las pretensiones de Satanás, a quien le llama “lucero de la mañana, hijo de la aurora”: ¡Cómo has caído del cielo! ¡Oh lucero de la mañana, hijo de la aurora! Has sido derribado por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Pero tú dijiste en tu corazón: Subiré al cielo, por encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono y me sentaré en el monte de la asamblea, en el extremo norte. Subiré sobre las alturas de las nubes, me haré semejante al Altísimo” (Is.14:12-14). El profeta claramente resalta las pretensiones de Satanás: Dominar la creación de Dios, sentarse en el trono de Dios y ser semejante al Altísimo. Para conseguir sus propósitos Satanás utiliza toda su perfección, sabiduría, hermosura, esplendor, rango y posición. Sabiendo que le queda poco tiempo, espera como león rugiente, a quién devorar (Ap.12:12; 1ªPd.5:8).

Satanás se interpone entre Dios y el hombre impidiendo que el plan de la redención se lleve a cabo a través de Cristo. Con el fin de conseguir que el Señor perdone a su pueblo por la mediación del sumo sacerdote Josué, Satanás pone todo su empeño en señalar los pecados del sumo sacerdote y de esta forma conseguir la condenación. El profeta Zacarías muestra esta lucha entre el ángel del Señor y Satanás: “Entonces me mostró al sumo sacerdote Josué, que estaba delante del ángel del SEÑOR; y Satanás estaba a su derecha para acusarle. Y el ángel del SEÑOR dijo a Satanás: el SEÑOR te reprenda, Satanás. Repréndate el SEÑOR que ha escogido a Jerusalén. ¿No es éste un tizón arrebatado del fuego? Y Josué estaba vestido de ropas sucias, en pie delante del ángel. Y éste habló, y dijo a los que estaban delante de él: Quitadle las ropas sucias. Y a él le dijo: Mira, he quitado de ti tu iniquidad y te vestiré de ropas de gala. Después dijo: Que le pongan un turbante limpio en la cabeza. Y le pusieron un turbante limpio en la cabeza y le vistieron con ropas de gala; y el ángel del SEÑOR amonestó a Josué, diciendo: Así dice el SEÑOR de los ejércitos: “Si andas en mis caminos, y si guardas mis ordenanzas, también tú gobernarás mi casa; además tendrás a tu cargo mis atrios y daré libre acceso entre éstos que están aquí” (Zac.3:1-7).

Las pretensiones de Satanás se oponen a Cristo en el acto redentor de salvar a su pueblo. El propósito de Cristo para el sumo sacerdote Josué y el pueblo de Israel es: Justificar, limpiar, vestir, volverlos a la fidelidad de la ley, tener acceso a la casa del Señor y el gobierno de la casa del Señor. En cambio, Satanás pretende que Josué y su pueblo sean: Condenados, desnudados, ensuciados, desobedientes a la ley, desprecien las promesas del Señor y manipulen su creación.

Actualmente Satanás no tiene acceso a la presencia del trono de Dios, para ir a quejarse y sembrar la cizaña, pues fue arrojado a la tierra junto a sus ángeles (Ap.12:9-10; Jn.12:31; Lc.10:18); y como no siempre puede obrar personalmente, actúa a través de sus seguidores que son desobedientes a la voluntad del Señor. Un buen ejemplo lo tenemos en los reyes de Babilonia. El Señor entregó en manos del rey Nabucodonosor al rey Joacím y al pueblo de Judá. También reveló al rey Nabucodonosor por medio de un sueño, e interpretado por el profeta Daniel que, el creador de los cielos rige en los asuntos de los hombres; Dios cambia los tiempos y las edades, quita y pone reyes y da sabiduría a los sabios, y conocimiento a los entendidos. Dios reveló al rey Nabucodonosor lo que iba a acontecer en el futuro; la historia de la humanidad terminaría con el establecimiento del reino del Altísimo (Dn.1:1-2; 2:1-3,19-23, 29-35). No obstante, el rey Nabucodonosor comenzaría el reinado de los humanos de su época con un tiempo limitado para su gobierno, pero el rey no aceptó tener un reino limitado y se interpuso a los planes del Señor queriendo que su reino permaneciera para siempre.

El profeta Daniel le dijo al rey: Tú, oh rey, eres rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado el reino, el poder, la fuerza y la gloria; y dondequiera que habiten los hijos de los hombres, las bestias del campo o las aves del cielo, Él los ha entregado en tu mano y te ha hecho soberano de todos ellos; tú eres la cabeza de oro (Dan.2:37-38). La revelación del Señor le indicaba que él sería la cabeza de oro, pero Nabucodonosor hizo una estatua desde la cabeza a los pies toda entera de oro, obligando a todos los pueblos, naciones y lenguas a que se postraran y adoraran la estatua, so pena de muerte (Dn.3:1-6). Esta decisión, era una clara rebelión y oposición a la autoridad del Señor, a su soberanía, a su gobierno, a sus leyes, a su honor y a la libertad de su pueblo. En primer lugar, estaba tratando de cambiar los planes del Señor respecto de la humanidad, en la que los reyes terrenales tendrían un gobierno limitado. En segundo lugar, transgredía abiertamente el pacto del Señor creando una imagen y forzando a todos a adorarla y, en tercer lugar, perseguía al pueblo del Señor hasta la muerte por no adorar la imagen que él había levantado, obligando a todos a obedecer su voluntad en vez de la voluntad del Creador (Dn.3:14-15, 20-21).

Esta historia de rebelión, oposición y ocupación del gobierno y adoración del Creador se repite en general en una buena parte del gobierno de los reyes de la tierra (Dn.5:18-24; 6:5-9); pero existe un poder que se levantó por encima de todos y que requiere un análisis especial: Nos estamos refiriendo al cuerno pequeño. Nuevamente el Señor reveló a los seres humanos el curso de la historia a través de cuatro bestias en Dn.7. Un león, un oso, un leopardo y una cuarta bestia con diez cuernos. El profeta nos relata las características de esta cuarta bestia y las características de un cuerno pequeño que le salió posteriormente. “Después de esto seguí mirando en las visiones nocturnas, y he aquí, una cuarta bestia, terrible, espantosa y en gran manera fuerte que tenía enormes dientes de hierro; devoraba, desmenuzaba y hollaba los restos con sus pies. Era diferente de todas las bestias que le antecedieron y tenía diez cuernos. Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí, otro cuerno, un pequeño, surgió entre ellos, y tres de los primeros cuernos fueron arrancados delante de él; y he aquí, este cuerno tenía ojos como los ojos de un hombre, y una boca que hablaba con mucha arrogancia. (…). Entonces yo seguí mirando a causa del ruido de las palabras arrogantes que el cuerno decía; seguí mirando hasta que mataron a la bestia, destrozaron su cuerpo y lo echaron a las llamas del fuego (Dn.7:7-8, 11).

La interpretación que nos ofrece Daniel es la siguiente: “La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, que será diferente de todos los otros reinos; devorará toda la tierra, la hollará y la desmenuzará. Y los diez cuernos de este reino son diez reyes que se levantarán, y otro se levantará después de ellos; él será diferente de los anteriores y subyugará a tres reyes (Dn.7:23-24). La interpretación que generalmente se hace de la cuarta bestia, se aplica al Imperio Romano y el cuerno pequeño al papado (5); ambos perdurarán hasta el fin de la historia humana y serán destruidos por la venida del Mesías, en la implantación de su reino eterno. Para comprender todo lo que estamos diciendo sobre el anticristo, tenemos que estudiar el cuarto reino y el cuerno pequeño con sus características, en los capítulos 7 al 12 del libro de Daniel, con el fin de descubrir la oposición y ocupación que ejercen al reino de Dios, sus dominios, su ley, su santuario, su ungido y su pueblo.

CARACTERISTICAS: 4º REINO, 4ª BESTIA, CUERNO PEQUEÑO, REYES NORTE-SUR
Dn.2

Cuarto reino: Duro como el hierro que todo lo tritura y machaca; como el hierro que aplasta, triturará y aplastará a todos los demás. Reino dividido en los pies, un reino en parte fuerte y en parte frágil. Mitad hierro, mitad barro, pero con la solidez del hierro. Promueven alianzas entre las dos partes, el hierro y la arcilla; sin embargo, no se fundirán el uno con el otro, como el hierro no se funde con el barro. Destruido por la piedra en la venida del reino de Dios: El hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro. No queda rastro de ningún reino. Interpretación: Representa el Imperio Romano hasta la venida de Cristo. Según los historiadores el Imperio Romano se dividió en el año 476 d.C. La división del reino, mitad hierro y mitad arcilla, continuará hasta la venida del reino de Dios. Pies hierro y arcilla: Hierro= poder del estado, política. Arcilla=Poder de la iglesia, religión, papado. EGW, Manuscript  Release, V.1, pág. 49. Ms 63, 1899, pp.12-13.  CBA, V.7. Comentario en Dn.2.

El poder de la iglesia papal terminó de afianzarse desde la división en el 476 d.C. hasta el 538 d.C. Tengamos presente que el 4º reino, el Imperio Romano es de hierro hasta los pies, el hierro no desaparece con la introducción de la arcilla, la arcilla es lo que hace a este reino diferente, el hierro ya estaba desde el comienzo. De hecho, en esta profecía el único elemento que causa la división es la arcilla. En el resto de las profecías de Daniel se introducen otros elementos, como escriben los comentaristas e historiadores, como pueden ser: las tribus bárbaras, las luchas sucesorias, la economía del Imperio en decadencia, pero sobre todo fue la introducción de la arcilla lo que hizo a este reino diferente. La lucha entre el poder político y el religioso hasta la venida del reino de Dios.

Dn.7

Cuarta bestia: Terrible, espantosa y muy fuerte. Tenía enormes dientes de hierro y uñas de bronce; comía, trituraba, y pisoteaba las sobras con sus patas. Devorará toda la tierra, la pisoteará y la pulverizará. Tenía 10 cuernos. Entre ellos despuntó otro cuerno pequeño que arrancó tres de ellos para hacerse sitio. Por lo tanto, el cuarto reino queda dividido en siete partes por un lado y en una por otro lado; es decir, siete reinos de hierro por un lado y uno diferente, de arcilla, por el otro, el hierro por un lado y la arcilla por el otro. Hasta la venida de Cristo el hierro y la arcilla permanecerán separados, intentando el dominio respectivo por medio de pactos y alianzas mentirosas. No se pegarán el uno con el otro, como el hierro se pega con el barro. Permanecerán separados hasta el fin.

Características del cuerno pequeño. Este cuerno pequeño tenía ojos humanos y una boca que decía grandes barbaridades. Parecía más grande que los otros cuernos, derroca a tres reyes, declaraba la guerra contra los santos y los vencía, blasfemaba contra el Altísimo y perseguía a los santos del Altísimo. Trataría de cambiar las fiestas, los tiempos y la ley. Los santos le quedarían sometidos durante tres años y medio.

Interpretación: La 4ª bestia representa un 4º reino. Los 10 cuernos representan 10 reyes que surgirán del 4º reino. El cuerno pequeño representa un reino diferente de los 10 y derroca a tres de ellos. El cuerno pequeño es una viva imagen del papado. Esta 4ª bestia y sus cuernos serán destruidos por el Hijo del Hombre. Después de esta 4ª bestia reinarán los santos del Altísimo eternamente.

 

Dn.8 Cuerno pequeño: Sale de uno de los 4 puntos cardinales, crece mucho hacia el sur; hacia el este y hacía la Tierra del Esplendor. Creció hasta alcanzar el ejército del cielo, derribó por tierra una parte del ejército y pisoteó sus estrellas. Llegó incluso hasta el Jefe del ejército, suprimió el continuo, socavó los cimientos de su santuario. Le entregaron el ejército y el continuo y en su lugar instauró la iniquidad asoladora, tiró por tierra la verdad y tuvo éxito en todo cuanto emprendió. Con su astucia hará triunfar la traición en sus obras, se envalentonará y con frialdad aniquilará a multitudes. Se sublevará contra el Príncipe de los príncipes. Pisotea el continuo, el santuario y el ejército. Destruye a los fuertes y al pueblo de los santos. Después de 2300 tardes y mañanas el santuario será rehabilitado. Será destrozado sin intervención humana. Interpretación: Representa un rey insolente y embaucador, será un destructor portentoso, destruirá a portentosos y al pueblo de los santos. Triunfará en todas sus empresas. Representa al Imperio Romano y el poder papal hasta la venida de Cristo en las nubes.
Dn.9 Las 70 semanas y el poder romano.  Pasadas sesenta y nueve semanas matarán al ungido sin culpa y un príncipe que vendrá con su ejército destruirá la ciudad y el santuario. Pondrá sobre el ala del templo el ídolo abominable hasta que la ruina decretada recaiga sobre el destructor. Interpretación: Las 70 semanas representan 490 años comenzando en el año 457 a.C. y terminan el año 34 d. C. La última semana de las 70 se aplica al ministerio y sacrificio de Cristo, hasta el rechazo del pueblo de Israel del Mesías, con el discurso y la muerte de esteban. Después de esta profecía de las 70 semanas la profecía de Daniel 8 continua con la acción del poder romano y papal hasta que el juicio ejecutivo recaiga sobre el destructor en la venida de Cristo.
Dn.11

Los reyes del norte/sur: Desde Dn.11:5 hasta Dn.11:45 el conflicto entre el rey del norte / sur se mantiene constante y permanente, estando el pueblo de los santos en el punto de mira del rey del norte, hasta que son destruidos por la venida de Miguel, el gran Príncipe. Interpretación: La aplicación al comienzo del cuarto reino, el Imperio Romano/Papado varía según los comentaristas, desde Dn.11:4b; 16-22; 16-29; 23-39; hasta la lucha final entre estos dos reyes al tiempo del fin 11:40-45. Tanto el rey del norte como el rey del sur están contra el pueblo de Dios y su pacto; sin embargo, es el rey del norte el que se opone y ocupa todo lo que pertenece a Dios, actúa como el anticristo del Nuevo Testamento. El rey del sur no realiza actos persecutorios contra el pueblo de Dios de la misma manera que el rey del norte. El rey del norte, es el peligro para el pueblo de Dios. Veamos los actos del rey del norte para comprenderlo.

El rey del norte se establece en la Tierra de Esplendor; sembrando a su paso la destrucción v.16, el príncipe de la alianza es destruido v.22, urde planes contra la alianza santa v.28, descarga su rabia contra la alianza santa y pacta con sus desertores v.30, sus fuerzas profanarán el santuario y la ciudadela, suprimirá el continuo y establecerá el ídolo maldito v.31, corromperá con halagos a los renegados de la alianza v.32, los maestros del pueblo  sufrirán asesinatos, torturas, prisiones y saqueos durante algún tiempo v.33, algunos de los maestros sucumbirán, pero servirán para probar, purificar y lavar a otros hasta el momento del fin, que aún estará por llegar v.35, actuará a su antojo; se envalentonará elevándose sobre todos los dioses y dirá cosas increíbles contra el Dios de los dioses. Cosechará éxitos hasta que se haya colmado la cólera, porque lo que está decidido se cumplirá v.36.  No tendrá en cuenta a los dioses de sus padres, ni al favorito de las mujeres, ni a ningún otro dios, pues se creerá superior a todos. En su lugar glorificará al dios de las fortalezas; con oro, plata, piedras preciosas y joyas glorificará a un dios a quien sus padres no conocieron. Actuará contra las ciudades fortificadas con la ayuda de un dios extranjero y colmará de honores a quienes le reconozcan, otorgándoles poder sobre multitudes y repartiéndoles tierras en recompensa vs.37-39. En el tiempo del fin el rey del norte vendrá a la Tierra de Esplendor y muchos perecerán; extenderá su poder sobre otros países, pero noticias del este y del norte le alarmarán y partirá enfurecido, con ánimo de destruir y exterminar multitudes. Levantará el campamento real entre los mares y el santo monte del Esplendor: Pero entonces le sobrevendrá el fin y nadie le ayudará vs.40-45

 

De estas cinco profecías de Daniel podemos resaltar varios aspectos relativos al cuarto reino que nos acercan en la comprensión de los ataques y oposición que ejerce “el anticristo”. Resumamos las principales ideas de cada profecía realizando un pequeño comentario y lo relacionemos con lo que hasta el momento hemos comentado al respecto, en el Nuevo Testamento.

Los apóstoles Juan y Pablo nos dicen que, estando ellos en vida, ya habían surgido muchos anticristos que salieron del seno de la iglesia (1ªJn.2:18-19; Hech.20:29-30); por lo tanto, debemos buscar en el 4º reino que permanece hasta la venida de Cristo, es decir, en el Imperio Romano, la actividad de estos anticristos. En la profecía de Dan.2, ya hemos remarcado que la arcilla representa a la religión cristiana y apostata del papado que busca alianzas con el poder político; sin embargo, la parte de la división del reino, del antagonismo entre el hierro y la arcilla, así como los intentos de alianzas entre los dos poderes, el hierro y la arcilla, no se percibe una guerra contra el mesías, excepto al final en la implantación del reino mesiánico.

En Daniel siete podemos ver con claridad esta separación entre el poder político, diez cuernos de hierro y el poder religioso de arcilla, un cuerno; así como la actividad opositora del cuerno pequeño contra el Altísimo, su ley, su plan de redención y su pueblo. Al menos podemos resaltar seis puntos del cuerno pequeño que lo identifican como el anticristo descrito en el Nuevo Testamento.

Características del cuerno pequeño en Daniel siete.

1). La naturaleza del reino.

Hasta la venida de Cristo y el establecimiento del reino de Dios, el 4º reino descrito en Dn.2 y 7 permanecerá dividido en hierro y arcilla, un reino fuerte en su parte férrea y frágil en su parte de arcilla. Esta naturaleza, no cambia en lo descrito en estas dos profecías, ni tampoco vemos que cambie en el resto de las profecías de Daniel. Por un lado, los 10 reinos representando el hierro o poder político y por otro, la arcilla representada por el cuerno pequeño o poder religioso. La naturaleza religiosa del cuerno pequeño la vemos a través de los actos que ejecuta: Blasfema contra Dios, cambia la ley de Dios, los tiempos y las fiestas, persigue a los santos del Altísimo hasta destruirlos y tiene éxito en sus empresas. Es decir, ejerce una fuerte oposición a todo lo que se refiere a Dios.

2). Sus dimensiones territoriales.

Tanto los metales de la estatua de Dn.2, como las bestias de Dn.7 representan reinos mundiales en sus respectivas épocas y periodos, permaneciendo en el gobierno humano sucesivamente hasta el establecimiento del reino de Dios. Ahora bien, la cuarta bestia de Dn.7 con sus ocho cuernos (después de la caída de tres de ellos; es decir siete más uno), representa el dominio mundial de su época, aún después de la división del reino, hasta la venida de Cristo; puesto que las profecías no predicen otro reino humano, excepto el reino de Dios que destruye al cuarto reino. No obstante, ¿qué porcentaje de territorialidad debemos otorgar a los respectivos reinos representados por los cuernos de la bestia del cuarto reino? Daniel no lo dice, excepto que el cuerno que surgió el último era más pequeño en su nacimiento que los otros (Dn.7:8), diferente de los diez y que su apariencia era mayor que la de sus compañeros (Dn.7:20,24). Esta aparente contradicción en cuanto a la apreciación de su tamaño y poder, la vemos reflejada en sus actividades y dominios. Los diez cuernos que representan el hierro, es decir, las naciones europeas que se formaron con la división del Imperio Romano están representadas por la política y por dimensiones territoriales mayores; sin embargo, el cuerno pequeño, o papado, en su dimensión política territorial es más pequeño, limitado su territorio a la ciudad del Vaticano, con una extensión de 0,44 Kms cuadrados y una población aproximada de 900 habitantes. Sin embargo, en su aspecto religioso su dimensión no tiene comparación con los otros reinos, siendo de unos 1200 millones de fieles en todo el mundo, según el informe del Vaticano.

3). La época de su aparición.

Mientras Daniel contemplaba la bestia con sus diez cuernos vio surgir entre ellos uno más pequeño y vio como tres de los primeros fueron arrancados delante de él. Por lo tanto, este cuerno pequeño debe surgir después del establecimiento de los diez reinos y durante la destrucción de los tres que desarraiga en su nacimiento (Dn.7:8, 20, 24). El establecimiento del papado tuvo que ver no solamente con el territorio, sino también con las creencias religiosas. Algunas tribus bárbaras eran de creencia arriana (6) y por lo tanto contrarias al pensamiento religioso católico y por ello fueron desafiadas y destruidas por iniciativa del poder papal entre el 493 y 555 d.C.

El mismo Jesús informó a los apóstoles que surgirían falsos Cristos y Juan escribió “y así como oísteis que el anticristo viene, también ahora han surgido muchos anticristos” (1ªJn.2:18). También el apóstol Pablo señaló a los tesalonicenses la venida del hombre de pecado en una fecha cercana, aunque antes de su manifestación debía ser eliminado el obstáculo que le impedía establecerse. Pablo hablando de la venida del Señor dice: “Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición (…). Y vosotros sabéis lo que lo detiene por ahora, para ser revelado a su debido tiempo. Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción, sólo que aquel que por ahora lo detiene, lo hará hasta que él mismo sea quitado de en medio (2ªTs.2:3-4,6-7). El obstáculo que impedía su revelación era doble, por un lado, el Imperio Romano en su lado geográfico político-religioso pagano y por otro lado las tribus bárbaras contrarias a sus doctrinas; pero una vez eliminados ambos inconvenientes, el papado terminó por establecerse en el siglo VI. Elena de White nos comenta hablando del papado: “Ese gigantesco sistema de falsa religión es obra maestra del poder de Satanás, un monumento de sus esfuerzos para sentarse él en el trono y reinar sobre la tierra según su voluntad” (C.S, pág. 54), y un poco más adelante continúa diciendo: “En el siglo sexto el papado concluyó por afirmarse. El asiento de su poder quedó definitivamente fijado en la ciudad imperial, cuyo obispo fue proclamado cabeza de toda la iglesia. El paganismo había dejado el lugar al papado. El dragón dio a la bestia “su poder y su trono, y grande autoridad.” (Apocalipsis 13:2, V.M.; véase el Apéndice) Entonces empezaron a correr los 1.260 años de la opresión papal predicha en las profecías de Daniel y en el Apocalipsis. (Daniel 7:25; apocalipsis 13:5-7.)” (C.S, pág.58).

4). Sus actos extravagantes contra Dios. (7)

El cuerno pequeño tenía ojos como de un hombre y hablaba con mucha arrogancia. Proferiría palabras contra el Altísimo e intentaría cambiar los tiempos y la ley (Dn.7:8, 11, 20, 25). Muchos son los actos del cuerno pequeño que realiza contrarios a la voluntad del Creador. Supremacía mundial sobre todas las iglesias, infalibilidad, títulos propios de la divinidad, exige obediencia y homenaje. Elena de White nos comenta: “Una de las principales doctrinas del romanismo enseña que el papa es cabeza visible de la iglesia universal de Cristo, y que fue investido de suprema autoridad sobre los obispos y los pastores de todas las partes del mundo. Aún más, al papa se le han dado los títulos propios de la divinidad. Se le ha titulado “Señor Dios el Papa” (véase el Apéndice), y se le ha declarado infalible. Exige que todos los hombres le rindan homenaje. La misma pretensión que sostuvo Satanás cuando tentó a Cristo en el desierto, la sostiene aún por medio de la iglesia de Roma, y muchos son los que están dispuestos a rendirle homenaje” (CS, pág.54).

Entre sus muchos actos contrarios a la voluntad del Señor señalamos: La confesión y absolución de los pecados por los sacerdotes, el sacrificio idolátrico de la misa, el acto milagroso de convertir la hostia y el vino durante la celebración de la misa en cuerpo y sangre real de Cristo, la adoración de las imágenes, la invocación de los santos y de la adoración de la virgen María, la eliminación del segundo mandamiento que prohíbe hacer y adorar imágenes, el cambio del cuarto mandamiento del descanso sabático y adoración en sábado por el domingo,  la división del décimo mandamiento en dos con el fin de que permaneciera el número de los diez mandamientos, prohibición de leer la Palabra de Dios, la creencia en la inmortalidad natural del alma y en el estado consciente de los muertos después de la muerte, la doctrina del infierno, del purgatorio y de las indulgencias, la infalibilidad papal, la perfección de la iglesia romana, el derecho a deponer emperadores, la proclama de que fuera de la Iglesia Romana no hay salvación, y muchos otros actos contrarios a la voluntad del Señor (CS, págs. 55-65).

Referente a las pretensiones papales sobre la perfección de la iglesia y su poder para deponer reyes Elena de White escribe: “Las pretensiones papales dieron otro paso más cuando en el siglo XI el papa Gregorio VII proclamó la perfección de la iglesia romana. Entre las proposiciones que él expuso había una que declaraba que la iglesia no había errado nunca ni podía errar, según las Santas Escrituras. Pero las pruebas de la Escritura faltaban para apoyar el aserto. El altivo pontífice reclamaba además para sí el derecho de deponer emperadores, y declaraba que ninguna sentencia pronunciada por él podía ser revocada por hombre alguno, pero que él tenía la prerrogativa de revocar las decisiones de todos los demás” (Véase el Apéndice.).

“El modo en que trató al emperador alemán Enrique IV nos pinta a lo vivo el carácter tiránico de este abogado de la infalibilidad papal. Por haber intentado desobedecer la autoridad papal, dicho monarca fue excomulgado y destronado. Aterrorizado ante la deserción de sus propios príncipes que por orden papal fueron instigados a rebelarse contra él, Enrique no tuvo más remedio que hacer las paces con Roma. Acompañado de su esposa y de un fiel sirviente, cruzó los Alpes en pleno invierno para humillarse ante el papa. Habiendo llegado al castillo donde Gregorio se había retirado, fue conducido, despojado de sus guardas, a un patio exterior, y allí, en el crudo frío del invierno, con la cabeza descubierta, los pies descalzos y miserablemente vestido, esperó el permiso del papa para llegar a su presencia. Sólo después que hubo pasado así tres días, ayunando y haciendo confesión, condescendió el pontífice en perdonarle. Y aun entonces, le fue concedida esa gracia con la condición de que el emperador esperaría la venia del papa antes de reasumir las insignias reales o de ejercer su poder. Y Gregorio, envanecido con su triunfo, se jactaba de que era su deber abatir la soberbia de los reyes” (C.S, pág.61-62).

Por todos los medios, Satanás trató de crear tinieblas espirituales en la iglesia y suprimir las enseñanzas de los apóstoles, apartando a los creyentes de Cristo y de su palabra. La muerte de los apóstoles, la introducción de los falsos profetas y maestros, así como la pompa y el orgullo de los sacerdotes y gobernantes paganos, dieron como resultado la sustitución de los requerimientos de Dios por las teorías y tradiciones de los hombres. El espíritu de Satanás, a través del paganismo con sus doctrinas, ceremonias y supersticiones, se incorporó a la fe y al culto de la iglesia de Cristo. La sierva del Señor nos comenta, después de citar 2Ts.2:3-4,7, lo siguiente: “La conversión nominal de Constantino, a principios del siglo cuarto, causó gran regocijo; y el mundo, disfrazado con capa de rectitud, se introdujo en la iglesia. Desde entonces la obra de corrupción progresó rápidamente. El paganismo que parecía haber sido vencido, vino a ser el vencedor. Su espíritu dominó a la iglesia. Sus doctrinas, ceremonias y supersticiones se incorporaron a la fe y al culto de los que profesaban ser discípulos de Cristo”.

“Esta avenencia entre el paganismo y el cristianismo dio por resultado el desarrollo del “hombre de pecado” predicho en la profecía como oponiéndose a Dios y ensalzándose a sí mismo sobre Dios. Ese gigantesco sistema de falsa religión es obra maestra del poder de Satanás, un monumento de sus esfuerzos para sentarse él en el trono y reinar sobre la tierra según su voluntad”. (C.S, págs.53.54).

El cuerno pequeño, el hombre de pecado, el hijo de perdición representado en la profecía por el poder papal habría logrado ensalzarse a sí mismo por encima de Dios “el cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios” (2ªTs.2:4). Ningún poder político o religioso reúne las características del cuerno pequeño y del hombre de pecado, excepto el papado. La profecía de Daniel predecía el cambio de la ley (Dn.7:25), y de esta manera el triunfo de Satanás, a través del paganismo romano y del papado, que sería completo y lleno de tinieblas. “Bien sabía Satanás que las Sagradas Escrituras capacitarían a los hombres para discernir los engaños de él y para oponerse a su poder. Por medio de la Palabra fue como el mismo Salvador del mundo resistió los ataques del tentador. A cada asalto suyo, Cristo presentaba el escudo de la verdad eterna diciendo: “Escrito está.” A cada sugerencia del adversario oponía él la sabiduría y el poder de la Palabra. Para mantener su poder sobre los hombres y establecer la autoridad del usurpador papal, Satanás necesita que ellos ignoren las Santas Escrituras. La Biblia ensalza a Dios y coloca a los hombres, seres finitos, en su verdadero sitio; por consiguiente, hay que esconder y suprimir sus verdades sagradas. Esta fue la lógica que adoptó la iglesia romana. Por centenares de años fue prohibida la circulación de la Biblia. No se permitía a la gente que la leyese ni que la tuviese en sus casas, y sacerdotes y prelados sin principios interpretaban las enseñanzas de ella para sostener sus pretensiones. Así fue como el papa vino a ser reconocido casi universalmente como viceregente de Dios en la tierra, dotado de autoridad sobre la iglesia y el estado” (CS, pág.55).

5). El periodo de sus actos persecutorios.

Las profecías de Daniel, de Juan, de Jesús y de los apóstoles, nos hablan proféticamente del periodo persecutorio del hombre de pecado, del hijo de perdición y del anticristo manifestado en el papado (Dn.7:25; Ap.11:2, 3; 12:6,14; 13:5; Mt.24; Mc.13; Lc.21), desde el año 538 hasta el 1798, cuando del papa Pio VI fue hecho prisionero por el ejército francés comandado por el general Berthier, el 20 de febrero del citado año. El poder papal recibió la herida mortal predicha en Apocalipsis 13:3, y se cumplió la profecía de Juan. “Si alguno lleva en cautividad, a la cautividad irá” (Ap.13:10).

Elena de White nos comenta algunos aspectos de este periodo de supremacía papal: “En el siglo sexto el papado concluyó por afirmarse. El asiento de su poder quedó definitivamente fijado en la ciudad imperial, cuyo obispo fue proclamado cabeza de toda la iglesia. El paganismo había dejado el lugar al papado. El dragón dio a la bestia “su poder y su trono, y grande autoridad.” (Apocalipsis 13:2, V.M.; véase el Apéndice.) Entonces empezaron a correr los 1.260 años de la opresión papal predicha en las profecías de Daniel y en el Apocalipsis. (Daniel 7:25; Apocalipsis 13:5-7)”. Los cristianos se vieron obligados a optar entre sacrificar su integridad y aceptar el culto y las ceremonias papales, o pasar la vida encerrados en los calabozos o morir en el tormento, en la hoguera o bajo el hacha del verdugo. Entonces se cumplieron las palabras de Jesús: “seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.” (Lucas 21:16,17.) La persecución se desencadenó sobre los fieles con furia jamás conocida hasta entonces, y el mundo vino a ser un vasto campo de batalla. Por centenares de años la iglesia de Cristo no halló más refugio que en la reclusión y en la obscuridad. Así lo dice el profeta: “Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar aparejado de Dios, para que allí la mantengan mil doscientos y sesenta días.” (Apocalipsis 12:6.)

“El advenimiento de la iglesia romana al poder marcó el principio de la Edad Media. A medida que crecía su poder, las tinieblas se hacían más densas. La fe pasó de Cristo, el verdadero fundamento, al papa de Roma. En vez de confiar en el Hijo de Dios para obtener el perdón de sus pecados y la salvación eterna, el pueblo recurría al papa y a los sacerdotes y prelados a quienes él invistiera de autoridad. Se le enseño que el papa era su mediador terrenal y que nadie podía acercarse a Dios sino por medio de él, y andando el tiempo se le enseñó también que para los fieles el papa ocupaba el lugar de Dios y que por lo tanto debían obedecerle implícitamente” (C.S, págs. 58-59).

Durante este periodo Satanás obró a través de la iglesia apostata, el hombre de pecado, el anticristo, persiguiendo al pueblo de Dios hasta la muerte. La historia se repetirá en un futuro cercano, pero Dios actuará y el pueblo de Dios será liberado definitivamente del malvado anticristo y de todos los opositores humanos y espíritus malvados.

  1. El momento de la destrucción del cuerno pequeño.

El profeta Daniel vio como la cuarta bestia y el cuerno pequeño eran destruidos con la venida del reino mesiánico “el tribunal se sentará y su dominio le será quitado, aniquilado y destruido para siempre. Y la soberanía, el dominio y la grandeza de todos los reinos debajo de todo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo. Su reino será un reino eterno, y todos los dominios le servirán y le obedecerán” (Dn.7:11,21-22,26-27). Más adelante comentaremos un poco sobre la destrucción del cuerno pequeño.

El cuerno pequeño en Daniel ocho y nueve.

De uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho hacia el sur, y hacia la tierra hermosa. Se engrandeció hasta el ejército del cielo, y echo por tierra parte del ejército y de las estrellas, y las pisoteó. Aun contra el Príncipe del ejército se engrandeció, y quitó el continuo; el lugar de su Santuario fue echado por tierra. A causa de la prevaricación, el ejército y el continuo le fueron entregados. Echó por tierra la verdad, y prosperó en todo lo que hizo” (Dn.8:9-12). En la visión de Daniel ocho sobre el carnero de dos cuernos y el macho cabrío con un cuerno y cuatro que le salieron después, Gabriel interpreta estos animales y sus cuernos. El carnero con dos cuernos representan los reyes de Media y Persia y el macho cabrío con un cuerno notable que tenía entre sus ojos representa el primer rey de Grecia y los cuatro cuernos representan cuatro reinos que saldrían de este reino en lugar del primer rey (Dn.8:3-8; 16-22). Después añade lo siguiente: “Al fin del reinado de ellos, cuando los rebeldes lleguen al colmo de la maldad, se levantará un rey altivo de rostro, maestro en intrigas. Y su poder se fortalecerá, pero no con su propia fuerza. Causará grandes destrucciones, y prosperará. Y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos. Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano. Se considerará superior, y por sorpresa destruirá a muchos. Se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero sin mano humana será quebrantado” (Dn.8:23-25).

Resumamos las características principales del este cuerno pequeño en Daniel ocho de los textos citados: 1) Se engrandece hasta el ejército del cielo. 2) Echa por tierra parte del ejército y de las estrellas y las pisotea. 3) Se engrandece contra el Príncipe del ejército. 4) Quita el continuo. 5) Echa por tierra el lugar de su santuario. 6) Se le entrega el continuo y el ejército a causa de su actividad prevaricadora. 7) Echa por tierra la verdad. 8) Destruye a los fuertes y al pueblo de los santos. 9) Prospera mediante el engaño. 10) Se levanta contra el Príncipe de los príncipes. 11) Es un rey altivo de rostro y maestro en intrigas. 12) Utiliza el poder de otros para fortalecerse.

Este rey altivo de rostro y maestro en intrigas será quebrantado sin mano humana; es decir, perdura hasta el establecimiento del reino de Dios en el tiempo del fin (Dn.8:16-19). Por lo tanto, históricamente hablando ocupa el mismo espacio de la cuarta bestia de Daniel siete y el reino de hierro y arcilla descrito en Daniel dos, tal como la mayoría de los comentaristas interpretan estas profecías.  No obstante, independientemente del énfasis que hagamos en la interpretación de este cuerno pequeño de Daniel ocho, tanto en su aspecto político romano, como religioso católico, lo que nos muestra este cuerno y nos interesa saber es el ataque que realiza contra Dios y el ejército celestial, contra el mesías y el continuo, contra el santuario y la verdad, contra el Príncipe de los príncipes y contra el pueblo santo. A causa de la prevaricación asoladora, la transgresión y toda clase de iniquidades que practica se le entregan el ejército y el continuo. Usurpa el poder mediante el engaño. Ejerce una oposición firme y radical contra Dios, su gobierno, su ley, su plan redentor y su pueblo santo, tratando de ocupar el lugar de Dios y Dios le permite que triunfe en todas sus empresas. Las características que nos muestra este poder son similares a las de Satanás, el anticristo.

En el capítulo nueve de Daniel, la profecía de las setenta semanas complementa las acciones de este cuerno pequeño centrando su actividad contra el Mesías Príncipe y el templo, llevando al Mesías a la muerte en la cruz. En este capítulo, al cuerno pequeño se le llama “el desolador”, en su doble aspecto de hierro y arcilla, político y religioso hasta la venida de Cristo y su destrucción. Los que intervinieron en la muerte del Mesías, aparte de Satanás, fueron los líderes de Israel y el gobernador romano que certificó la sentencia a muerte, a petición de los líderes judíos (Hech.4:27-28; 3:13-15; Jn.19:1516; Mt.27:16-26).

Queda claro pues, de todas estas observaciones y análisis que hemos realizado, que el cuerno pequeño de Daniel siete, ocho y el poder devastador que ataca al Mesías Príncipe en Daniel nueve es un poder opositor a Dios, a Cristo y a su pueblo, tratando de ocupar y situarse en lugar de Dios y de Cristo. Por lo tanto, podemos afirmar, sin temor a confundirnos, que el cuerno pequeño es el anticristo en forma humana, que sigue las indicaciones de Satanás y se revela en la historia y el gobierno de los seres humanos, desde la caída del Imperio Griego hasta la venida de Cristo y la implantación de su reino, cuando será destruido sin intervención humana definitivamente.

El anticristo y el rey del norte

Todo el libro de Daniel nos enseña la actividad satánica, a través de los poderes políticos y religiosos de la historia de la humanidad, desde el Imperio Babilónico con la toma de Jerusalén por el rey Nabucodonosor hasta la implantación del reino de Dios. Absolutamente todos los capítulos del libro de Daniel hablan de esta lucha entre Cristo y Satanás, pero la última batalla está aún por librarse y es la que profetiza Daniel en su última parte del libro.  Los intentos de unión entre el rey del norte y el rey del sur con el fin de destruir al pueblo de Dios llegarán a su fin (Dn.11:40-12:1-2). Con el fin de ver la actividad satánica ejercida por el rey del norte, resaltemos sus características en el capítulo once de Daniel.

El capítulo once de Daniel muestra una actividad contra Dios, su ciudad, su santuario y su pueblo por parte de los reyes del norte y del sur, pero el que manifiesta una agresividad sin límites en el alcance de sus propósitos es el rey del norte. Es el rey del norte el que ejerce mayor actividad contra Dios y su pueblo.  El rey del sur no vive preocupado por dominar y exterminar al pueblo de Dios, en cambio el rey del norte arremete contra todo el que se pone en su camino. El capítulo está marcado por las alianzas y mentiras entre estos dos reyes con el fin de lograr el dominio de la humanidad. Veamos las características del rey del norte.

El rey del norte se establece en la tierra gloriosa y tiene poder para destruirla (Dn.11:16), las fuerzas enemigas que se le oponen son quebrantadas, junto con el Príncipe del pacto (ver.22), su pensamiento está contra el pacto santo (ver.28), vuelve a enojarse contra el pacto santo y favorece a los que lo abandonan (ver.30), sus fuerzas profanan el Santuario de la fortaleza, quita el continuo y establece la abominación asoladora (ver.31), seduce a los violadores del pacto (ver.32), mata con espada y fuego, despoja y lleva cautivos a los sabios del pueblo durante algunos días (ver.33), hace su voluntad, se ensoberbece y se exalta sobre todo dios. Habla terribles ofensas contra el Dios de los dioses y prospera hasta que se complete la ira (ver.36), no respeta ni al Dios de sus padres, ni al deseo de las mujeres; no respeta a dios alguno porque sobre todos se exalta a sí mismo (vers37), honra al dios de las fortalezas con oro, plata, piedras preciosas y costosos dones (ver.38), combate las fortalezas más inexpugnables, colma de honores a los que le reconocen y les reparte la tierra en recompensa (ver.39). En el tiempo del fin el rey del sur y el rey del norte contienden. El rey del norte entra en la tierra gloriosa y muchos caerán (ver.41), se apodera de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto (ver.43). Noticias del oriente y del norte atemorizan al rey del norte y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos (ver.44). El rey del norte planta sus tiendas reales entre los mares, en el monte glorioso y santo, pero llagará a su fin y no tendrá nadie que le ayude (ver.45).

En aquel tiempo se levantará Miguel el gran Príncipe que está de parte de los hijos del pueblo de Dios y será tiempo de angustia, cual nunca hubo antes, pero en ese tiempo será librado el pueblo de Dios y muchos de los muertos serán resucitados, unos para vida eterna y otros para vergüenza y confusión eterna (Dn.12:1-2). El rey del norte es finalmente destruido por la intervención de Miguel, el gran Príncipe que libra a su pueblo, de la misma forma que se establece el reino de Dios destruyendo a todos los reinos que formaban la estatua, también el cuerno pequeño de Daniel siete y ocho es destruido sin intervención de mano humana. Como podemos apreciar de todas estas referencias del capítulo once, el rey del norte tiene las características del cuerno pequeño, del hombre de pecado, de la bestia del mar y del anticristo.

ACTIVIDADES SATANICAS EN EL LIBRO DE DANIEL. Contra Dios, su gobierno, su ley, su pueblo, su santuario y su plan redentor.

Reflexiones por capítulos.

  1. El rey de Babilonia ataca a Jerusalén, al rey de Jerusalén, al templo y al pueblo de Dios. Se lleva cautivos a Babilonia a los mejor preparados de Judá y también los utensilios del templo. Cambia la enseñanza, la escritura, el idioma, la comida, la bebida, la religión, la fe y los nombres de algunos judíos, las costumbres de los hijos de Dios. Ejerce dominio sobre todo lo que pertenece al Dios de los hebreos y su culto. Finalmente, el reino de Ciro se establece y derrota al rey de Babilonia.
  2. Dios le muestra al rey Nabucodonosor los límites de su reinado y los sucesivos reinos hasta el establecimiento del reino eterno de Dios. El dominio y el control de los reinos humanos pasarían de unos a otros hasta la intervención del Señor de la creación. El rey Nabucodonosor ordena, manda y controla la vida y las posesiones de magos, encantadores, hechiceros, caldeos y sobre los hijos de Dios. El rey Nabucodonosor ordena matar a todos los sabios de Babilonia incluidos los hebreos que estaban a su servicio, ante la falta de respuestas sobre su sueño (Dn.2:12-13, 24). Finalmente, Dios intervendrá destruyendo a todos los reinos humanos y estableciendo su reino eternamente.
  3. El rey Nabucodonosor, aconsejado por sus sabios que le propusieron que levantara una estatua con la cabeza de oro, inconforme con la asignación de gobierno que Dios le había otorgado, resolvió levantar la estatua, pero completamente de oro, desde los pies a la cabeza; mostrando de esta forma, su oposición a lo revelado por el Señor. El rey se coloca por encima del Altísimo ordenando y exigiendo arrodillarse ante la estatua, adorar sus dioses, transgredir la ley de Dios y obedecer a sus requerimientos bajo pena de muerte. Sin embargo, Dios actúa y salva a sus hijos de la tiranía de este rey. Elena de White comenta que la propuesta de los sabios y los consejeros de estado, así como la ambición ilimitada y el orgullo egoísta del monarca, les llevaron a rechazar los planes del Señor guiados por Satanás. “… olvidando todo, menos su deseo de establecer su propio poder y supremacía, el rey y sus consejeros de estado resolvieron que por todos los medios disponibles se esforzarían por exaltar a Babilonia como suprema y digna de obediencia universal”.

“La representación simbólica por medio de la cual Dios había revelado al rey y al pueblo su propósito para con las naciones de la tierra, iba a emplearse para glorificar el poder humano. La interpretación de Daniel iba a ser rechazada y olvidada; la verdad iba a ser interpretada con falsedad y mal aplicada. El símbolo destinado por el Cielo para revelar a los intelectos humanos acontecimientos futuros importantes iba a emplearse para impedir la difusión del conocimiento que Dios deseaba ver recibido por el mundo. En esta forma, mediante las maquinaciones de hombres ambiciosos, Satanás estaba procurando estorbar el propósito divino en favor de la familia humana. El enemigo de la humanidad sabía que la verdad sin mezcla de error es un gran poder para salvar; pero que cuando se usa para exaltar al yo y favorecer los proyectos de los hombres, llega a ser un poder para el mal” (PR, pág.370-371).

  1. El sueño del árbol y el vigilante santo le mostraron al rey Nabucodonosor los límites de su reinado, pero una vez más, el rey no acepto voluntariamente que el Creador gobierna en los asuntos de los hombres. El rey Nabucodonosor continuó gobernado con su arrogancia, soberbia y oposición a los planes del Creador hasta que fue humillado como una bestia y desprovisto de su razón. Solo entonces reconoció las señales y maravillas que el Dios Altísimo realizó en su vida, aprendiendo por la intervención del Señor, que el Altísimo domina de generación en generación y su reino es eterno. No obstante, aunque Satanás trató de ejecutar sus planes de oposición a Dios a través del rey no lo consiguió pues Nabucodonosor rectificó y aceptó al Rey del Cielo. “Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del cielo, porque sus obras son todas verdaderas y justos sus caminos; Él puede humillar a los que caminan con soberbia” (Dn.4:37).
  2. El rey Belsasar rechazó aprender de la experiencia de Nabucodonosor y cometió sacrilegio con los utensilios sagrados del templo de Jerusalén, bebiendo vino en ellos el mismo, sus nobles, sus mujeres y sus concubinas, alabando a dioses de invento humano y no dando gloria al Creador “Bebieron vino y alabaron a los dioses de oro y plata, de bronce, hierro, madera y piedra” (Dn.5:4). El profeta Daniel recordó al rey la experiencia de Nabucodonosor y le reveló la sentencia de sus actos sacrílegos. “Oh rey, el Dios Altísimo concedió a tu padre Nabucodonosor soberanía, grandeza, gloria y majestad. Y a causa de la grandeza que Él le concedió, todos los pueblos, naciones y lenguas temían y temblaban delante de él; a quien quería, mataba y a quien quería, dejaba con vida; exaltaba a quien quería, y a quien quería humillaba. Pero cuando su corazón se enalteció y su espíritu se endureció en su arrogancia, fue depuesto de su trono real y su gloria le fue quitada. Y fue echado de entre los hombres, su corazón se hizo semejante al de las bestias y con los asnos monteses tuvo su morada. Se le dio a comer hierba como al ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Dios Altísimo domina sobre el reino de los hombres y que pone sobre él a quien le place. Mas tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón aunque sabías todo esto, sino que te has ensalzado contra el Señor del cielo; y han traído delante de ti los vasos de su templo, y tú y tus nobles, tus mujeres y tus concubinas, habéis estado bebiendo vino en ellos y habéis alabado a los dioses de plata y oro, de bronce, hierro, madera y piedra, que ni ven, ni oyen ni entienden; pero al Dios que tiene en su mano tu propio aliento y es dueño de todos tus caminos, no has glorificado” (Dn.5:18-23).  Aquella misma noche Belsasar, rey de los caldeos, fue asesinado y Darío el medo recibió el reino.
  3. El rey Darío reorganizó el reino en 120 provincias gobernadas por 120 sátrapas y puso a tres presidentes sobre ellos, de los cuales Daniel era uno; sin embargo, Daniel era superior a estos gobernantes y presidentes, porque había en él un espíritu extraordinario y el rey pensó en ponerlo sobre todo su reino.

Los honores otorgados a Daniel despertaron los celos y las envidias de los principales del reino y buscaron la forma de apartarlo de sus funciones.  “Entonces los funcionarios y sátrapas buscaron un motivo para acusar a Daniel con respecto a los asuntos del reino; pero no pudieron encontrar ningún motivo de acusación ni evidencia alguna de corrupción, por cuanto él era fiel, y ninguna negligencia ni corrupción podía hallarse en él. Entonces estos hombres dijeron: No encontraremos ningún motivo de acusación contra este Daniel a menos que encontremos algo contra él en relación con la ley de su Dios” (Dn.6:4-5). Estos funcionarios y sátrapas fueron al rey Darío con la siguiente propuesta: “¡Rey Darío, vive para siempre! Todos los funcionarios del reino, prefectos, sátrapas, altos oficiales y gobernadores, han acordado que el rey promulgue un edicto y ponga en vigor el mandato de que cualquiera que en el término de treinta días haga petición a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones” (Dn.6:6-7). El rey cayó en la trampa tendida por estos dirigentes y firmó el decreto.

Elena de White nos comenta que fue Satanás el instigador del plan para destruir a Daniel: “Los enemigos de Daniel salieron de la presencia de Darío regocijándose por la trampa que estaba ahora bien preparada para el siervo de Jehová. En la conspiración así tramada, Satanás había desempeñado un papel importante. El profeta ocupaba un puesto de mucha autoridad en el reino, y los malos ángeles temían que su influencia debilitase el dominio que ejercía sobre sus gobernantes. Esos agentes satánicos eran los que habían movido los príncipes a envidia; eran los que habían inspirado el plan para destruir a Daniel; y los príncipes, prestándose a ser instrumentos del mal lo pusieron en práctica” (PR, pág.397).

Satanás, a través de sus seguidores ataca a Dios, a su honor, a su ley y a la fidelidad de sus hijos, pero el Señor actuará liberando a sus siervos. “Dios no impidió a los enemigos de Daniel que le echasen al foso de los leones. Permitió que hasta allí cumpliesen su propósito los malos ángeles y los hombres impíos; pero lo hizo para recalcar tanto más la liberación de su siervo y para que la derrota de los enemigos de la verdad y de la justicia fuese más completa. “Ciertamente la ira del hombre te acarreará alabanza” (Sal. 76:10)” (PR, pág.399).

7-9 El ataque más furibundo y sofisticado, contra Dios y su pueblo lo realiza Satanás a través del cuerno pequeño, representado por el papado y el Imperio Romano.  Es uno de los engaños más difícil de descubrir pues la mentira surge desde el seno del cristianismo y con una apariencia de piedad capaz de engañar a los mismos elegidos.  Este cuerno pequeño detenta el poder religioso y usa el poder político para conseguir sus fines. Es diferente de cualquier poder humano, habla con arrogancia y contra el Altísimo, hace la guerra contra los santos del Altísimo y los aflige, intenta cambiar los tiempos y la ley de Dios. Es el anticristo anunciado por Jesús, el apóstol Juan y Pablo (Mt.24:24; Hech.20:28-30; 2ªCor.11:13-14; 2ªTs.2:1-12; 1ªTm. 4:1; 2ªTm. 3:8-9; 1ªJn.2:18, 22; Ap.12: 17; 13:1-7; 13:11-18; 16:13-14; 17:3-6; 18).

En Daniel ocho el ataque tiene dos direcciones desde el trono del cuerno pequeño: Vertical hacia el cielo y horizontal en la tierra. El crecimiento del cuerno es hacia la tierra hermosa y hasta el ejército del cielo. Parte del ejército y de las estrellas las pisotea. Se engrandeció hasta el Príncipe del ejército. Se levanta contra el Príncipe de los príncipes. Quita el continuo y el lugar del santuario fue echado por tierra, tira por tierra la verdad. Pisotea el lugar santo y el ejército. Destruye a los poderosos y al pueblo santo.  Por su astucia hará que el engaño prospere por su influencia en todo cuanto hace.

En Daniel nueve el ataque de Satanás está principalmente centrado en la acción del Imperio Romano contra el Mesías Príncipe, el plan de la redención, el templo, Jerusalén y el pueblo de Dios.  (Mt.2:13-18; Hech.4:24-28; Ap.12:3-5).

10-12     En la última visión de Daniel y la explicación que el ángel Gabriel relata al profeta Daniel se ve el gran conflicto por el dominio de la tierra y la sumisión de sus habitantes, por un lado, Cristo, y por el otro Satanás. Esta lucha satánica que comenzó en el cielo, se extendió a la tierra con la caída de Adán y Eva y continuó durante toda la existencia de la humanidad. Esta lucha mantenida por los reyes de Persia, los pueblos que se opusieron al regreso de Israel, a la reconstrucción del templo y a la restauración de los sacrificios (Esd.4; Neh.4; Neh.6:1-2;Hag.1-2; Zac.3), continuará  y será seguida por el resto de las naciones, perdurando hasta el final; cuando Miguel, el gran príncipe, el Príncipe del pacto, el favorito de las mujeres, el hombre vestido de lino, el Príncipe de los príncipes, el Mesías Príncipe, la víctima expiatoria,  uno con apariencia de hombre, el Sumo Sacerdote, el Hijo del Hombre, el Rey de Israel, el Santo del Altísimo, el ángel del Eterno, el Dios de Daniel, el Dios viviente, la mano de Dios, el vigilante santo, el que es semejante a un hijo de los dioses, la piedra que golpea la estatua y la destruye, el que gobierna el reino de Dios, el verdadero rey del oriente, el libertador del pueblo de Israel, el anti tipo de Ciro, el Señor que controla y domina los asuntos de los hombres. Cristo. Esta lucha satánica perdurará hasta la venida de Cristo en gloria para rescatar a su pueblo, cuando los seguidores del diablo serán destruidos. (Dan.12:1,6-7; 11:22, 37; 10:5,13,16-21; 9:25-26; 8:11-12,15,25; 7:13-14,26-27; 6:22,26; 5:5,24; 4:13,17,23,25-26,32-34, 37; 3:25; 2:34-35, 44-45; 1:2,21; Is.44:28; 45:1-3; Ap.16:12).

Citamos algunos versículos principales sobre cuatro puntos importantes de la trama del libro: El tema central, la palabra clave, el conflicto que se manifiesta y el personaje central. Estos cuatro puntos están presentes en todos los capítulos del libro.

El tema central del libro de Daniel es la absoluta soberanía del Altísimo, que gobierna sobre todos los reyes de la tierra y el Creador de todas las cosas entrega el dominio temporalmente a los seres humanos (Dn.1:2,9,17; 2:19-23,27-29,37,44-45;7:9-10; 8:14; 12:1-2).

La palabra clave que predomina en el libro de Daniel es: “Dominio” (Dn.7:13-14, 26-27; 6:17, 25-26, 32-34,37; 2:20, 37-38, 44;). Los poderes terrenales en unión con los poderes satánicos luchan por conseguir y dominar todo cuanto pertenece a Dios, pero la revelación de Dios al profeta Daniel muestra que Dios, el Altísimo, gobierna los asuntos de los hombres. La lucha permanecerá hasta después del milenio cuando Cristo destruirá a Satanás, a todos los ángeles satánicos y a todos los seres humanos que el Señor resucita para ejecutar el juicio final por oponerse a Dios, a sus dominios, a su honor, a sus leyes, a su plan redentor, a su morada, a su enviado y a sus siervos, y por pretender ocupar el lugar que solo pertenece al Creador, adorando a los demonios.

El conflicto principal que se manifiesta: La lucha por la soberanía, el dominio, la adoración y el reinado de la tierra, por conseguir el reinado mesiánico de la tierra sin la intervención del Creador. El centro de la lucha se focaliza en el Santuario, en la morada del Creador (1:1; 3:6,15-19; 7:9-14; 8:9-14;12:1-2).

El personaje central de todo el libro de Daniel es el Mesías. Esta figura aparece en todos los capítulos con diferentes nombres y símbolos (Dan.1:21; 2:44; 7:13-14; 8:15,25; 9:25-27;12:1-2).

La destrucción del cuerno pequeño, del anticristo y de Satanás junto a sus seguidores. 

El cuerno pequeño, el rey del norte, el hombre de pecado, el hijo de perdición, la bestia del mar, la bestia de la tierra, la imagen de las bestia y todos los reyes y gobernantes de la tierra unidos con el gran apóstata del cielo,  la gran ramera y Babilonia la grande, la religión apóstata, “el anticristo” que han actuado guiados por el espíritu de Satanás serán destruidos con la venida de Cristo, junto al falso profeta (Dn.2:34-35, 44-45; 7:14, 21-22,26-27; 8:25; 9:27; 11:45; 12:1-2; 2ªTs.2:8; Ap.13:10; 17:16; 18:21; 19:20); porque no respetaron la soberanía del Altísimo, su gobierno, sus leyes, su santuario, su pueblo, sus santos, su plan redentor. Tampoco respetaron el dominio temporal que el Creador les entregó para que administraran y gobernaran la tierra, con justicia, misericordia, amor y humildad; sino que la dominaron con tiranía tratando de excluir al Soberano y Creador de todo. Finalmente, atacaron y desecharon al Mesías, el rey de toda la creación. Sin embargo, Satanás el anticristo que se reveló en el cielo junto a un grupo de ángeles y todos los impíos resucitados serán destruidos después del milenio, en la tercera venida de Cristo a la tierra cuando Jesús implantará la nueva Jerusalén, el reino de Dios y creará una nueva tierra (Ap.20:10-15; 21:1-8).

CONCLUSION

Al principio de este trabajo recogíamos tres afirmaciones del apóstol Juan: “Este es el anticristo” Este es el del anticristo” y “Este es el seductor y el anticristo”. Además, formulábamos la pregunta ¿quién es el anticristo? junto a otras muchas preguntas que hemos tratado de responder de una forma sencilla. Unas las hemos respondido directamente y otras las hemos dejado para que cada lector saque sus propias conclusiones, en base a los argumentos que hemos mostrado de la Biblia, con el propósito de que cada lector pueda identificar el “anticristo que había de venir” y los diferentes “anticristos”, así como los seductores que son influidos y guiados por el anticristo, y aún todos aquellos que aun siendo hijos de Dios y teniendo la seguridad de la promesa de estar en la tierra nueva, alguna vez, han seguido los caminos del “anticristo” actuando en su comportamiento como opositores a Cristo. Para tener una visión resumida de los puntos que hemos presentado hagamos una conclusión de los puntos más importantes sobre el anticristo en las cartas de Juan, en el Nuevo y Antiguo Testamento.

  1. El concepto de anticristo y su identificación en las epístolas de Juan.

El apóstol Juan utiliza la palabra anticristo con el sentido de ocupación, suplantación, oposición y adversidad contra Cristo, sus enseñanzas, sus seguidores y su Padre.

En primer lugar, para el apóstol Juan el anticristo es el diablo, que se opone a la justicia, a la verdad, al plan redentor y al amor de Dios y de Cristo. Es el maligno que actuó a través de Caín matando a su hermano, es el padre de la mentira que muestra su poder diabólico a través de sus seguidores. En segundo lugar, el anticristo es un ser que viene y se introduce en el seno de la iglesia, tratando de ocupar el lugar que pertenece al Padre y a Cristo y actúa dentro de la comunidad cristiana como opositor a Cristo, por medio de los falsos profetas y maestros. En tercer lugar, Juan señala a todos los seguidores del diablo, a sus hijos, que tienen el espíritu del anticristo y son guiados por el poder del diablo, el maligno, el engañador, y señala a todos aquellos que mienten, niegan a Cristo como salvador y no confiesan, ni aceptan que Jesús es el Mesías venido en carne. Los que pertenecen a este grupo tienen el espíritu del diablo, son guiados por el espíritu maligno y pertenecen al mundo, no obedecen la palabra de Cristo, ni sus mandamientos, ni aceptan el sacrificio propiciatorio de Cristo, ni caminan por donde Cristo caminó.

Finalmente, Juan califica al anticristo como «el engañador» el que miente y niega al Padre y no confiesa al Hijo venido en carne. Este personaje que se manifiesta en el seno de la iglesia y se opone a Jesús como el Mesías y no enseña la verdad, la «didaché» de Jesús, es el que se desvía, enseña falsas doctrinas y no permanece en la enseñanza de Jesucristo. Este es el engañador y el anticristo.

  1. El anticristo en el Nuevo Testamento: Su identificación, sus actos, sus agentes y sus seguidores.

Las palabras clave que unen el anticristo en las epístolas de Juan con el Nuevo Testamento son “diablo” y “espíritu maligno”. El apóstol Juan en el resto de sus escritos identifica el anticristo, llamándole “el diablo” y “Satanás”, el engañador, el acusador, el adversario, el padre de la mentira, el dragón y la serpiente antigua. También Jesús identificó al diablo como Satanás y el tentador, al principio de su ministerio en el desierto. Satanás ofreció a Cristo la tierra y reclamó su adoración. La lucha que mantiene es contra Cristo, su misión redentora, su palabra y su iglesia. Satanás es “el anticristo” en grado superlativo, el primer anticristo manifestado en el universo.

No obstante, Satanás no siempre actúa directamente, sino a través de sus agentes, los demonios, los falsos profetas y las bestias simbólicas del Apocalipsis. Satanás y sus agentes demoniacos conocen y creen en Cristo como Hijo de Dios y Salvador de la humanidad, pero no confían, ni aceptan el sacrificio de Cristo.

En segundo lugar, el gran representante de Satanás en la tierra está caracterizado en el hombre de pecado, el hijo de perdición, la bestia del mar, la imagen de la bestia y la gran ramera. El hombre de pecado tiene todas las características del anticristo que resaltó Juan en sus dos primeras epístolas y aún el resto del Nuevo Testamento las amplía. Este anticristo, recibe el poder de Satanás, se opone a Dios y Cristo, ocupa el lugar que solo pertenece a Dios, haciéndose pasar por dios, sentándose en su templo, se manifiesta ante el mundo como representante de Cristo, pero es un falso Cristo; en realidad es un agente de Satanás que actúa con todo poder, señales y prodigios mentirosos, con todo engaño de iniquidad. Rechaza la verdad y practica la mentira. Este anticristo persiguió a la iglesia durante los tiempos profetizados y volverá a perseguirla en el tiempo del fin. Este anticristo está identificado como el papado como sistema.

En tercer lugar, Satanás actúa a través de los falsos profetas, los falsos maestros, los gobernantes y reyes, los pueblos paganos e idólatras que rechazan al Mesías y su pacto. Satanás utilizó al mismo pueblo de Dios para llevarlo a la cruz. Los dirigentes judíos entregaron a Jesús al gobernador romano para que lo sentenciaran a muerte y los soldados romanos tomaron a Jesús y le hicieron cargar con la cruz en la que iba a ser crucificado. “Y pusieron sobre su cabeza la acusación contra El, que decía: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDIOS (Mt.27:37). Y el apóstol Juan añade algo más: “Pilato también escribió un letrero y lo puso sobre la cruz. Y estaba escrito: JESUS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDIOS” Entonces muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, en latín y en griego” (Jn.19:19-20).

Guiados por el espíritu de Satanás, los dirigentes religiosos del pueblo de Israel y el poder político y militar romano condenaron a Jesús.  Jesús fue juzgado, sentenciado y crucificado, por ser lo que Él decía ser y verdaderamente era: El Mesías, el Cristo, el Rey de los judíos, el Rey de Israel, el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre.

Pedro y Juan testificaron, después de la resurrección de Jesús, a quienes fueron los que se opusieron y crucificaron a Cristo. En una oración ante los hermanos dijeron: “Oh, Señor, tú eres el que HICISTE EL CIELO Y LA TIERRA, EL MAR Y TODO LO QUE EN ELLOS HAY, el que, por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo dijiste: ¿Por qué SE ENFURECIERON LOS GENTILES Y LOS PUEBLOS TRAMARON COSAS VANAS? SE PRESENTARON LOS REYES DE LA TIERRA Y LOS GOBERNANTES SE JUNTARON A UNA CONTRA EL SEÑOR Y CONTRA SU CRISTO. Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste, para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera” (Hech.4:24-28).

Así pues, los gentiles y todos los pueblos, los reyes de la tierra, los gobernantes romanos y judíos guiados por el espíritu de Satanás se opusieron a Cristo hasta llevarlo a la muerte. Todos eran agentes de Satanás y enemigos de Cristo, actuando como verdaderos anticristos.

No obstante, la intervención final del anticristo contra Cristo y su iglesia, todavía está en el futuro, en un tiempo cercano, cuando el hombre de pecado, la bestia del mar, la bestia de la tierra, la imagen de la bestia, el falso profeta, el dragón, junto con todos los reyes de la tierra y sus seguidores, guiados por el diablo, ataquen al pueblo de Dios. Los que guardan los mandamientos de Dios, tienen el testimonio de Jesús y depositan su fe y confianza en Cristo y su sacrificio.

  1. El anticristo en el Antiguo Testamento

Tanto en los escritos del apóstol Juan como en el resto del NT, en primer lugar, el diablo es identificado como “el anticristo” el maligno, el dragón, la serpiente antigua y Satanás, el acusador de los hermanos que engaña y seduce al mundo entero. El padre de la mentira. Desde el mismo principio del Génesis, ya vemos la actividad satánica de oposición a Dios y a su plan redentor, con el disfraz de la mentira y el engaño, a través de la serpiente.

Desde los primeros pasos de Adán y Eva en el huero del Edén, ya vemos a Satanás atacando a la humanidad, a Cristo, al plan redentor de Dios, su gobierno y su ley. Satanás acusa al Creador de las consecuencias del pecado y mantiene una lucha permanente entre la simiente satánica y la simiente de la mujer. El padre de la mentira engaño a Eva con el discurso “no moriréis” y desde entonces esta mentira ha perdurado en todas las culturas y la humanidad hasta hoy. Esta lucha satánica continúo con la ayuda de sus agentes: demonios, espíritus malignos, reyes, falsos profetas y hombres poseídos por el espíritu satánico, con el fin de embaucar a toda la humanidad, llevándola a la corrupción, a la desobediencia a la ley de Dios, al sufrimiento y a la muerte.

El segundo lugar, Satanás tiene un representante especial en la tierra que se disfraza con el manto de la piedad, pero actúa como el anticristo, está identificado como el cuerno pequeño y el rey del norte. En el tiempo del fin, Satanás tiene un programa especial para destruir al pueblo de Dios, junto al dragón, la bestia del mar y el falso profeta que serán guiados por el poder de Satanás. Este cuerno pequeño, de Daniel siete y ocho, en el Nuevo Testamento se le llama el hombre de pecado, el hijo de perdición, la bestia del mar y Babilonia. El cuerno pequeño ataca todo cuanto tiene que ver con Dios: Su ley, su honor, su gobierno, sus posesiones, su plan redentor, su santuario en la tierra y en el cielo, sus hijos y su enviado a la tierra, el Mesías.

En tercer lugar, Satanás dispone de muchos agentes que han colaborado y colaboran fielmente con los demonios como: Caín, los antediluvianos transgresores del pacto, los sodomitas, faraón, los reyes de la tierra, los adivinos, los falsos profetas, los espiritistas, los pueblos agresores al pueblo de Dios que han tratado de destruirlo y borrarlo de la tierra, y todos aquellos que rechazan a Dios, su plan redentor, su gobierno, su ley y su enviado. Satanás actuando a través de sus agentes, lucha para mantener al pueblo de Dios oprimido en la esclavitud, en la desobediencia al pacto del Señor y en el pecado. Alguno de los actos faraónicos que el pueblo de Israel tuvo que hacer frente durante el Éxodo, se vieron repetidos en la Francia atea de la revolución francesa, cuando un espíritu satánico se levantó contra la Biblia, negando la misma existencia de Dios, con el mismo espíritu del ateísmo egipcio. Esta oposición y ocupación de todo cuanto representa al Creador continuará hasta su erradicación final de la tierra, en el establecimiento del reino del Señor.

En resumen.

La pregunta ¿quién es el anticristo?, que formulábamos al principio sobre las afirmaciones del apóstol Juan en sus epístolas respondemos: El anticristo de Juan en primer lugar es “el diablo”, la serpiente antigua, llamado el diablo y Satanás. Es el adversario, el opositor a Dios, a sus leyes, a su gobierno, a su plan redentor, al Mesías, a su pueblo, a la mujer y su descendencia.  El diablo es el anticristo que desea establecer su reino en la tierra eternamente, esclavizando a los seres creados por el Señor, ocupar el trono de Dios, ser adorado y permanecer en el lugar que solo corresponde al Creador.

En segundo lugar, Satanás tiene un representante en la tierra conocido como el cuerno pequeño, el rey del norte. Pablo lo identificó como el hombre de pecado, el hijo de perdición, y nos habló de los obstáculos que impedían su manifestación en su época. Y el apóstol Juan lo identificó como la bestia del mar, la gran ramera y Babilonia que en su tiempo todavía no se había manifestado, pero Juan advirtió a la iglesia de su venida. Este poder que había de venir está identificado como el papado y es capaz de unir parte de la verdad Divina con sus mentiras y falsas enseñanzas, con el propósito de conseguir el dominio y la adoración. Ninguna organización religiosa o secular cumple con las profecías bíblicas y todas las características relatadas en la Palabra de Dios, excepto la iglesia católica como organización representada por el papado. Así lo muestra su origen, la naturaleza de su reino, sus dimensiones, sus creencias y dogmas contrarios a la Palabra del Señor, sus actos persecutorios contra la iglesia de Cristo y sus blasfemias contra Dios. Todo ello nos muestra, a través desarrollo de la historia y de la profecía bíblica, que solamente el papado reúne todo ese perfil de oposición y ocupación de todo cuanto pertenece a Dios y Cristo. Los fieles católicos no son el anticristo, ellos son llamados a salir de Babilonia y formar parte del pueblo remanente del Señor. El papado es el anticristo.

La Iglesia Adventista no es el anticristo que esperaba Juan, ni cumple el perfil del anticristo. Fue levantada por el Señor como un movimiento profético de reavivamiento y reforma en todo el mundo para hacer frente a los actos malvados del anticristo, sus representantes y sus seguidores; para predicar el mensaje eterno de los tres ángeles, a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Sin embargo, eso no libra a la iglesia adventista de que, en sus filas, como también en las filas de cualquier otro grupo religioso, se encuentre en alguno de sus miembros, la semilla de la mentira y el engaño sembrada por el diablo. La cizaña permanecerá en la iglesia del Señor hasta el final, hasta el tiempo de la siega y esta cizaña puede actuar guiada por el espíritu de Satanás, en determinados momentos, pero el verdadero hijo de Dios, aun habiendo sido engañado, conoce su situación, descubre la verdad y reconoce sus pecados, se arrepiente, los confiesa y cambia de conducta, se purifica mediante la verdad, aceptando la sangre de Cristo, su sacrificio expiatorio y la acción del Espíritu Santo, y no permanece en las enseñanzas y mentiras del anticristo; por el contrario, permanece en la verdad y la obediencia a la ley (Jn.8:31-36; Jn.15:10; 1ªJn.2:1-6; 5:1-5).

En tercer lugar, los anticristos son los falsos profetas, los falsos maestros y los gobiernos que representan las bestias del Antiguo Testamento y del Nuevo que se oponen a Cristo en todas las épocas y, en cuarto lugar, están los que tienen el espíritu del anticristo y son guiados por el espíritu de Satanás y por espíritus de demonios, y son todos aquellos que rechazan la voluntad del Creador y no aceptan el plan redentor en Cristo, sus leyes y su gobierno.  Niegan de esta forma al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo que fueron enviados para la salvación de ellos y la restauración de todas las cosas.

No obstante, esta hostilidad, adversidad y oposición por parte de todos estos anticristos, tiene un límite y un final; así lo manifestó el apóstol Pablo a los romanos “Y el Dios de paz aplastará pronto a Satanás debajo de vuestros pies” (Rom.16:20). Estas palabras de Pablo hacen alusión directa a Gen.3:15 donde se profetiza que la simiente de la mujer, que es Cristo (Gal.3:16), aplastará la cabeza de la serpiente. El apóstol Juan dejó bien claro que Cristo vino para destruir las obras del diablo (1ªJn. 3:8). Y el mismo Jesús nos enseñó que solamente existen dos grupos: Los que están con Él y los que están contra Él y el que no recoge con Cristo desparrama (Mt.12:30; Ap.17:12-14).

¿Para qué necesitamos conocer todas estas cosas? ¿Para qué necesitamos conocer e identificar todos estos anticristos y sus enseñanzas? La respuesta ha sido respondida ampliamente durante toda la exposición, pero podemos concluir que Satanás tratará por todos los medios disponibles a su alcance de engañar, si fuera posible, aún a los mismos elegidos (Mat.24:24) por medio de las falsas doctrinas y la mentira. Aunque no necesitamos conocer todas las doctrinas diabólicas, si debemos conocer la Palabra de Dios fielmente y prestar mucha atención a las enseñanza de Cristo y su Palabra con el fin de diferenciar las falsas doctrinas sembradas por todos estos representantes y seguidores de Satanás, y no movernos de la Palabra de Dios, de sus enseñanzas, “del escrito está” con el que Cristo combatió las tentaciones de Satanás, salir de la confusión si estamos en ella, salir de Babilonia y no participar, ni extender las falsas doctrinas de su vino embriagador y confiar plenamente en Cristo, sabiendo que Dios no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podamos resistir, sino que con la tentación Satánica, el poder del Espíritu Santo y la sangre de Cristo nos proporcionarán una vía de escape para que podamos triunfar sobre las artimañas de Satanás (1ªCor.10:13;Ap.12:11; 1ªJn.1:9-2:1-2; Ef.6:10-18; Ef.4:14-16; Rom.8:31-39).

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros (2ªCor.13:14). “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída y para presentaros sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría, al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo, y ahora y por todos los siglos. Amén. (Jud.1:24-25).

 

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(1). Citamos algunas frases y palabras relacionadas con el tema, en griego y hebreo. El propósito de ello es que puedan tener a mano el texto griego que usa Juan, aquellos que conocen el griego. En segundo lugar, es necesario alguna aclaración sobre la palabra griega, “anticristo” y sus referencias en el hebreo, para una mejor comprensión del tema y esto creemos que ayuda a todos los lectores, aunque no sepan nada de los idiomas citados. Respecto a las citas en griego al principio debo indicar que no siempre todas las versiones traducen literalmente las formas οὗτος, αὕτη, τοῦτο, este, esta, esto o bien ese, esa, eso; se refiere a lo que está cerca o acaba de mencionarse: pronombre demostrativo, usado también como adjetivo. Estas son las formas que hemos citado: 1ªJn.2:22, y 2ªJn.1:7; οὗτός, pronombre demostrativo nominativo masculino singular, “este”. 1ªJn.4:3, τοῦτό, pronombre demostrativo nominativo neutro singular, “esto”. La mayoría de las versiones traducen al castellano las diferentes formas por “este”, excepto la Biblia de Jerusalén que traduce las tres referencias citadas por “ese”.

La palabra Mesías, Cristo, o el Ungido es aplicada a sacerdotes, profetas, reyes y a Jesús, quien asume el rol de sacerdote, profeta y rey, para cumplir una misión redentora encomendada por Dios.

 

(2). Debemos resaltar que no todo el pueblo judío participó de la muerte de Cristo, ni tampoco el pueblo que conoció a Jesús durante su vida fue el que gritó ¡crucifícale! También debemos resaltar que, aunque en determinados momentos los hijos de Dios se hayan comportado con rasgos de opositores a Cristo, tales como Pablo y Pedro (Mt.16:21-23; 26:31-35; Hech.8:1,3; 9:1-2; Gal.2:11-14) y también algunos sacerdotes y miembros del Sanedrín, no por ello pertenecen al grupo del anticristo. La diferencia entre unos y otros radica en el arrepentimiento, en el cambio de conducta, y en la aceptación de Cristo como su Salvador personal. Mientras que un grupo reconoce su pecado, se arrepiente y acepta a Cristo, el otro grupo se resiste, rechaza al Salvador, se opone a sus enseñanzas y peca contra el Espíritu Santo.

(3) Aquí el sentido dado a la palabra “infiel” no se refiere a la acusación mutua de cristianos y musulmanes de la época de las cruzadas, sino a todos aquellos que transgreden el pacto eterno del Señor y por lo tanto la aplicación es individualmente para todo ser humano (Is.24:1-6). 

(4). La palabra hebrea “tannim” dragón, es traducida en diferentes versiones como: dragón (KJG, KJV, R95, R60), monstruo, serpiente, leviatán y drakon (LXT, Sal.90:13; Job.26:13; 40:25; Is.27:1; Ez.29:3. En las versiones castellanas R60 y R95 las referencias son: Sal.91:13; Job.26:13; 41:1; Is.27:1; Ez.29:3). En la versión griega del Nuevo Testamento GNT, se aplica a Satanás en: Ap.12:3, 4, 7, 9, 13, 16, 17; 13:2; 20:2). 

(5). El cuerno pequeño de Daniel siete es identificado por los primeros padres de la iglesia como “el anticristo”, y de la misma forma lo aplican los reformadores al anticristo como siendo el papado. Los reformadores interpretaron el anticristo de Juan (1ªJn.2:18-22), como siendo la bestia del mar (Ap.13:1-10), y el hombre de pecado que describe Pablo (2ªTs.2:1-12). No obstante, no está en nuestro interés buscar apoyo de los comentaristas a través de sus aportaciones sobre el tema que estamos desarrollando o hacer un análisis de sus comentarios. Nuestro mayor interés y desarrollo del tema que nos ocupa sobre el anticristo, está centrado en la Biblia y también citamos los escritos de Elena de White, aunque no es nuestro propósito hacer una investigación sobre los escritos de la sierva del Señor sobre el anticristo. Tampoco nos hemos centrado en realizar un análisis sobre la interpretación de las profecías de Daniel y Apocalipsis, aunque hayamos mostrado nuestra posición en ciertas profecías. En la teología de la Iglesia Adventista, existe suficiente material sobre la interpretación el tema profético y no es el momento de analizar en detalle el asunto. 

 (6). No todos los comentaristas coinciden unánimemente en señalar los tres reinos erradicados de entre los diez, pero los más propuestos son: Los hérulos conquistaron la ciudad de Roma en el año 476 d.C. considerado este año como la caída del Imperio Romano y más tarde los hérulos fueron destruidos por el poder papal (493); los visigodos (508), los vándalos (534), y los ostrogodos (538, 553-555). Las principales causas de la división del Imperio Romano están asociadas a:1) La irrupción del cristianismo. 2) Las luchas internas de las familias dominantes y militares por el poder. 3) Las amenazas de los pueblos Barbaros. 4) La dispersión del poder. El emperador Constantino I el Grande en el año 330 traslado la capital del Imperio a Constantinopla, por motivos políticos y religiosos. 5) El decaimiento económico, moral, social y político.

(7). Aquellos que deseen tener un conocimiento más amplio sobre los actos persecutorios del papado, además del Conflicto de los Siglos y de la literatura adventista, les remito a las siguientes fuentes y sus bibliografías: “Las Cruzadas” Johannes Lehmann. Ediciones Martínez Roca, S.A.Edición, 1989. Barcelona. “Los Secretos de la Inquisición” Edward Burman. Ediciones Martínez Roca, S.A. Edición, 1988. Barcelona. “La Inquisición española” Cecil Roth, Ediciones Martínez Roca, S.A. Edición, 1989. Barcelona. “La Inquisición Española” Henry Kamen, Biblioteca Historia de España. Edición, 2005. Barcelona. “Traidores a Cristo” René Chandelle, Ediciones Robinbook, s.l; Barcelona. Edición, 2006. “Vicarios de Cristo” Peter de Rosa. Ediciones Martínez Roca, S.A. Edición, 1989. Barcelona. “History of the Waldenses” J.A.Wylie, Pacific Press Publishing Association Mountain View, California, 1977.

Para aquellos que no están familiarizados con la historia de la Inquisición debo decir que algunos comentaristas confunden la Inquisición Papal o del Santo Oficio con la Inquisición Española.  Cecil Roth en su libro citado más arriba, págs.68-69 nos aclara la confusión de esta forma: “La diferencia básica entre la Inquisición española y su precursor medieval, o la Inquisición pontificia que actuó en el mismo período que la primera (y que todavía persistía en el XX para ciertos propósitos), se encontraba en un hecho al parecer sin importancia. En los casos de la Inquisición medieval y la pontificia, los inquisidores eran nombrados por la Santa Sede; en el de la Inquisición española, su nombramiento correspondía al soberano. Así pues, en los dos primeros casos, el tribunal era esencialmente eclesiástico, estaba sujeto a la autoridad de Roma. En el caso español, aunque se ocupaba de asuntos religiosos, de hecho, era una rama del poder civil, independiente de toda autoridad externa, y a veces llegaba al extremo de oponerse a los dictados de la propia Curia pontificia. Por lo tanto, era un instrumento primario del absolutismo español. A este factor hay que atribuir también la inmensa variedad de sus actividades, que superaban con mucho las de su precursora, así como su ferocidad desenfrenada. Además, creó sus propias reglas de procedimiento que, aunque se basaban en las de la Inquisición medieval, a veces se apartaban totalmente de ellas, o ampliaban instituciones existentes hasta hacerlas irreconocibles. Por otro lado, su independencia le permitía amasar una considerable fortuna, acumulándola por medio de repetidas confiscaciones, y esto por sí mismo la convertía en una fuerza que debía tenerse en cuenta en los asuntos del país”.

 

BOSQUEJO

ESTE ES EL ANTICRISTO

 

Introducción

¿Quién es el anticristo?…………………………………………………………………………………………………………………….. 1

  1. EL ANTICRISTO EN LAS EPÍSTOLAS DE JUAN

La palabra “anticristo”, ………………………………………………………………………………………… 1

1ªJn. 2:18. El anticristo viene…………………………………………………………………………  2

1ªJn.2:19-21. Los anticristos…………………………………………………………………………  3

1ªJn.2:22. Este es el anticristo……………………………………………………………………….   3

1ªJn.4:1-3. El espíritu del anticristo………………………………………………………………….  4

2ªJn.1:7-9. Este este es el engañador y el anticristo………………………………………………….  4

Resumen………………………………………………………………………………………………. 5

 

  1. EL ANTICRISTO EN EL NUEVO TESTAMENTO: Su identificación, sus actos, sus agentes

 y sus seguidores.

 

  1. El diablo y Satanás………………………………………………………………………………. 6

El diablo…………………………………………………………………………………………. 6

Satanás……………………………………………………………………………………………7

  1. Los agentes de Satanás: Los demonios, los falsos profetas y las bestias…………………………7

Los demonios……………………………………………………………………………………. 7

Los falsos profetas…………………………………………………………………………………9

Las bestias del Apocalipsis………………………………………………………………………10

La bestia escarlata y la gran ramera………………………………………………………………12

El mensaje de los tres ángeles y el anticristo……………………………………………………. 12

  1. Los seguidores de Satanás, de los demonios, de las bestias y de los falsos profetas……………. 13

Los gobernantes romanos y los dirigentes de Israel……………………………………………… 14

La semana de la pasión…………………………………………………………………………. .15

Los falsos cristianos y los infieles………………………………………………………………… 17

 

  1. EL ANTICRISTO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
  2. El dragón: La serpiente antigua………………………………………………………………… 18

El adversario de Job…………………………………………………………………………….  19

  1. Los agentes de Satanás: Los malos espíritus y los falsos profetas……………………………… 20

El Faraón y los magos………………………………………………………………………….  20

Los malos espíritus y los profetas………………………………………………………………  22

El espiritismo moderno…………………………………………………………………………. 23

Los falsos profetas………………………………………………………………………………  23

David frente a los engaños de Satanás…………………………………………………………. 25

Elías y los falsos profetas……………………………………………………………………….  26

  1. Las bestias de la tierra y el anticristo…………………………………………………………… 27

Los reyes de Tiro y Babilonia……………………………………………………………………27

Características del cuarto reino y el cuerno pequeño en Daniel siete………………………….   28

El cuerno pequeño en Daniel siete y ocho……………………………………………………… 30

El anticristo y el rey del norte……………………………………………………………………33

Actividades satánicas en el libro de Daniel………………………………………………………34

La destrucción del cuerno pequeño y del anticristo……………………………………………   36

 

CONCLUSION

  1. El concepto de anticristo y su identificación en las epístolas de Juan……………………………. 36
  2. El anticristo en el Nuevo Testamento: Su identificación, sus actos, sus agentes y sus seguidores…36
  3. El anticristo en el Antiguo Testamento……………………………………………………………37

Citas……………………………………………………………………………………………………  39

Bosquejo…………………………………………………………………………………………………40

Artículos Publicados

LA HEREJÍA COLOSENSE – PASTOR A. SERRANO CORTINAS

A través de la historia del cristianismo los comentaristas han tratado de comprender lo que quiso decir Pablo a los cristianos de Colosas con las palabras χειρόγραφον τοῖς δόγμασιν (jeirografon, dogmasin). Dado que la palabra griega “jeirografon”, es la única vez que aparece en toda la Biblia, ¿Cómo debemos plantear la investigación para llegar a comprender el significado de Col.2:14?
¿Qué quiso decir Pablo con la expresión “jeirografon tois dogmasin”?

LOS TESTIGOS DEL ETERNO – PASTOR A. SERRANO CORTINAS

 “Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios ni lo será después de mí. Yo, yo soy Jehová, y fuera de mí no hay quien salve. Yo  anuncié y salvé, hice oír y no hubo entre vosotros dios ajeno. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios” (Is.43:10-12).

EL SISTEMA DE DIEZMOS EN LA BIBLIA – PASTOR ANDRÉS SERRANO CORTINAS

Con el fin de comprender los principios del gobierno del Dios Todopoderoso debemos considerar algunos aspectos de sus requerimientos, que nos ayudarán a ver el gran amor de Dios, su sabiduría y lo que él nos pide para que exista en su reino misericordia, justicia, benevolencia, progreso, paz y felicidad: y  para que exista equilibrio en el reparto de las riquezas y en la administración de todos los recursos.

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